2025
Una puerta más
Agosto de 2025


Voces de los miembros

Una puerta más

El sol de Aruba caía implacablemente y su calor se reflejaba en las carreteras asfaltadas. Empapados en sudor y con el ánimo debilitado, mi compañero y yo habíamos pasado horas caminando bajo el implacable sol. Ese día, después de haber sido rechazados muchas veces, nuestros sonrientes rostros, que alguna vez fueron optimistas, se habían marchitado. El desaliento carcomía nuestra determinación.

“Tal vez deberíamos dar por terminado el día”, sugerí con la voz entrecortada por el agotamiento. “Aquí nadie quiere nuestro mensaje del Evangelio”.

Mi compañero asintió con la cabeza y, con los hombros caídos, dijo: “Vámonos de aquí”.

Montamos en nuestras bicicletas y la brisa fresca fue un bienvenido respiro del calor agobiante. Mientras pedaleábamos hacia la salida del vecindario, una sensación de derrota flotaba pesadamente en el aire. Justo cuando estábamos a punto de partir, nos sobrevino una impresión.

De repente nos detuvimos, señalando una pequeña casa. “Intentemos una vez más. Allí”.

Nos miramos casi en broma mientras nos acercábamos a la puerta, con el corazón lleno de expectación. Una mujer mayor con una sonrisa cálida y ojos amables nos saludó.

Al principio, la conversación parecía seguir el patrón familiar de cortés desinterés. Pero a medida que profundizábamos en el mensaje del Evangelio restaurado, se produjo un cambio en el comportamiento de la mujer. Sus ojos se iluminaron con entendimiento y sus preguntas revelaron un corazón que el Señor había preparado.

Salimos de su casa ese día con un renovado sentido de propósito. El Señor nos había guiado hasta ella y habíamos sido instrumentos en Sus manos. Durante los dos meses siguientes, continuamos enseñando y nutriendo su fe, siendo testigos de la mano del Señor de las maneras más extraordinarias. Cuando le presentamos a los miembros de la rama, descubrimos una increíble coincidencia: uno de los primeros miembros que conoció resultó ser un amigo cercano de su pasado. No se habían visto en más de una década y su reencuentro fue un testimonio del tierno cuidado y la guía del Señor para unir a Sus hijos.

El 1 de junio de 2024, Loes fue bautizada miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Fue un día que nunca olvidaré. Su compromiso inquebrantable con el Evangelio y sus planes de asistir al templo nos llenaron el corazón de gratitud.

Aquel caluroso día en Aruba me enseñó una profunda lección sobre la fe y la obediencia. Aun cuando el camino parezca sombrío y nuestros esfuerzos parezcan infructuosos, el Señor siempre está obrando Sus milagros. Él guía nuestros pasos, abre puertas y prepara corazones. Nuestra función es confiar en Él, seguir Sus impresiones y nunca darnos por vencidos.