De ser distinta a ser parte
Tyler aprendió que, incluso cuando afrontamos adversidades y prejuicios, podemos dejar que nuestra luz brille y mostrar amor a los demás a la manera de Cristo.
Fotografías por Leslie Nilsson
Tyler y sus amigos de otras religiones encuentran puntos en común al ayudarse mutuamente a seguir a Jesucristo.
¿Cómo te conectas con desconocidos que tienen ideas preconcebidas sobre ti y tus creencias, especialmente cuando algunas de ellas no son las mejores, o no son ciertas? Tyler, de 16 años, se hizo la misma pregunta.
Después de mudarse de Utah, EE. UU. (un lugar con una población alta de miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) a Oklahoma, EE. UU., se dio cuenta de que le llevaría tiempo y esfuerzo hacer amigos, ya que la veían como alguien diferente de ellos.
Ser amable
“Las personas no eran muy amables al principio”, explica Tyler. “Eran amistosas conmigo en persona, pero luego se daban la vuelta y hablaban de mí. ‘La chica nueva es mormona y no toma café’ o ‘es demasiado simpática; debe ser falsa’”.
En esos primeros días, todo lo que Tyler sabía hacer era seguir siendo amable y continuar viviendo de acuerdo con sus creencias. Poco a poco, a medida que los demás la conocieron, eso comenzó a marcar la diferencia.
“Conocí a algunos buenos amigos en el equipo de voleibol, lo que me ayudó a hacer amigos durante todo el verano. Una vez que hice más amigos y pude mostrarle a la gente quién era, las personas comenzaron a apoyarme, a conocerme y a saber que era amable de verdad”.
Encontrar puntos en común
A medida que las personas llegaban a conocerla un poco mejor, por lo que realmente es, comenzaban a hacerle preguntas sinceras sobre sus creencias.
“Tuve una clase de una hora en la que todos se voltearon a verme y me hicieron preguntas sobre mis creencias”, cuenta Tyler. “Tenían curiosidad porque piensan que nuestras enseñanzas son muy diferentes”.
Sin embargo, Tyler no dejó que los reflectores la pusieran nerviosa. “Simplemente les respondí con honestidad, hice lo mejor que pude”.
Algunas de sus conversaciones fueron más o menos así:
“No eres cristiana”.
“Sí soy cristiana; creo en Jesucristo”.
“Bueno, pero tienes un libro diferente; ¿qué es ese libro? ¿De qué se trata?”.
“Es otro testamento de Jesucristo, de cuando vino a las Américas”.
“¿Qué? ¿Cristo vino a las Américas?”.
“¡Sí!”.
“Bueno, pero ¿lees la biblia? Seguramente no lees la Biblia”.
“¡Sí! Leo la versión Reina-Valera”.
“¿De verdad? ¡Yo también!”.
Dado que la mayoría de sus nuevos amigos y compañeros de clase también eran cristianos, Tyler descubrió que tenían creencias en común y usó eso como base. “El principal punto en común es que todos creemos en Jesucristo. Todos nos esforzamos por ser como Cristo y ser Sus discípulos”, dice.
A Tyler y sus amigos no solo los une su fe en el Salvador, sino que también se ayudan mutuamente a ser su mejor versión. “Todos tratamos de ser mejores personas, ser como Cristo. Nos ayudamos mutuamente”. ¡Sus nuevos amigos ahora incluso defienden a Tyler y aceptan sus diferencias religiosas! Ella hace lo mismo por ellos.
Tyler (centro) ha aprendido que a sus amigos de otras religiones también les encanta compartir la luz de Cristo.
Ayudarse mutuamente a crecer
¿De qué manera Tyler y sus amigos se ayudan mutuamente en sus diferentes creencias religiosas? Al andar haciendo bienes, tal como lo hacía el Salvador (véase Hechos 10:38).
“Una vez, escribimos muchas notas con versículos de la Biblia y las pusimos en los autos de la gente. Escribimos ‘Jesús te ama’ y cosas así. Tratábamos de ser amables y ayudar a las personas que estaban pasando por dificultades”.
“Trato de ser buena, porque así es Cristo: una buena persona. Mis amigos también tratan de ser mejores personas”.
Tyler sabe que, debido a que es miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, va a llamar la atención, porque es diferente. También sabe lo que es sentirse sola y excluida.
“Trato de ser yo misma. Sonrío y soy amable con todos. Incluso soy amiga de las personas que son muy diferentes a mí en la escuela. Camino por los pasillos y, cuando las veo, las saludo y les pregunto cómo va su día. Los actos simples de bondad y servicio a otras personas son mi forma de predicar con el ejemplo”, dice.
“Todos tratamos de ser mejores personas, ser como Cristo”, dice Tyler.
Dejar que su luz brille
Tyler vive su testimonio permitiendo que forme parte de sus actividades e interacciones diarias con las personas. “Sé que Cristo me ama personalmente. Lo veo a Él en mi vida cotidiana. Cuando la gente me hace cumplidos o dice algo bueno, sé que es Él diciéndome algo que necesitaba para ese día”.
“Sé que el Padre Celestial escucha todas mis oraciones y que conoce mis pensamientos e intenciones. Si me esfuerzo por ser como Él, eso me hará ser una mejor persona.
“¿Y por qué no ser una mejor persona?”.