“Edificar Sion en nuestros barrios y ramas: Puede comenzar conmigo”, Liahona, abril de 2025.
Edificar Sion en nuestros barrios y ramas: Puede comenzar conmigo
Tener un barrio o una rama semejante a Sion es una bendición maravillosa. A continuación se indican algunas formas prácticas para lograrlo.
¿Cómo sería si el Salvador asistiera a su barrio o rama en un día de reposo? ¿Se sentirían los miembros no solo cómodos, sino también gozosos de tenerlo a Él allí? ¿Qué atributos cristianos vería Él en los miembros?
El Señor mandó a los primeros miembros de la Iglesia que establecieran el lugar central de Sion en Misuri (véase Doctrina y Convenios 57:1–3). En nuestros días, edificamos Sion en nuestras estacas, barrios y ramas, y cada uno de nosotros es parte de esa obra.
¿Qué es Sion? “Y el Señor llamó Sion a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres entre ellos” (Moisés 7:18).
El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó cómo poner en práctica ese pasaje de las Escrituras para “establecer Sion en nuestros hogares, ramas, barrios y estacas […]. Será preciso: (1) que lleguemos a ser unidos en corazón y voluntad; (2) que individual y colectivamente lleguemos a ser un pueblo santo; y (3) que cuidemos de los pobres y los necesitados con tal eficacia que eliminemos la pobreza de entre nosotros. No podemos esperar hasta que venga Sion para que sucedan esas cosas; Sion vendrá solo cuando las hagamos”.
Al considerar nuestro servicio e interacciones con los demás en la Iglesia, podemos hacernos preguntas como las siguientes:
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¿Cómo trato a los visitantes?
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¿Busco crear unidad?
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¿Hago mi parte para invitar la influencia del Espíritu Santo?
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¿Soy fiel en cumplir con mis llamamientos y ministrar?
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¿Asumo el compromiso de asistir a las reuniones de la Iglesia y al templo?
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¿Sustento a los pobres y a los necesitados y los ayudo a progresar para lograr la independencia?
Aunque somos imperfectos, podemos marcar la diferencia en cada uno de esos esfuerzos.
Edificar la unidad
Un barrio o una rama de Sion se refleja en la forma en que los miembros tratan a los demás. El élder Christofferson enseñó que desarrollamos una mayor unidad al seguir el mandamiento del Salvador de “amarnos unos a otros no solo como nos amamos a nosotros mismos, sino como Él nos amó”. Podemos trabajar para fomentar una hermosa unidad en nuestras congregaciones. ¿Qué podemos hacer para llegar a ser “uno en corazón y voluntad”? (Moisés 7:18). Estas son algunas ideas:
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Una hermana se negó a decir algo negativo sobre cualquier persona de su barrio. Eso influyó en muchas otras, quienes comenzaron a actuar de la misma manera.
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Un hermano se dedicó a aprender los nombres de todos los miembros del barrio y a saludarlos tan a menudo como fuera posible.
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En un barrio, el obispado invita a las personas nuevas a venir al frente de la capilla después de la reunión sacramental para saludarlas y ponerlas en contacto con los líderes de cada organización.
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La presidencia de la Sociedad de Socorro de mi barrio invitó a las hermanas nuevas a presentarse durante seis semanas seguidas (esto sucedió antes de las reuniones de la Iglesia de dos horas, cuando teníamos la Sociedad de Socorro todos los domingos). Aunque nos reíamos cada vez que se repetía, aquello nos permitió conocer bien a las hermanas nuevas y conectarnos.
Llegar a ser un pueblo santo
El élder Christofferson explicó: “Gran parte de la obra de establecer Sion consiste en nuestros esfuerzos individuales por llegar a ser ‘los puros de corazón’ [Doctrina y Convenios 97:21]”.
¿Qué cosas específicas podemos hacer para ser un pueblo santo? Todo comienza con nuestros esfuerzos individuales por vivir de acuerdo con los convenios que hemos hecho con Dios.
Yo vivía en un barrio donde cierta mujer era como un faro de rectitud. Jessica (se ha cambiado el nombre) irradiaba amor y bondad cada semana en nuestras reuniones. Iba de persona en persona, saludándolas y amándolas, especialmente a quienes no estaban tan integradas con los demás en el barrio. Invitó a su casa a las personas que estaban solas, habló con las personas tímidas y caminó la segunda milla para difundir su devoción a Cristo y Su Evangelio. Eso repercutió para bien en todo el barrio.
Cada uno de nosotros también puede contribuir a la naturaleza espiritual de nuestras reuniones de la Iglesia al fomentar la comprensión de la doctrina y el compromiso para con el Evangelio.
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Podemos asistir preparados para recordar al Salvador al participar de la Santa Cena con un “corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:20), y enseñar a nuestra familia a hacerlo también.
