2025
Mi madre tenía razón
Liahona de octubre de 2025


“Mi madre tenía razón”, Liahona, octubre de 2025.

Voces de los Santos de los Últimos Días

Mi madre tenía razón

Seguir el consejo de mi madre de aferrarme a la barra de hierro ha bendecido mi hogar con la presencia del Espíritu Santo.

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Cuando yo tenía trece años, mi madre se enfermó gravemente. Le diagnosticaron un cáncer avanzado en su última etapa y le dieron seis meses de vida. Mi padre no quería que los hijos lo supiéramos, así que no me enteré de lo enferma que ella estaba hasta que solo le quedaba un mes de vida.

Yo no tenía la edad suficiente para entender lo que sucedía y dudé en visitarla en el hospital. Mi obispo me animó a llevarle la Santa Cena, pero yo no quería. Pensé que ella volvería a casa pronto. Sin embargo, mi obispo insistió porque sabía que no le quedaba mucho tiempo.

Cuando finalmente fui, mi obispo bendijo la Santa Cena y yo se la repartí a mi madre. Estaba tan enferma que no hablaba mucho, pero me dijo: “No sueltes la barra de hierro” (véase 1 Nefi 8:19–20, 24, 30).

Mi madre falleció poco después, pero recordé las palabras que me dijo al despedirse. El seguir su consejo ha bendecido mi vida.

Más tarde, me ofrecí a ayudar a dos miembros de una familia que vivían cerca y que estaban teniendo dificultades. Ellos aceptaron mi ayuda y pasaron a formar parte de mi familia.

Sin embargo, yo no tenía los medios económicos para mantenernos. Así que tuve que trabajar más que nunca para mantener a tres personas en lugar de a una. Eso fue un gran cambio de estilo de vida.

Para afrontar ese cambio, yo sabía que debía seguir las palabras de mi madre y aferrarme a la barra de hierro. Aferrarse a la barra de hierro incluye recordar al Salvador y estudiar la palabra de Dios. Necesitaba dar un buen ejemplo, comunicarme más con Dios y estudiar las Escrituras todos los días. Así que comenzamos a estudiar las Escrituras juntos y pronto el Espíritu llegó a abundar en nuestro hogar.

He tenido los momentos más satisfactorios y maravillosos de mi vida por haberme aferrado a la barra de hierro. También he aprendido que “al caminar agarrados a la barra de hierro, caminarán de la mano de Jesucristo. Él los estará guiando y Él estará enseñándoles”.