2025
Sanación en el templo
Liahona de octubre de 2025


“Sanación en el templo”, Liahona, octubre de 2025.

Perspectivas históricas sobre la Casa del Señor

Sanación en el templo

Las oraciones por los enfermos y afligidos han sido una parte importante de la adoración en el templo desde la época de José Smith hasta el presente.

Templo de Nauvoo, Illinois

Fotografía del Templo de Nauvoo, Illinois, por Bruce C Cornwell

Jennetta Richards había cruzado el océano Atlántico y la mitad del continente norteamericano para unirse a los santos en Nauvoo, Illinois. Durante años, también había sufrido de “debilidad general”, una enfermedad crónica no diagnosticada. En el invierno de 1844, aún faltaba mucho para terminar el Templo de Nauvoo, pero el profeta José Smith había reunido a un grupo de hombres y mujeres para efectuar las ceremonias sagradas del templo en lugares como la tienda de ladrillos rojos. Como parte de esas ceremonias del templo se incluía una oración en conjunto en la que los participantes unían su fe en beneficio de sí mismos y de otras personas. Los santos que asistían a estas reuniones del templo eran reservados y reverentes al escribir en sus diarios sobre las ceremonias sagradas del templo en las que participaban, pero con regularidad mencionaban a las personas por las que oraban, quienes a menudo eran niños que estaban gravemente enfermos. El 10 de febrero de 1844, Jennetta estaba sufriendo mucho. Por la noche, José llevó a cabo una reunión de oración para miembros investidos y quienes asistieron “oraron por la hermana Richards y por otras personas”.

Las oraciones por los enfermos y afligidos han sido una parte importante de la adoración en el templo desde la época de José Smith hasta el presente. En el templo, los miembros de la Iglesia se unen y se acercan a Dios como comunidad, ejerciendo la fe en favor los unos de los otros.

Sanación en la casa de Dios

La conexión entre la adoración en el templo y la sanación tiene sus raíces en las Escrituras. Según Mateo, cuando el Salvador visitó el templo de Jerusalén, hizo referencia al profeta Isaías y explicó lo siguiente: “Mi casa, casa de oración será llamada”. Luego, leemos que “en el templo vinieron a él ciegos y cojos, y los sanó” (Mateo 21:13–14; véase también Isaías 56:7). En la Restauración, este modelo de encontrar sanación en el templo sigue la exhortación del Nuevo Testamento de que debemos “ora[r] los unos por los otros, para que se[amos] sanados” (Santiago 5:16).

En la época de los pioneros, muchas personas enviaban cartas y telegramas a los templos pidiendo que se las recordara en las oraciones del templo. Algunos viajaban largas distancias para encontrar sanación en los templos, donde las personas podían ser bautizadas en la pila bautismal del templo para ser sanadas o recibir una bendición de sanación de otros santos que habían sido llamados a bendecir a los enfermos allí. Sin embargo, a medida que más cantidad de Santos de los Últimos Días comenzaron a efectuar la obra del templo por sus antepasados, los líderes de la Iglesia pusieron fin a la práctica de la asistencia al templo por parte de los santos para recibir bendiciones de salud. Las bendiciones del sacerdocio podían efectuarse dondequiera que se encontrara una persona afligida, pero las ordenanzas del templo debían realizarse en la Casa del Señor.

Incluso con este cambio, los templos siguen siendo lugares de sanación. Actualmente los miembros de la Iglesia pueden enviar nombres de personas para que se incluyan en las oraciones del templo. Se pueden enviar nombres en persona en el templo, a través de internet o en la aplicación móvil Herramientas para miembros.

Sanación física y espiritual

El ministerio de Jesucristo tanto en el Nuevo Testamento como en el Libro de Mormón es notable por Su esfuerzo por sanar a los enfermos y afligidos. El Libro de Mormón también explica que esa sanación se extiende a toda la humanidad. El Salvador sufrió, murió y se levantó de entre los muertos para que “según la carne s[upiera] cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos” (Alma 7:12). Jesucristo invitó a todos a “arrepentir[se] de [sus] pecados, y […] convertir[se] para que yo [l]os sane” (3 Nefi 9:13). Esta sanación puede ser física, pero también tenemos traumas espirituales y emocionales que pueden ser sanados en Cristo.

Por ejemplo, durante un período de crisis al comienzo de la Restauración, Jesucristo le recordó al Cuórum de los Doce Apóstoles su gran comisión y luego declaró que tendrían tentaciones y tribulaciones. Explicó que “si no se obstina su corazón ni se endurece su cerviz en contra de mí, serán convertidos y yo los sanaré” (Doctrina y Convenios 112:13), dando a entender que el Salvador sanaría sus aflicciones espirituales.

En la actualidad, cuando los miembros de la Iglesia hacen y guardan convenios sagrados, esperan con anhelo ser “santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos” (Doctrina y Convenios 84:33; véase también 89:18). Sin embargo, también reconocen que las dolencias físicas no son el único tipo de aflicción que necesita sanación. Los Santos de los Últimos Días experimentan todo tipo de adversidades humanas y en los templos encuentran la sanación para sus corazones rotos, sus relaciones rotas e incluso sus expectativas rotas. Todos son bienvenidos a escuchar el llamado de Jesucristo: “Vengan a mí con íntegro propósito de corazón, y yo los san[aré]” (3 Nefi 18:32).

Un cimiento para la adoración en el templo

Se han documentado sanaciones milagrosas en la vida de muchos Santos de los Últimos Días. Por ejemplo, Vilate Kimball mejoró de inmediato después recibir una bendición de salud y de que un grupo orara por ella en Templo de Nauvoo. Sin embargo, no toda oración produce en una intercesión milagrosa. Cuando el Señor intercede y nos bendice, la sanación puede durar tan solo meses o años. A fin de cuentas, nuestra vida terrenal termina en la muerte, pero tenemos la esperanza de que “cuando el Señor venga, y las cosas viejas dejen de ser, y todas las cosas se tornen nuevas”, nos “levantar[emos] de los muertos y no morir[emos] después, y recibir[emos] una herencia ante el Señor en la ciudad santa” (Doctrina y Convenios 63:49).

Jennetta Richards falleció un año y medio después de que se orara por ella en la reunión del templo de 1844. A pesar de su fe, de la fe unida de su familia y de la comunidad del templo, poco después de las diez de la mañana del 9 de julio de 1845, Jennetta dejó de respirar. Las Escrituras explican que, aun cuando haya fe para ser sanado, habrá sanación solo si la persona “no estuviere señalad[a] para morir” (Doctrina y Convenios 42:48). Al igual que José Smith, quien fue asesinado en el verano de 1844, Jennetta no llegó a ver el templo terminado. Sin embargo, ayudó a poner los cimientos de la adoración en el templo durante la Restauración, y parte de ese cimiento fue su ejemplo de buscar la sanación del Señor a través de una oración que ofrecieron otras personas, una oración que se ofreció de la misma manera que en los templos de la actualidad.