Publicación semanal para jóvenes adultos
Cuando ser madre no parece tan “maravilloso”
Liahona, enero de 2026


Para madres de niños pequeños

Cuando ser madre no parece tan “maravilloso”

La maternidad puede ser una mezcla de gozo y desafíos.

Una madre exhausta sosteniendo a un bebé

Como madre primeriza con un bebé recién nacido, estaba agotada. Había estado toda la noche despierta con mi bebé, y apenas habíamos logrado llegar a la iglesia a tiempo. Después de la reunión, una dulce anciana me tomó del brazo y dijo: “¿No es maravilloso ser madre?”.

Me sentí demasiado frustrada para responder. Había querido ser madre toda mi vida, y aunque puedo admitir que hay muchos aspectos maravillosos en la maternidad, en ese momento realmente no me pareció tan “maravilloso”.

Al invadirme los pensamientos y las preocupaciones propias del posparto, comencé a sentirme culpable. ¿Y si, después de todo, no quería ser madre? En las trincheras de mi reciente maternidad, no sentía esa “maravilla” constante que otras madres expresaban. Mi corazón también sufría por las mujeres que anhelaban ser madres, y me sentía egoísta por no amar cada minuto de ser madre.

¿Me convertía eso en una mala madre? ¿Era yo la única que se sentía así?

Descubrir lo maravilloso

Escribí a algunas amigas que también habían tenido bebés recientemente, y me sentí aliviada al saber que ellas también pasaban días (y noches) difíciles. Hablar con ellas me llevó a darme cuenta de algo sorprendente:

Tal vez usamos la palabra maravillosa para describir la maternidad, porque esta puede ser difícil e increíble al mismo tiempo.

Me había sentido frustrada por el uso de la palabra maravillosa para describir lo que significa ser madre, en lugar de palabras como desafiante, desinteresada o agotadora, que me parecían muy reales mientras mi bebé dependía de mí las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Casi deseé que aquella mujer en la iglesia me hubiera preguntado: “¿No es realmente difícil ser madre?”.

De repente, me vinieron a la mente las palabras del himno “Asombro me da”, que en su versión en inglés dice:

“Oh, it is wonderful, wonderful to me!” [¡Es maravilloso, maravilloso para mí!].

La Expiación del Salvador fue desafiante, desinteresada y agotadora. Y, sin embargo, en ese himno la describimos con la palabra maravillosa.

Lo que ser madre me ha enseñado

Ahora que mi hijo tiene un año, pienso en todo lo que he aprendido en el año que ha pasado desde que me convertí en madre, pero lo más importante es que me he acercado más a Jesucristo.

A menudo reflexiono en esta cita del presidente Jeffrey R. Holland, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Ningún otro amor en la vida mortal llega a aproximarse más al amor puro de Jesucristo que el amor abnegado que una madre siente por un hijo”.

He llegado a comprender mejor al Salvador a medida que he aprendido lo que significa ser madre.

También he desarrollado un aprecio más profundo por mi dulce madre y los incontables sacrificios que ella ha hecho por mí a lo largo de mi vida. Maravillosa es una palabra que usaría para describirla.

Las Escrituras hacen referencia constantemente a las madres y a la maternidad, y el leerlas como madre ha aportado una nueva perspectiva a mi vida.

Por ejemplo, releer Isaías 49:15 tiene para mí un sentido mucho más real ahora que entiendo lo que es amamantar constantemente a un niño: “¿Acaso se olvidará la mujer de su niño de pecho y dejará de compadecerse del hijo de su vientre? Pues, aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti”.

Mi cuerpo físico no puede olvidar que tengo un hijo que depende de mí y, sin embargo, todavía no se compara con el amor perfecto y eterno que el Salvador tiene por nosotros.

Criar a un hijo me ha ayudado a comprender mejor las bendiciones prometidas de mis convenios del templo, y me ha brindado un propósito mayor en mi deseo de ser un ejemplo de las enseñanzas de mi Salvador.

Para una madre, cada día trae una mezcla de desafíos y gozo, lo cual describe perfectamente por qué ser madre puede ser “maravilloso”, incluso cuando no nos lo parezca.

Aunque no siempre me siento como una madre “maravillosa”, espero que cada día pueda llegar a ser más como mi Salvador, Jesucristo, y enseñarle a mi hijo cómo seguir Sus pasos.