“Ustedes son la Iglesia”, Liahona, abril de 2025.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Ustedes son la Iglesia
Durante setenta días en una torre de vigilancia, mi esposo y yo tuvimos todo lo que necesitábamos para permanecer fieles al Salvador y a Su Evangelio.
Ilustración por Bradley Clark
En junio de 1963, mi esposo, Gary, y yo salimos del Templo de Cardston, Alberta, y comenzamos nuestro trayecto juntos como recién casados en el Evangelio de Jesucristo. Todas nuestras posesiones estaban en unas cuantas bolsas en el asiento posterior de nuestro pequeño automóvil mientras viajábamos a Clarkia, Idaho, EE. UU.
Gary iba a comenzar a trabajar como vigía de incendios forestales en la torre de vigilancia de Anthony Peak, en la reserva forestal St. Joe National Forest. A ocho kilómetros (cinco millas) por carretera y otros cinco kilómetros (tres millas) por sendero de montaña, nuestro primer hogar juntos fue una única habitación en una torre de vigilancia a nueve metros (treinta pies) de altura.
Antes de llegar a Clarkia, visitamos al presidente Larson, presidente de una pequeña rama de esa zona. Le explicamos que, durante los siguientes setenta días, viviríamos en una torre de vigilancia y no podríamos tomarnos ningún día libre para asistir a los servicios de adoración dominicales en su rama de St. Maries, Idaho.
Dadas nuestras circunstancias singulares, el presidente Larson compartió un consejo inspirado y útil: “Hermano y hermana Coleman, ustedes serán la Iglesia en su pequeño hogar en Anthony Peak. Tienen el sacerdocio, sus convenios, su testimonio, sus Escrituras y su fe para hacer todo lo necesario a fin de ser fieles en el Evangelio. Los autorizo a llevar a cabo una reunión sacramental cada domingo, en la que podrán participar de la Santa Cena y dar discursos sobre el Evangelio. Llevarán a cabo la reunión del sacerdocio, la reunión de la Sociedad de Socorro, la clase de la Escuela Dominical y la noche de hogar. ¡Ustedes son la Iglesia!”.
Al despedirnos del presidente Larson, nos sentimos bendecidos para comenzar nuestro viaje familiar en nuestro grupo de dos personas de la Iglesia autorizado en Anthony Peak. Orábamos todos los días, tanto individualmente como en pareja. Cada uno de nosotros tenía un ejemplar de las Escrituras y un manual de la Escuela Dominical. Gary enseñaría la reunión del sacerdocio y yo participaría en ella. Yo enseñaría en la reunión de la Sociedad de Socorro y él participaría. El domingo apropiado, llevaríamos a cabo la reunión de ayuno y testimonios.
Un amor especial por Nefi
En ese entorno, comenzamos a estudiar y a amar el sagrado Libro de Mormón, el cual había desempeñado un papel importante en la conversión de Gary en 1962. A medida que estudiábamos, cultivamos un amor especial por Nefi.
Cuando Nefi era joven, él y su familia dejaron su hogar en Jerusalén, tal como se le indicó por revelación a Lehi (véase 1 Nefi 2:2). En el desierto y más tarde en la tierra prometida de las Américas, estuvieron aislados de otras personas que creían en la venida del Salvador; pero la familia de Lehi tenía todo lo que necesitaba. Tenían fe, tenían las Escrituras en forma de planchas de bronce y tenían guía profética.
En esas circunstancias, Nefi buscó y obtuvo un testimonio personal del Salvador y procuró experiencias espirituales con Él (véase 1 Nefi 2:16). No tenía acceso a las sinagogas ni a los maestros eruditos de Jerusalén; sin embargo, Nefi creció en estatura espiritual y desarrolló una relación personal con la Deidad, como lo demuestra el hecho de que utilizó decenas de títulos diferentes para referirse al Salvador Jesucristo.
En el desierto, Nefi dice: “Y aconteció que el Señor me habló” (1 Nefi 2:19). Del mismo modo, el Padre Celestial nos habló a Gary y a mí en la cima de una colina en nuestro bosque desierto.
En cuanto a los elementos esenciales del Evangelio de Jesucristo, el presidente Russell M. Nelson dijo: “Un musulmán lo dijo de esta manera: ‘Cuando tu cristianismo sea lo suficientemente simple como para que pueda llevarlo conmigo a lomo de camello, estaré interesado’. La fe, el arrepentimiento, el bautismo, la investidura y la ordenanza del sellamiento son esenciales”.
Teníamos todo lo que necesitábamos.
Estoy agradecida por la guía del presidente de rama en Idaho y por el consejo de profetas antiguos y modernos. Ciertamente, como lo declaró el Señor en Mateo 18:20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Que nuestra fe en el Salvador, gozo en Su Evangelio y gratitud por el Libro de Mormón crezcan al congregarnos con otros Santos de los Últimos Días, sin importar cuántos seamos y donde sea que estemos.