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Podemos procurar la compañía constante y el poder santificador del Espíritu Santo al “descub[rir] el gozo del arrepentimiento diario”.
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Podemos tomar notas en las reuniones de la Iglesia y tratar de hacer comentarios inspirados que mejoren el aprendizaje de cada clase.
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Los maestros pueden hacer esfuerzos diligentes para preparar y aumentar el nivel de aprendizaje en sus clases. Los esfuerzos adicionales se manifiestan en los altos niveles de participación en la clase y en la naturaleza espiritual de estas.
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Podemos guardar los convenios que hicimos en el templo. Adorar en la Casa del Señor tan a menudo como nuestras circunstancias nos lo permitan nos ayudará a acercarnos más a Él, y también podemos invitar a otras personas a acompañarnos para apoyarlas a ellas en su asistencia al templo.
A medida que cada uno de nosotros se esfuerce por promover la fortaleza espiritual y la rectitud en su barrio o rama mediante esfuerzos humildes y constantes, toda la congregación será bendecida e inspirada para mayor espiritualidad y dedicación.
Cuidar de los pobres y los necesitados
El rey Benjamín enseñó muchas verdades que pueden ayudarnos a establecer Sion. Al enseñarnos a cuidar de los pobres y los necesitados, él dijo: “Vosotros mismos socorreréis a los que necesiten vuestro socorro; impartiréis de vuestros bienes al necesitado” (Mosíah 4:16).
Cada uno de nosotros puede ser parte de cuidar a otros y compartir. Tal vez nos preguntemos: ¿Qué puedo hacer para aliviar las necesidades en mi barrio o rama? ¿Cómo puedo utilizar mis recursos para ayudar a los pobres y a los necesitados?
Tal como se explica en el Manual General: “Los líderes a menudo pueden ayudar a las personas y familias a buscar soluciones para sus necesidades al echar mano del conocimiento, las habilidades y el servicio que ofrecen los miembros del barrio y de la estaca”.
Estos son algunos ejemplos inspiradores que he visto:
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Una hermana trabajó con miembros del barrio que tenían dificultades económicas y les enseñó a elaborar un presupuesto y a ceñirse a él.
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Un hermano ofreció empleo temporario en su empresa para ayudar a los miembros mientras buscaban empleo permanente.
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Una hermana colocaba a escondidas bolsas de comida en los porches de las familias de su barrio que tenían dificultades.
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Un hermano enseñó a otras personas a reparar automóviles para que pudieran aprender una nueva habilidad.
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Los miembros del barrio ofrecían servicios —tales como cortar el cabello, hacer la declaración de impuestos, cuidar de niños pequeños, preparar currículums— a los que el obispo podía recurrir para ayudar a los necesitados. Debido a que los miembros estaban dispuestos a servir, esto evitó que las familias tuvieran que gastar el dinero que tanto necesitaban en esos servicios.
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Un hermano ministrante organizó la limpieza del jardín de una familia que tenía a alguien con una enfermedad de larga duración.
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Una hermana ministrante organizó la limpieza de la casa de una madre que se sentía agobiada.
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Otra hermana recolectó donaciones de artículos de limpieza para las madres solteras de su barrio.
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Cuando mi esposo llevaba muchos meses desempleado, una joven mamá de nuestro barrio vino a nuestra puerta y nos ofreció algo de dinero para ayudarnos. ¡Me quedé atónita! Nunca olvidaré su generosidad.
Podemos trabajar juntos para promover la autosuficiencia y la independencia. A medida que cada uno de nosotros se esfuerce por cuidar de los necesitados y compartir con ellos, elevaremos el bienestar temporal y espiritual de nuestros barrios y ramas.
Un pueblo de Sion en el Libro de Mormón
El pueblo que se describe en 4 Nefi ilustra algunas de las condiciones que existirían si todo un pueblo procurara establecer Sion. Su ejemplo proporciona un modelo útil que podemos seguir. Después de la visita del Señor a los nefitas:
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“Se convirtió al Señor toda la gente” (versículo 2).
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“Tenían en común todas las cosas; por tanto, no había ricos ni pobres” (versículo 3).
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“No había contenciones en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo” (versículo 15).
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“No había […] lamanitas, ni ninguna especie de –itas, sino que eran uno, hijos de Cristo y herederos del reino de Dios” (versículo 17).
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“¡Y cuán bendecidos fueron!” (versículo 18).
En resumen, el Señor ha pedido a todos los miembros que ayuden a edificar Sion (véase Doctrina y Convenios 6:6), y quienes han recibido la investidura del templo han hecho convenio de hacerlo. Todos podemos trabajar juntos para que los miembros de nuestro barrio y rama sean uno en corazón y voluntad, sin pobres entre nosotros.
La autora vive en Utah, EE. UU.