Publicación semanal para jóvenes adultos
El arrepentimiento diario puede parecer complicado, pero no tiene por qué serlo
Liahona, enero de 2026


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

El arrepentimiento diario puede parecer complicado, pero no tiene por qué serlo

El arrepentimiento diario sonaba agotador hasta que finalmente comprendí en qué consistía.

Una mujer con suéter rojo, orando

He escuchado muchas cosas incorrectas sobre el arrepentimiento.

Durante mucho tiempo, no estaba realmente segura de que me estuviera arrepintiendo “de la manera correcta”. Había aprendido los “pasos” hacia el arrepentimiento, pero sentía que, si no seguía cada “paso” correctamente, no podría ser perdonada de mis pecados.

No obstante, tampoco estaba exactamente segura de cuál era la manera correcta de arrepentirme.

Le decía al Padre Celestial que lo sentía y le pedía perdón; y aunque hablarle de mis pecados me ayudaba a sentirme menos culpable, también lo sentía como una tarea, simplemente otra cosa que debía tachar de una lista de tareas espirituales. No le encontraba sentido.

¿El arrepentimiento diario es… bueno?

Entonces, hace algunos años, el presidente Russell M. Nelson dijo: “Nada es más liberador, más ennoblecedor ni más crucial para nuestro progreso individual que centrarse con regularidad y a diario en el arrepentimiento”.

Eso me dejó boquiabierta.

Me di cuenta de que siempre había tratado el arrepentimiento como una herramienta de emergencia que debía utilizar solamente cuando fuera absolutamente necesario. Pero ahí estaba el profeta diciendo que debía hacerlo cada día, y que debía sentirme bien por ello.

Sinceramente, debido a que consideraba el arrepentimiento como una larga y dolorosa lista de tareas prescriptivas, la idea de hacerlo todos los días sonaba agotadora e incluso más intimidante que simplemente jugar al juego de las adivinanzas sobre el arrepentimiento al que estaba acostumbrada. Todavía no sabía por dónde empezar o cómo podría hacerlo.

A todas estas, ¿qué es el arrepentimiento?

Poco después de eso, entré en el centro de capacitación misional y comencé a estudiar Predicad Mi Evangelio. Ahí leí: “El arrepentimiento es el proceso de volverse a Dios y alejarse del pecado. Al arrepentirnos, nuestras acciones, deseos y pensamientos cambian para estar más en armonía con la voluntad de Dios”.

Al leer ese pasaje, el Espíritu me ayudó a darme cuenta de que el arrepentimiento no es solo una lista de verificación o algo que hacemos solo después de cometer grandes errores.

En esencia, el arrepentimiento es cambio.

Y eso significa que no se trata solo del pecado. Significa que cada vez que me pongo la meta de llegar a ser más como Jesucristo, de crecer espiritual, física o intelectualmente de una manera que esté en armonía con la voluntad de Dios, me estoy arrepintiendo.

Ahora bien, por supuesto, hay ocasiones en que ciertos pecados requieren que nos reunamos con los líderes del sacerdocio para recibir ayuda y guía. Pero cuando pienso específicamente en el arrepentimiento diario, entiendo que consiste en consultar regularmente con Dios para saber si estoy haciendo lo que Él desea que haga. Y cuando el Espíritu me ayuda a darme cuenta de que podría hacerlo mejor, arrepentirme significa elegir cambiar de rumbo y buscar la ayuda del Salvador mientras permanezco en la senda de los convenios.

Entonces, ¿cómo me arrepiento a diario?

Mientras trataba de comprender lo que significa arrepentirse todos los días, las palabras del élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, me ayudaron. Él dijo:

“La ferviente oración por la mañana es un importante elemento de la creación espiritual de cada día, y precede la creación temporal o las labores del día. […]

“Al final de nuestro día, volvemos a arrodillarnos y damos un informe a nuestro Padre. […] Nos arrepentimos y, con la ayuda del Espíritu del Señor, buscamos maneras de actuar mejor y de llegar a ser mejores”.

En otras palabras, orar a Dios, pedirle guía, seguir adelante, dar un nuevo informe y repetir el proceso.

Estas son algunas maneras en las que estoy implementando ese consejo en mi propia vida:

  • Durante la reunión sacramental, me fijo metas semanales. Reflexiono sobre lo que he hecho la semana anterior y escucho al Espíritu para saber en qué cosas puedo trabajar para mejorar y cambiar.

  • Establezco metas y planes para lograr esas metas, y los escribo en una pizarra en mi habitación.

  • A lo largo de la semana, cuando oro, hablo de mis metas con el Padre Celestial, le pido Su ayuda para cumplirlas y le informo de cómo van las cosas, escuchando para recibir más guía y confirmación de que estoy en el camino correcto.

Escogerlo a Él cada día

No llegamos a ser como Jesucristo venciendo unos cuantos pecados graves de una sola vez. Creo que son las pequeñas decisiones diarias de confiar en Él —un uno por ciento mejor cada día— las que conducen a la verdadera transformación a lo largo del tiempo.

Podemos escoger seguir a Jesucristo cada día y, cuando cometemos errores, tenemos la bendición de arrepentirnos, elegir seguirlo una y otra vez, y progresar continuamente a pesar de todo. Para mí, eso es el arrepentimiento diario.