2025
La caridad y la ministración como un símbolo de amor
Liahona de octubre de 2025


Voces de los miembros

La caridad y la ministración como un símbolo de amor

Desde hace muchos años, como miembros de la Iglesia, se nos ha reiterado el servicio y amor hacia nuestra familia, nuestros hermanos de la Iglesia y vecinos. El llamado de nuestras líderes de la Sociedad de Socorro siempre ha sido “la caridad nunca deja de ser”.

Durante el tiempo que fui partícipe de otra religión, tenía la idea de que ser caritativo se relacionaba con lástima o con pena, ayudar a alguien dando limosna. Pero a través de las enseñanzas del Evangelio de Jesucristo aprendí que la caridad es el amor puro de Jesucristo. Y sé que es por ese sentimiento que nuestros esfuerzos por ayudar a otros deben estar completamente enfocados en el amor.

Al conocer la Iglesia recuerdo tres oportunidades en las que pude sentir el espíritu de servicio de mis hermanas de la Sociedad de Socorro. La primera vez fue con mi primera presidenta, a quien conocí ya como miembro bautizada. Era Amanda de Laparra, junto con su secretaria, la hermana Silvia Dubón, quienes me visitaban en el pequeño cuarto que era toda mi vivienda. Me compartieron un mensaje, se preocuparon por mí y la presidenta me dio un pequeño trabajo que consistía en pegar manzanitas en los vestidos para niña que ella elaboraba, dándome así la oportunidad de recibir un pago. Luego me extendieron mi primer llamamiento en la Sociedad de Socorro como Maestra de Educación Maternal y aunque no lo hice bien en la primera clase que di, mis hermanas del barrio me alentaron y me hicieron sentir bien.

La segunda vez, fue años después cuando ya había dado a luz a mi quinta bebé, me sentía muy mal y estaba tratando de amamantar a mi hija, alguien tocó a la puerta y era la hermana Dalila Marini, quien al ver mi estado y con un apartamento desordenado y la cocina con platos sucios no dudó ni un minuto en ayudarme. Ella dejó todo limpio antes de irse. Siempre agradecí su servicio.

Y la tercera vez fue cuando estaba esperando a mi séptima bebé. Me habían hecho mi examen de control y la ginecóloga no encontró los latidos del corazón de mi bebé. Por lo tanto, programó un ultrasonido para el día siguiente. Le conté a mi presidenta de la Sociedad de Socorro, Elida de Mejía, quien era una mujer admirable y muy trabajadora. No solo era mi presidenta sino también mi amiga. Al siguiente día fui a la clínica donde me harían el ultrasonido y no habían pasado ni diez minutos de espera, cuando allí estaba mi querida presidenta a mi lado. Pude sentir su amor hacia mí y su deseo de servir.

Siempre he podido sentir los ejemplos de mis líderes en mi vida. Sé que como dijo el rey Benjamín en Mosíah 2:17: “Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, solo estáis al servicio de vuestro Dios”.