2025
Pascua de Resurrección
Abril de 2025


Mensaje de la Presidencia de Área

Pascua de Resurrección

Durante una noche de verano en los despejados cielos del norte de Chile, en un lugar aislado de las luces de la ciudad, como familia hemos podido tender una manta o cobija en el suelo con el propósito de solo observar y asombrarnos con la gran cantidad de cuerpos celestes, brillantes, danzantes que maravillan nuestro entendimiento.

De vez en cuando, los científicos ponen números o implementan analogías para ayudarnos a comprender mejor la vastedad del firmamento. Hace décadas, el famoso astrofísico y divulgador Carl Sagan hizo la siguiente afirmación: “Existen más estrellas en el universo que granos de arena en todas las playas del mundo”.

Para la ciencia, encontrar la respuesta a este enigma supone todo un desafío. Pese a todo, algunos expertos se han puesto manos a la obra y dedos a la calculadora para corroborar esta afirmación. Los estudios parecen estar de acuerdo con Carl Sagan. Una curiosidad científica que demuestra, una vez más, la infinidad del universo y cómo nuestra perspectiva es solo una pequeña fracción.

Dentro de la maravilla de Su vasta creación, surge la pregunta que inspiró al salmista: “Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? (Salmo 8:3–4).

El élder Brian K. Taylor, de los Setenta, compartió lo siguiente en la Conferencia General de abril de 2018: “Moisés supo de su legado divino cuando habló cara a cara con el Señor. Después de esa experiencia, ‘Satanás vino para tentarlo’ con la intención sutil, pero vil, de distorsionar la identidad de Moisés ‘diciendo: Moisés, hijo de hombre, adórame. Y […] Moisés miró a Satanás, y le dijo: ¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios’ (Moisés 1:12–13)”.

Con la misma claridad y certeza debemos manifestar esta realidad proclamada por los profetas vivientes: “Cada [ser humano] es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”.

Y dentro de la infinidad de creaciones de nuestro Dios, se destaca un hecho que para nosotros es trascendental: Él nos conoce por nuestro nombre, nos llama y podemos reconocer Su voz (véase Juan 10:3–4).

“El llegar a saber estas verdades ‘con certeza’ nos ayuda a sobrellevar las tribulaciones, dificultades y aflicciones de todo tipo. Cuando se le preguntó: ‘¿Cómo podemos ayudar a quienes están luchando con [un desafío personal]?’, un Apóstol del Señor instruyó: ‘Enséñenles su identidad y su propósito’”.

Como parte del plan de felicidad preparado para nosotros por un Padre amoroso, fue señalado: “Es menester que haya un poder de resurrección, y la resurrección debe venir al hombre por motivo de la caída; y la caída vino a causa de la transgresión; y por haber caído el hombre, fue desterrado de la presencia del Señor” (2 Nefi 9:6).

“Jesús es mi luz; Él es mi poder, y con Su amor podré yo vencer. Mis faltas, con gracia Él puede borrar; andando por fe fuerzas he de cobrar”. Él es “el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6).

Al celebrar esta Pascua de Resurrección, agrego mi testimonio al de profetas llamados por Dios para nuestra guía y provecho. Comparto las palabras mencionadas en el mensaje de Pascua de la Primera Presidencia: “En esta época de Pascua de Resurrección, los invitamos a meditar en el sacrificio expiatorio y en la gloriosa Resurrección del Salvador, que nos bendicen a todos.

“Por medio de nuestro Redentor, Jesucristo, recibimos este mensaje de esperanza: ‘En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo’ (Juan 16:33). El Salvador promete que, a medida que guardemos Sus mandamientos y ordenanzas, tendremos ‘paz en este mundo, y la vida eterna en el mundo venidero’ (Doctrina y Convenios 59:23)”.