Voces de los miembros
Servir en una misión fue la mejor decisión en mi vida
Crecí rodeada de historias misionales, esas experiencias forjaron un gran testimonio en mi familia y me ayudaron a comprender lo que significaba amar a Dios. En el tiempo de la pandemia, sentí la necesidad de poder prestar servicio y ayudar a las jóvenes de mi comunidad, pero no tenía el tiempo ni los recursos necesarios para hacerlo como quería. Un día, mientras meditaba en eso, sentí la necesidad de servir en una misión.
Mi preparación para la misión fue muy complicada y se extendió por mucho más tiempo de lo que imaginaba. Llegó un punto en el que dudaba si realmente era lo que debía hacer. Quería servir, pero parecía que por cada paso que daba, pasaba algo que me hacía retroceder. Sin embargo, logré vencer mis obstáculos y me fui a la misión. El campo misional también presentó sus desafíos y el esfuerzo debía ser constante. No entendía: si mi deseo era justo, entonces, ¿por qué era tan difícil? A medida que pasaba el tiempo, comprendí las palabras de Lehi: “Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas” (2 Nefi 2:11). Pero vaya que disfruté cada prueba y cada bendición. Nada en mi vida me ha traído más felicidad que servir a mi Padre Celestial y a Sus Hijos.
Tener la oportunidad de vivirlo por mi propia cuenta y de ver tantos milagros cambió por completo mi perspectiva sobre el Evangelio y la Iglesia. Aprendí a confiar en mi Padre Celestial y a tener la mira puesta en Él y en Su gloria. Si realmente en algún momento tienen la duda de si servir una misión o no, háganlo sin pensar; servir nunca será una decisión equivocada.