“Convenios, poder y promesas”, Liahona, octubre de 2025.
Convenios, poder y promesas
El templo es fundamental para obtener el poder y la protección prometidos a los fieles antes de la Segunda Venida del Señor Jesucristo.
Ilustración de José Smith, por Dan Burr
En mayo de 1833, Asahel Perry, mi pentabuelo (antepasado de sexta generación), junto con algunos amigos viajaron desde el norte de Nueva York hasta Kirtland, Ohio. No eran miembros de la Iglesia recién restaurada, pero querían conocer al profeta José Smith. Llegaron justo a tiempo para asistir al primer consejo que se llevó a cabo para analizar la construcción del Templo de Kirtland.
Después de comenzar el consejo, el Profeta presentó el asunto de la construcción del templo. A continuación, pidió a los presentes que expresaran sus sentimientos relacionados con un proyecto de tal envergadura. La mayoría respondió que la Iglesia era demasiado pobre para emprender semejante tarea. Ellos propusieron la construcción de un edificio más pequeño y menos costoso.
Durante la conversación que siguió, el abuelo Perry y sus amigos se apiñaron, sacaron su dinero y lo contaron. ¿Tenían lo suficiente para pagar el viaje de regreso y contribuir a la construcción del templo? Unos minutos más tarde, mi abuelo se acercó a José Smith, sacó una moneda de oro de cinco dólares y se la presentó al Profeta. (¡Una moneda así en la actualidad valdría cientos de dólares!).
José se puso de pie ante el consejo y levantó la moneda. Luego, hablando con energía, dijo que “la obra había comenzado y la Casa [del Señor] sería edificada de acuerdo con el modelo presentado” por el Señor Jesucristo.
La familia Perry pronto se unió a la Iglesia en Kirtland, recibió las bendiciones del templo unos años más tarde en el Templo de Nauvoo y posteriormente cruzó las llanuras hasta Utah.
Cuando se dedicó el Templo de Kirtland en 1836, era demasiado pequeño para albergar a todos los Santos de los Últimos Días que querían asistir a su dedicación. A medida que la Iglesia crecía, también lo hacía la cantidad de santos que tenían que asistir a las reuniones al aire libre. El presidente James E. Faust (1920–2007), quien sirvió como mi presidente de estaca cuando yo era joven y como mentor cuando fui llamado como Autoridad General en 2007, hizo la siguiente observación con respecto al segundo templo de la Iglesia:
“Antes de que el Templo de Nauvoo se terminara, en 1846, los santos se reunían afuera, muchas veces cerca del templo, para oír hablar al profeta José y a los otros líderes de la Iglesia. A esas reuniones, a veces, asistían miles de personas”, en ocasiones incluso en condiciones climáticas adversas.
“Como observó [el élder] George A. Smith con su humor característico: ‘En los días del profeta José […] [la Iglesia] florecía mejor al aire libre’”.
Estamos agradecidos de que en nuestros días La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días esté floreciendo al aire libre, en interiores y en todo el mundo. Ese florecimiento incluye la construcción de templos a un ritmo sin precedentes “de acuerdo con el modelo presentado”, un modelo que siempre ha incluido bendiciones, consagración, fe y sacrificio.
A Glorious Light—Kirtland Temple [Una luz gloriosa — El Templo de Kirtland], por Glen S. Hopkinson, prohibida su reproducción
¿Por qué tantos templos?
“Nuestros predecesores profetizaron que habrá templos en Norteamérica, Sudamérica, las islas del Pacífico, Europa y por todas partes”, dijo el presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) hace varias décadas. “Si esta obra de redención se ha de llevar a cabo en la escala en que debe efectuarse, se necesitarán cientos de templos”.
El presidente Russell M. Nelson dijo que estamos construyendo templos a un ritmo sin precedentes hoy en día “porque el Señor nos ha mandado que lo hagamos. Las bendiciones del templo ayudan a recoger a Israel en ambos lados del velo. ¡Y esas bendiciones también ayudan a preparar a un pueblo que ayudará a preparar al mundo para la Segunda Venida del Señor!”.
En su oración dedicatoria del Templo de Kirtland, José Smith rogó: “Que todas las personas que pasen por el umbral de la casa del Señor sientan tu poder […].
“Te rogamos, Padre Santo, que tus siervos salgan de esta casa armados con tu poder, y que tu nombre esté sobre ellos, y los rodee tu gloria, y tus ángeles los guarden” (Doctrina y Convenios 109:13, 22; cursiva agregada; véase también el versículo 23).
