2025
Somos “Santos” de los Últimos Días
Abril de 2025


Sección doctrinal

Somos “Santos” de los Últimos Días

La palabra “iglesia” en hebreo es “Kajal” y en griego es “ekklesía”. Ambas palabras tienen el significado de “asamblea”, “congregación”. Por tanto, en el Antiguo Testamento, que estaba escrito en hebreo, y en el Nuevo Testamento, que nos ha llegado escrito en griego, la palabra “iglesia” no se refiere necesariamente a un edificio o centro de culto, sino a la congregación; es decir, a las personas que podrían estar adorando bajo techo o en campo abierto, como sucedía, por ejemplo, con los seguidores de Jesús.

El sustantivo griego “ekklesía” se deriva de las palabras “ek-kaleo”, que significan “llamar fuera” o “convocar”. De esta manera, la iglesia estaría formada por aquellos que responden positivamente a la llamada de Dios.

Que la iglesia sean sus miembros supone una gran responsabilidad para todos nosotros. Porque es muy posible que las personas que observen nuestra conducta particular juzguen en general a la iglesia como institución religiosa, sacando conclusiones negativas si nuestro ejemplo no fuera el esperado.

Por eso, el apóstol Pablo dijo a Timoteo, que era compañero suyo en la predicación: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en amor, en espíritu, en fe y en pureza” (1 Timoteo 4:12).

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días debemos, por tanto, llevar vidas ejemplares, porque si mi manera de ser no está en armonía con lo que Jesucristo enseña, me convierto en piedra de tropiezo para miembros y no miembros de la Iglesia, y en un obstáculo para el progreso de la obra de Dios.

El apóstol Pablo se refiere frecuentemente a los miembros de la iglesia como “santos”. Por ejemplo, en su primera epístola a los corintios, dice lo siguiente: “A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo […], así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros” (cfr. 1 Corintios 1:2, 6).

Pablo deja, pues, muy claro que Cristo nos llama a ser santos, y que el testimonio de los demás sobre Cristo y sobre Su Iglesia se debe confirmar en nosotros. Desgraciadamente, son muchos los que se van de la Iglesia, o los que no aceptan entrar en ella, por culpa del mal ejemplo de aquellos miembros que no acaban de “santificarse en Cristo Jesús”.

La Iglesia de Jesucristo se ha restaurado de nuevo sobre la tierra. El Señor dio una revelación a José Smith, el Profeta de la Restauración, diciendo lo siguiente: “Porque así se llamará mi iglesia en los postreros días, a saber, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.” (Doctrina y Convenios 115:4).

Se mantiene, pues, el nombre de “Santos” para los miembros de la Iglesia de Jesucristo en nuestra época. El Señor indicó la responsabilidad de los “Santos” de Su iglesia, añadiendo lo siguiente: “De cierto os digo a todos: Levantaos y brillad, para que vuestra luz sea un estandarte a las naciones; a fin de que el recogimiento en la tierra de Sion y en sus estacas sea para defensa y para refugio contra la tempestad y contra la ira, cuando sea derramada sin mezcla sobre toda la tierra” (Doctrina y Convenios 115:5–6).

Se define a un “santo” como alguien que está apartado del mundo y consagrado a Dios. Por tanto, que los miembros de la Iglesia de Cristo sean o deban ser “santos” significa que los seguidores de Jesucristo se santifican apartándose de lo mundano y centrando sus vidas en lo divino.

Y esa es nuestra responsabilidad y nuestro llamamiento: ser “Santos” de los Últimos Días.