2025
Dios es tu Padre Celestial, quien te conoce y te ama
Agosto de 2025


Artículo de los líderes del Área Caribe

Dios es tu Padre Celestial, quien te conoce y te ama

Jesús dijo: “Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen” (Juan 10:14). Nuestro Salvador y Redentor nos conoce, nos ama y quiere mostrarnos el camino de regreso a nuestro Padre Celestial.

Las Escrituras testifican que nuestro Padre Celestial siente un amor infinito por cada uno de nosotros. En Juan 3:16 leemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”.

En la primavera de 1820, cuando José Smith tenía catorce años, se sintió muy preocupado por la confusión y los desacuerdos sobre la religión en su comunidad. Decidió orar al respecto, fue a un lugar tranquilo cerca de su hogar y se arrodilló en oración para hablar con su Padre Celestial. Lo que sucedió durante este evento manifestó el gran amor de Dios por nosotros. El Padre Celestial y Jesucristo se le aparecieron. Dios entonces le dijo a José que lo conocía por su nombre y le pidió que escuchara a Su Hijo.

Nuestro Padre Celestial sabe quiénes somos y dónde estamos, y continuamente nos enseña a hacer lo correcto. Debido a que vivimos en un mundo ruidoso, es fácil distraernos y confundirnos. Nuestro Padre Celestial nos ha dado profetas que nos han guiado a lo largo de los tiempos. Hoy, nuestro profeta Russell M. Nelson nos está ayudando a prepararnos para la Segunda Venida de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Nos insta a hacer de nuestro discipulado nuestra máxima prioridad.

Él promete que cualquiera que busque sinceramente a Jesucristo lo encontrará en el templo. El templo es una casa de santidad, donde dejamos atrás las distracciones y cargas del mundo para centrarnos en el amor y la misericordia de Cristo. Sentiremos su misericordia, encontraremos respuestas a nuestras preguntas más difíciles y comprenderemos mejor el gozo de Su Evangelio. Testifico del amor del Padre y de la seguridad de Sus promesas.

A través de mi experiencia en el servicio a la Iglesia, he presenciado grandes milagros y atesorado recuerdos que me han ayudado a reconocer el amor y la guía del Padre. Hace algunos años, cuando era un joven obispo, recuerdo que planeaba visitar a algunos miembros de mi barrio con la presidencia de estaca. En esa ocasión en particular, tuve una fuerte impresión de visitar el hogar de un joven a quien aún no conocía. Yo acababa de ser llamado como obispo y su familia no había estado asistiendo anteriormente. Cuando llegamos a la casa de la familia, la madre se llenó de alegría al vernos. Era una familia de dos buenos padres, dos hijas y un hijo que era un futuro poseedor del Sacerdocio Aarónico. Nos presentamos y le dijimos que su hijo era miembro del cuórum sobre el cual yo presidía. Después de esa visita, la familia comenzó a asistir a la iglesia y a seguir la senda de los convenios. Como familia, hicieron convenios en el templo, los tres hijos sirvieron misiones de tiempo completo y continuaron esforzándose por vivir el Evangelio. Sé que el Padre Celestial los conocía, los amaba y se preocupaba tanto por ellos que inspiró a un joven e inexperto obispo a encontrarlos e invitarlos de regreso al redil.

En Romanos 8:35–39 leemos:

“¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

“Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos considerados como ovejas de matadero.

“Antes bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

“Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

“ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”.

Durante las pruebas y desafíos, recordemos siempre el inmenso amor de nuestro Padre Celestial. Guardémonos del orgullo que puede infiltrarse cuando alcanzamos el éxito temporal y hacernos sentir superiores a los demás. En cambio, permanezcamos humildes y firmes en la oración, el estudio de las Escrituras y la renovación de nuestros convenios cada domingo al participar de la Santa Cena.

También debemos esforzarnos por asistir al templo, ministrar y servir a los demás con amor. Podemos recibir guía divina al escuchar al Señor a través de Sus siervos escogidos: la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles, quienes son faros de luz en nuestras vidas.

Jesucristo vive y nos ama. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es Su Iglesia. El Libro de Mormón nos acerca a nuestro Padre Celestial. Si escuchamos la voz del Señor que viene a través de nuestro amado profeta, seremos grandemente bendecidos. Testifico de estas cosas y las comparto en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.