Voces de los miembros
Pablo va a venir
Recuerdo el tiempo de mi misión con gran alegría, un período de objetivos muy claros, donde trabajábamos con mi compañero con todas nuestras fuerzas para llevar el Evangelio restaurado a todas las personas. Visitábamos a nuestros amigos y los miembros de la Iglesia nos acompañaban constantemente.
El sábado 4 de marzo del 2023 fue un día muy especial. Con mi compañero salíamos felices del bautismo de uno de nuestros amigos. Por cuestiones administrativas, nos encontrábamos justo al límite del horario para regresar a casa. Mientras revisaba algo en mi bolso, levanté la vista y vi a mi audaz compañero sosteniendo una tarjeta de bautismo y explicándole a un hombre, el significado de ese acto. El joven estaba arrodillado y orando, suplicándole a Dios por esperanza en su vida.
Su nombre era Pablo, había nacido en Hornopirén, al sur de Chile, en un difícil contexto familiar. De muy joven decidió irse de su casa, anduvo por distintas ciudades hasta llegar finalmente a Antofagasta. Le enseñamos con entusiasmo sobre Cristo y lo invitamos a asistir el domingo a la iglesia. Aceptó amablemente, pero había un problema, no tenía reloj ni celular para calcular el horario y llegar a tiempo a las reuniones del día siguiente por lo que le dimos un reloj con la esperanza de volver a verlo al otro día en la capilla.
El domingo, al despertar oramos por cada uno de nuestros amigos que tenían mayor disposición a ser bautizados, mencionando sus nombres y pidiéndole ayuda al Señor para que pudieran asistir a la capilla. Estábamos llenos de fe, ayunando y dando nuestro mejor esfuerzo. De camino a la capilla escuché a mi compañero decir con convicción, “Pablo va a venir hoy”, repetí sin dudar sus palabras, “Pablo va a venir hoy”.
Finalmente llegó el momento tan esperado, vimos llegar a Pablo a la capilla, fuimos por él hasta la entrada y sentimos algo muy especial. Oramos juntos y durante la clase le pidieron leer un versículo de las Escrituras, lo leyó con una voz poderosa, como un trueno. Al terminar la reunión, fijamos una lección para las siete de la tarde. Aunque no estábamos seguros de que asistiría, ya que no teníamos manera de contactarlo, confiamos en Dios y lo dejamos en Sus manos.
Lo habíamos conocido el día anterior, sin embargo, sentíamos que Pablo podría ser nuestro amigo y que sería bautizado a la siguiente semana. Tuvimos dudas, claro, parecía muy rápido. Oramos mucho y decidimos dar todo de nosotros para prepararlo y, si era la voluntad de nuestro Padre Celestial, sucedería. Esa tarde, Pablo llegó a la lección. Conoció a varios miembros y le hablamos del bautismo. Nos dijo que aún no estaba listo, lo cual comprendimos sin desanimarnos. Le entregamos un Libro de Mormón y lo invitamos a leerlo.
El martes, durante una lección con el obispo, Pablo nos dijo que se sentía listo para ser bautizado. Descubrimos que había leído mucho más allá de la introducción del Libro de Mormón. Nos llenamos de gozo al escuchar su testimonio y el pasaje de Escritura que más le había impactado, 1 Nefi 3:7. Con gran emoción, nos explicó la historia de Lehi y su familia, la relación de Nefi con sus hermanos, y la importancia de ese versículo: “Iré y haré”.
Le enseñamos el resto de los mandamientos y aunque no le fue fácil, se esforzó por cumplirlos dejando atrás las adicciones. Al hacerlo, experimentó un cambio positivo en su vida. Tenía más energía, se levantaba temprano, trabajaba más y ganaba más dinero. Lo más sorprendente fue que, en la siguiente lección, incluso antes de que le pidiéramos, Pablo compartió espontáneamente su testimonio. Podía sentirse muy fuerte el Espíritu en sus sinceras palabras, estaba lleno de esperanza para el futuro.
Pablo continuó su progreso en la senda de los convenios y decidió prepararse para compartir el Evangelio con las demás personas, ya que se sentía en deuda con el Señor. Pablo recibió sus papeles para la misión y fue llamado a servir en la Misión Comodoro Rivadavia, Argentina.
Tal Como afirma el élder W. Craig Zwick de los setenta: “En los ojos y en los corazones de muchas personas del mundo actual hay indicios de duda, de miedo y desesperanza. Gran parte de la inseguridad del mundo se ha filtrado a nuestros hogares y a nuestras vidas personales. Sin importar la edad que tengamos o las circunstancias en las que estemos, todos tenemos la necesidad de saber que tenemos poder en el presente y esperanza en el futuro”.