Voces de los miembros
El poder de la ministración
Entendí que la ministración eficaz requiere contacto personal y constante.
Todo comenzó cuando recibí la asignación de ministrar a Melany, una joven que estaba alejada de la Iglesia. Supe que no era casualidad. Con un corazón lleno de amor y un deseo genuino de ayudar, me comprometí a dedicar tiempo y esfuerzo a esta importante tarea.
El primer paso fue conocer a Melany, entender sus necesidades y desafíos. Programé en mi calendario visitas regulares para escuchar sus preocupaciones y ofrecerle mi amistad incondicional. Estas visitas no eran por obligación, fueron momentos significativos donde Melany pudo sentir el amor y el apoyo que tanto necesitaba.
Entendí que la ministración eficaz requiere contacto personal y constante. El propósito de las visitas era estar presente en la vida de Melany de manera genuina y significativa, ya fuera a través de mensajes de texto, llamadas telefónicas o encuentros casuales, me aseguré de que Melany supiera que siempre estaba allí para ella.
También desempeñaron un papel crucial la presidencia de las Mujeres Jóvenes y la pareja ministrante, Saúl y Estefany. Juntos, formamos un equipo dedicado a ayudar a Melany para que se sintiera bienvenida y valorada en la comunidad. Este enfoque colaborativo demostró a Melany que no estaba sola y que muchos se preocupaban por su bienestar espiritual y emocional.
Con el tiempo, nuestros esfuerzos comenzaron a dar frutos. Melany sintió el amor del Señor por medio de nuestras acciones y de nuevo empezó a asistir a la Iglesia.
La experiencia con Melany culminó en un momento de alegría y esperanza cuando recibió su recomendación para ir al templo y participar en los bautismos. Este logro es un testimonio del poder de la ministración y de la importancia de tomar el tiempo para servir a los demás de manera personal y significativa.
La oportunidad de ministrar a Melany me recordó que cada acto de amor y servicio tiene un impacto duradero. Al hacer el tiempo para ministrar uno a uno, podemos ser las manos del Señor, llevando Su luz y Su amor a aquellos que más lo necesitan. Sigamos este ejemplo y busquemos siempre oportunidades para servir y fortalecer a nuestros hermanos y hermanas en la fe.