“Nuestro corazón en Sus manos”, Liahona, octubre de 2025.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Nuestro corazón en Sus manos
Al ser nuestro Salvador, Jesucristo toma nuestro corazón en Sus manos y lo sana.
Mi fe en Jesucristo es el cimiento de mi vida y el amor del Padre Celestial es la esencia de mi vida. Me siento en unidad con Ellos. Al hacer convenios en el templo y guardarlos, siento Su poder en mi vida.
En la Casa del Señor, me siento cerca de Él. Siento la fortaleza y el poder de Su sacerdocio. Siento como si Él me extendiera Su mano y me invitara a tomarla.
Mi trayecto por la vida ha incluido estudios de medicina, durante los cuales se me hizo evidente la conexión entre la medicina y la fe. En una ocasión, mientras me capacitaba en cirugía cardíaca, participé en una operación de corazón. A un paciente se le iba a realizar una derivación arterial coronaria. Los pasos preparatorios incluían su conexión a una máquina de circulación cardiopulmonar para garantizar el suministro vital de sangre y oxígeno al sistema circulatorio del cuerpo.
El cirujano detuvo temporalmente el corazón usando una solución líquida especial para poder realizar el procedimiento sin que el corazón se moviera. Observé con atención las manos del cirujano en el pecho y vi que levantaba ligeramente el corazón frente a él. En ese momento me miró e hizo un sutil movimiento de cabeza. Me pidió que sujetara cuidadosamente el corazón con la mano derecha a fin de estabilizarlo para realizar el procedimiento de derivación.
Cuando sostuve el corazón del paciente en la mano, inmediatamente sentí una enorme responsabilidad, además de una profunda sensación de asombro. Me vinieron a la mente las siguientes palabras de Doctrina y Convenios 101:16: “Quedaos tranquilos y sabed que yo soy Dios” (véase también Salmo 46:10).
Relaciono esta imagen de un corazón sereno con la comprensión espiritual de que Jesucristo, como nuestro Salvador, toma nuestro corazón en Sus manos y lo sana.
He aprendido la verdad de las palabras del presidente Russell M. Nelson pronunciadas durante una conferencia general reciente: “Lo mejor está por llegar conforme volvamos por completo nuestro corazón y nuestra vida a Jesucristo”.