Cuando leo esos versículos, pienso en la visión de Nefi de los últimos días. “Y aconteció que yo, Nefi, vi que el poder del Cordero de Dios descendió sobre los santos de la iglesia del Cordero y sobre el pueblo del convenio del Señor, que se hallaban dispersados sobre toda la superficie de la tierra; y tenían por armas su rectitud y el poder de Dios en gran gloria” (1 Nefi 14:14, cursiva agregada).
Creo que los templos de los últimos días desempeñan una función esencial en el cumplimiento de la profecía de Nefi y son fundamentales para la protección y el poder prometidos a los fieles antes de la Segunda Venida.
Hace varios años, mientras servía como obispo de un barrio universitario, me impresionó en particular una joven de mi barrio. Ella todavía me impresiona. Ustedes la conocen como la presidenta Emily Belle Freeman, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes. En un discurso de una conferencia general reciente, ella enseñó que, por medio del templo, Jesucristo nos conduce a un plano espiritual más elevado.
“Cada vez que cruzo el umbral de Su casa, siento una relación por convenio más profunda con Él”, dijo la presidenta Freeman. “Soy santificada con Su Espíritu, investida con Su poder y apartada para edificar Su reino”.
Poder prometido
El presidente Nelson ha hablado a menudo sobre el poder de Jesucristo que está disponible mediante los convenios del templo. “Llevar el yugo con el Salvador significa que tienen acceso a Su fortaleza y poder redentor”. El presidente Nelson también ha enseñado:
“Al guardar nuestros convenios del templo, obtenemos mayor acceso al poder fortalecedor del Señor. En el templo recibimos protección contra los embates del mundo”.
“Sus ordenanzas esenciales nos unen a Él mediante convenios sagrados del sacerdocio. Luego, al guardar nuestros convenios, Él nos inviste de Su poder sanador y fortalecedor. Y cuánto necesitaremos Su poder en los días venideros”.
“El poder moral y espiritual que necesita nuestro pueblo ahora mismo y para los días venideros es el poder de Dios el Padre y de Su Hijo, Jesucristo. Obtenemos acceso a Su poder al hacer convenios con Ellos y guardarlos”.
El poder celestial es importante, hermanos y hermanas, porque vivimos en un mundo sumamente inicuo. Sin ese poder, no podremos “soportar el día de su venida” ni “estar cuando él se manifieste” (Malaquías 3:2). No sabemos cuándo será ese día, pero Su mensajero ya ha sido enviado para “prepara[r] el camino” para Su venida (Malaquías 3:1). Mientras tanto, el mundo no está avanzando suavemente hacia ese día.
Necesitamos el poder prometido a los fieles para que nos ayude a:
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Dejar que Dios prevalezca en nuestra vida.
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Arrepentirnos y acercarnos más al Señor.
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Bendecir, consolar, dirigir y ministrar.
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“Soportar mejor nuestras pruebas, tentaciones y pesares” (véase Mosíah 3:19).
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Encontrar paz y gozo en Cristo al caminar por la senda de los convenios.
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Prepararse “para el día del fuego” y “las calamidades de los inicuos” (Doctrina y Convenios 109:46).
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Llevar a cabo la obra del Señor antes de Su Segunda Venida.
Fotografía de la cúpula del Templo de Tucson, Arizona, por James Whitney Young
Centinelas de salvación
La obra y la gloria del Padre Celestial es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Cada templo se erige como un centinela terrenal del plan de salvación de Dios y de este modo señala la función central del Salvador en esa obra y gloria.
Armados con Su poder, todo hombre y mujer —casados o no— que guarde fielmente los convenios del templo será bendecido en esta vida y en la vida venidera.
El presidente Russell M. Nelson ha prometido: “El fin por el que cada uno nos esforzamos es ser investidos con poder en una Casa del Señor, ser sellados como familias, ser fieles a los convenios hechos en el templo que nos hacen merecedores del don más grande de Dios, que es la vida eterna. Las ordenanzas del templo y los convenios que ustedes hagan allí son clave para fortalecer su vida, su matrimonio y su familia, y su habilidad para resistir los ataques del adversario. Su adoración en el templo y el servicio que presten allí por sus antepasados los bendecirá con mayor revelación personal y paz, y los fortalecerá en su compromiso de mantenerse en la senda de los convenios”.
Como Apóstol del Señor Jesucristo, testifico que estas cosas son verdaderas.