Para la Fortaleza de la Juventud
¿Cómo puedo obtener fortaleza del amor del Salvador?
Para la Fortaleza de la Juventud Abril de 2026


Solo en formato digital: Respuestas de un Apóstol

¿Cómo puedo obtener fortaleza del amor del Salvador?

Gracias al sacrificio expiatorio de Jesucristo, puedes recibir ayuda y tener esperanza, perspectiva y un cambio de corazón si vienes a Él.

De un discurso pronunciado en un devocional de BYU—Idaho el 27 de abril de 2025

Jesucristo

El Domingo Santo de Pascua de Resurrección celebramos la expresión de amor más majestuosa que el mundo haya visto: la Resurrección de Jesucristo. Con la intención de extender esta expresión de amor más allá de un solo día y durante un tiempo, me gustaría recalcar cuán profundamente bendecidos podemos ser al experimentar el amor que el Salvador demostró por medio de Su infinito y majestuoso sacrificio expiatorio.

El sacrificio expiatorio de Jesucristo fue la máxima y más gloriosa expresión de amor por todos los hijos de Dios. Él sufrió por todos, convirtiéndose así en nuestro cuidador espiritual supremo.

Ayuda en las debilidades

Más allá del incomparable don de la salvación, el Salvador nos extiende Su gracia sanadora en momentos de pesar, pruebas y debilidad. Cristo está siempre al tanto de las adversidades que experimentamos en la vida terrenal. Él entiende plenamente la amargura, la agonía y el dolor físico, así como las dificultades emocionales y espirituales que afrontamos. El Salvador siempre está listo para socorrernos en las luchas silenciosas de la vida.

Él ofrece descanso para el corazón fatigado, fortaleza para el alma que enfrenta tentaciones y consuelo para el espíritu quebrantado. Eso es posible, porque Él personalmente experimentó y tomó sobre Sí en la carne el dolor de nuestras debilidades y enfermedades (véase Alma 7:11–12).

Por todas estas razones, el Salvador puede brindarnos descanso de nuestras cargas pesadas sanando nuestras heridas y dolores, y ofreciendo salvación y exaltación en el reino del Señor.

Esperanza

Otra bendición especial que recibimos al experimentar el amor del Salvador en nuestra vida es una mayor esperanza en Él y en el plan de redención que Él nos ofrece por medio de Su glorioso sacrificio expiatorio. La esperanza que ofrece el Salvador es la luz que nos guía a través de las tinieblas, es la certeza de que no importa cuán abrumador o difícil sea nuestro trayecto, la paz, la sanación y la recuperación son posibles.

Perspectiva y propósito

A través de las experiencias de la vida terrenal, Dios nos moldea para que nos convirtamos en lo que Él sabe que podemos llegar a ser. Las pruebas pueden volvernos humildes, ayudarnos a crecer espiritualmente y recordarnos que necesitamos la ayuda del Señor; pueden ayudarnos a aprender a apreciar los momentos de paz y, lo más importante, nos brindan oportunidades de demostrarle al Señor y a nosotros mismos que seremos fieles.

La vida sería más fácil sin pruebas, por supuesto, pero no aprenderíamos ni creceríamos mucho. Cuando recordamos esa perspectiva divina, podemos hallar consuelo, y confianza y fortaleza renovadas en el amor del Salvador a fin de afrontar la vida y sus desafíos.

Confiemos en el Salvador para que nos ayude a crecer y a hallar paz en nuestro trayecto a lo largo de la vida. Con el mismo espíritu, confiemos en la capacidad del Salvador para consolarnos y aceptemos las oportunidades de crecimiento que ofrece nuestro trayecto terrenal.

Un cambio en el corazón

Creo que una de las maneras más profundas de obtener fortaleza del amor del Salvador cuando enfrentamos las complejidades del mundo moderno es aceptar Su invitación de venir a Él (véase Mateo 11:28–29).

Mis queridos amigos, para venir verdaderamente a Jesús y volvernos a Él en todo pensamiento (véase Doctrina y Convenios 6:36), debemos comenzar por aprender más acerca de Su vida y del poder sanador que Él ofrece.

Esto nos llevará a centrar nuestra vida en Él y, a medida que Jesucristo se convierte en el centro de nuestra vida, lo que deseamos y la manera en que lo deseamos cambian para siempre. Esto produce una verdadera transformación espiritual en nuestro corazón, cambiando nuestra naturaleza de modo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a esforzarnos por hacer lo bueno continuamente (véase Mosíah 5:2).

Él cambia la forma en que usamos nuestro tiempo y recursos, lo que leemos, vemos, escuchamos y compartimos. Incluso cambia la forma en que nos tratamos unos a otros y cómo reaccionamos ante las injusticias.

Venid a Él

El camino para comprender al Salvador y Su amor es individual, con sus propios altibajos, pero este trayecto nos conducirá, en última instancia, a la pureza, la paz, la perspectiva y el propósito de nuestra vida.

Él los aceptará como son y, a medida que vengan y aprendan de Él, podrán llegar a ser y llegarán a ser cada vez más como Él. Nunca olviden que todos nacimos con la semilla de la divinidad en nuestro espíritu y, debido a que somos hijos de Dios procreados en espíritu, esta semilla nos conecta espiritualmente con la Deidad. Por medio de esa conexión, podemos sentir el amor que emana de Dios por medio de Su Hijo, Jesucristo, y de Su compasiva Expiación.

Testifico que Jesús es el Cristo, el Salvador del mundo, el gran Sanador de nuestra alma. Sé que Él vive y que Su amor es eterno y real. Con los brazos siempre extendidos, nos llama a cada uno de nosotros, diciendo: “Venid a mí con un corazón humilde”.

Como Apóstol de Jesucristo en la tierra, ruego que se despojen de todo lo que les impida sentir el amor de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Amado. Es mi deseo que sean sanados mediante el poder sanador del Salvador. Ruego que su fe en Él aumente y que Su poder divino se manifieste más en la vida de ustedes, tanto en su hogar como en su corazón. Nunca olviden que los brazos amorosos del Salvador se extienden hacia ustedes al comenzar cada nuevo día, ya que Su invitación sigue siendo la misma: “Venid a mí”.