Voces de los jóvenes
Uno en un millón
Ilustración por Katelyn Budge
Soy uno en un millón, mi diagnóstico de displasia cleidocraneal lo deja claro.
La displasia cleidocraneal afecta el desarrollo óseo y dental. Me he sometido a cinco cirugías: tres para la escoliosis de la columna vertebral y dos para corregir la displasia congénita de cadera.
No entendía por qué el Padre Celestial me permitía soportar tanto dolor e ir al quirófano con tanta frecuencia. En mis últimas cirugías, estuve hospitalizado durante veintitrés días, y el dolor era abrumador. A pesar de la medicación, no podía encontrar descanso para mi cuerpo, así que oré para que el Padre Celestial me ayudara.
Recibí la impresión del Espíritu Santo de que mi dolor era un pequeño recordatorio de lo que Jesucristo sufrió por mí. El pensar en el amor de Jesucristo me llenó de una fortaleza que no creía tener.
Sé que, aunque las cosas parezcan difíciles, con un poco de fe y un testimonio firme, podemos tener paz y fortaleza al esforzarnos por alcanzar las metas que nos proponemos. Dios me ama, Jesucristo dio Su vida por mí y nos permite salir fortalecidos después de cada experiencia dolorosa.
Thyago L., 14 años, provincia de Lima, Perú
Le gusta jugar juegos de computadora, dibujar y hacer la obra de historia familiar.