Voces de los miembros
La función divina de la mujer en el hogar y la familia
Un proverbio africano enseña: “Si las mujeres bajan los brazos, el cielo se cae”. Esa sabiduría ilustra de manera hermosa la función vital que desempeñan las mujeres en el plan de Dios. A las mujeres se les confían responsabilidades sagradas y su influencia en el hogar, la familia y la sociedad es extraordinaria.
A lo largo de la historia, el Padre Celestial ha depositado una confianza considerable en las mujeres. Desde Eva, que valientemente entró en la vida terrenal, hasta María, que humildemente aceptó su sagrado llamamiento como madre de Cristo, las mujeres han desempeñado funciones importantes en el plan de Salvación.
El élder John A. Widtsoe, un apóstol de la Iglesia, dijo en una ocasión: “El lugar de la mujer en la Iglesia es caminar al lado del hombre, no delante de él ni detrás de él”. Las mujeres no están detrás de la cortina, ni son personajes secundarios. Están en el mismo nivel de importancia que los hombres a los ojos de nuestro Creador, cada uno con diferentes funciones y asignaciones.
El presidente Spencer W. Kimball explicó: “Ser una mujer justa durante estas […] finales etapas de la tierra, antes de la Segunda Venida de nuestro Salvador, es un llamamiento especialmente noble. La fuerza e influencia de una mujer justa hoy puede ser diez veces superior a lo que sería en tiempos más tranquilos”.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Sería imposible medir la influencia que […]las mujeres tienen, no solo en la familia, sino también en la Iglesia del Señor, como esposas, madres y abuelas; como hermanas y tías; como maestros y líderes; y especialmente como ejemplos y devotos defensores de la fe”.
Para lograr esa influencia divina, a las mujeres se les dan responsabilidades sagradas. Centrémonos en tres aspectos específicos de su función:
1. La crianza de los hijos
La proclamación sobre la familia establece que la madre es principalmente responsable del cuidado de sus hijos. Este deber sagrado abarca mucho más que el cuidado físico; implica enseñarles a crecer en sabiduría, estatura y gracia ante Dios (véase Lucas 2:52). Las madres inculcan valores, nutren la integridad y plantan las semillas de una fe inquebrantable. Se les llama a enseñar la autosuficiencia e inculcar en sus hijos que todas las cosas deben hacerse con diligencia, prudencia y orden (véase Mosíah 4:27).
Como se nos recuerda en el Salmo 127:3: los hijos son herencia de Jehová y los padres son responsables ante Él por su cuidado. Los padres no pueden delegar esta sagrada comisión en otras personas. Los padres y las madres no pueden esperar ni permitir que las escuelas, los líderes de la Iglesia, los youtubers o los ejércitos hagan nuestro trabajo por nosotros. La sabiduría y el buen juicio de los padres bendicen a la familia.
2. Testificar de Cristo
El Libro de Mormón nos invita a “habla[r] de Cristo, regocija[rnos] en Cristo, predica[r] de Cristo” para que nuestros hijos sepan a dónde acudir en busca de esperanza (2 Nefi 25:26). Las madres que testifican constantemente de Cristo plantan semillas de fe en sus hijos que pueden crecer hasta convertirse en poderosos testimonios. Los jóvenes guerreros de Helamán atribuyeron la fe a sus madres al declarar: “No dudamos que nuestras madres lo sabían” (Alma 56:48). El testimonio y el ejemplo de una madre tienen el poder de moldear la fortaleza espiritual de la próxima generación.
El élder Neil L. Andersen nos invita a compartir Su luz con valentía. “A medida que el mundo hable menos de Jesucristo, hablemos nosotros más de Él”.
3. Vivir como ejemplos de fe
Las acciones a menudo hablan más que las palabras. La forma en que las mujeres viven su fe es más poderosa que cualquier cosa que puedan decir. El presidente Kimball previó que el progreso de la Iglesia en los últimos días dependería del ejemplo de mujeres justas. En esa declaración profética, el presidente Russell M. Nelson dijo: “Mis queridas hermanas […] ¡Ustedes son las mujeres que él predijo! ¡Su virtud, luz, amor, conocimiento, valor, carácter, fe y rectitud atraerán a las buenas mujeres del mundo, junto con las familias de ellas, a la Iglesia en cantidades sin precedente! ”.
Para cumplir con estas responsabilidades sagradas, las mujeres deben anclarse en el Evangelio. Dejen que las Escrituras sean su guía, el templo su refugio y la oración su brújula, procurando la guía del Señor cada día para saber dónde las necesita.
Las mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son vitales para la edificación del Reino de Dios. Su influencia tiene el poder de cambiar no solo vidas, sino también el mundo. El presidente Nelson nos recuerda: “Hermanas, por favor, nunca subestimen el extraordinario poder que hay en ustedes de influir en los demás para bien”.