Yo creo
¿Estás dando por sentado el Evangelio?
La autora vive en Mallorca, España.
Todos tenemos momentos en la vida en los que nos damos cuenta de que no hemos valorado el Evangelio como el milagro que es.
Un día, de camino al trabajo, me sentí molesta a causa de un obstáculo habitual: los turistas.
Estoy acostumbrada a los turistas aquí, en Mallorca, pero ese día en particular observé con creciente exasperación cómo hordas de ellos obstruían el centro de la ciudad, deteniéndose para tomar fotos de todo lo que veían.
Recuerdo que observé que un turista miraba una ventana y tomaba fotos, y pensé: “¿Por qué? ¡Es una simple ventana! ¿Por qué le estás tomando fotos?”.
Para ser justos, probablemente yo actúo de la misma manera cuando visito nuevos lugares, así que decidí cambiar mi enfoque.
Decidí que, cuando viera a alguien dirigiendo su cámara hacia un edificio, miraría hacia arriba también para ver si podía encontrar el tesoro con el que estaban tan obsesionados. Si notaba que alguien observaba detenidamente una tienda por la que yo pasaba todos los días, resolví que echaría un segundo vistazo para detectar la gema que esa persona consideraba que valía la pena fotografiar.
¿Y saben qué pasó? Encontré algunas cosas hermosas en ese camino al trabajo. Cuando traté de mirar mi casa como si la estuviera viendo por primera vez y dejé de darla por sentado, descubrí cosas nuevas que apreciar.
Más tarde pensé:
¿Con cuánta frecuencia doy por sentado el Evangelio?
Reconocer las bendiciones que ya hemos recibido
Recuerdo una ocasión en la misión en la que simplemente no me sentía muy feliz. Seguía orando sobre las mismas cosas una y otra vez, pero sentía que no recibía respuestas.
Hablé con mi presidente de misión en cuanto a cómo me había estado sintiendo, y me dijo que tal vez no estaba confiando plenamente en las promesas de Cristo. Al principio no sabía a qué se refería, pero al seguir pensando en ello y estudiando lo que significa confiar plenamente en el Señor, me sentí inspirada a comenzar a reconocer las bendiciones que ya tenía, y a estar agradecida por ellas. Eso me ayudó a darme cuenta de que el Padre Celestial ya había contestado muchas de mis oraciones y me había bendecido de muchas maneras.
El élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “[La] apatía se caracteriza por la pérdida gradual de nuestro entusiasmo por participar plenamente en el evangelio del Señor. […] Este sentimiento de complacencia, por así decirlo, nos hace dar por sentados los dones del Evangelio y, a partir de allí, corremos el riesgo de descuidar tanto nuestra dedicación plena y regular a los aspectos esenciales del Evangelio de Jesucristo, como los convenios que hemos hecho”.
Cuando siento que tal vez esté dando por sentado el Evangelio de Cristo, a veces la respuesta es volver a lo básico y recordar lo que más importa.
Ver nuestra fe bajo una nueva luz
Durante casi toda mi vida, me he encontrado en situaciones en las que soy el único miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Mi familia va a la Iglesia y tengo una rama maravillosa, pero en la escuela o con amigos, a menudo estoy sola en mi fe.
Cuando conozco a personas nuevas, soy su primer contacto con el Evangelio. Cuando aprenden cosas sobre mí y sobre cómo vivo, lo ven como algo nuevo e interesante.
Por ejemplo, hace unos meses estaba en una fiesta de trabajo donde todos estaban bebiendo alcohol. Cuando les expliqué a mis compañeros de trabajo que no bebo, asumieron que simplemente no estaba bebiendo esa noche porque tenía que conducir más tarde; pero al explicarles que nunca bebo, les surgieron muchas preguntas.
Cuando tengo esas experiencias, puedo explicar mi fe a las personas que están oyendo hablar de ella por primera vez (o que solo han oído hablar de nuestra Iglesia en los medios de comunicación), y el verlos aprender sobre nuestra Iglesia por primera vez me ayuda a ver mi propia fe desde una nueva perspectiva.
Retomar el rumbo
Creo que todos tenemos momentos en la vida en los que nos damos cuenta de que no hemos valorado el Evangelio como el milagro que es. Pero hay cosas sencillas que podemos hacer para volver al camino, como reconocer la mano del Señor en nuestra vida y compartir nuestro testimonio con otras personas. Podemos ser como aquellos turistas, que veían milagros en los objetos cotidianos. Podemos ver y amar las partes hermosas del Evangelio que se han convertido en una rutina para nosotros.
Me encanta Proverbios 3:5–6, que dice:
“Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.
Cuando reconocemos lo que el Padre Celestial y Jesucristo ya han hecho por nosotros, Ellos continúan dándonos nueva dirección e inspiración.
Y nos ayudan a darnos cuenta continuamente de la bendición de tener el Evangelio en nuestra vida.