“Mientras que el pecado causa caos, Cristo trae paz”, Liahona, enero de 2026.
De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Mientras que el pecado causa caos, Cristo trae paz
Incluso en medio del caos de la vida, Cristo puede traer luz, orden y paz a tu alma.
Ilustración por Kate Birch
¿Hay momentos en que la vida se siente un poco… caótica?
Tener una sensación de caos es algo que todos experimentamos a veces. Las complejidades del mundo hacen que sea fácil olvidar que somos seres espirituales teniendo experiencias terrenales, algo que nunca antes hemos hecho.
Dos dones milagrosos que Dios nos dio son el cuerpo terrenal y el albedrío. Esos dones nos permiten sentir, desear y actuar por nosotros mismos, así que, naturalmente, las cosas pueden parecer desordenadas o inciertas debido a las decisiones que la mujer o el hombre natural es propenso a tomar.
Todos cometemos errores. Sin embargo, cuando luchamos con pecados o hábitos que parece que no podemos superar, por mucho que nos esforcemos por cambiar, es fácil tener una sensación de que algo no está bien. Con nuestro lado espiritual tirando hacia el cielo y el lado terrenal tirando hacia el mundo, puede parecer un constante tira y afloja interno.
Ya sea que tengamos dificultades con cosas como el chisme, el enojo, el juicio injusto, el uso excesivo de los medios de comunicación, el uso de pornografía o cualquier otra cosa, el adversario se apresura a avivar las llamas de la vergüenza, de la desesperanza y, finalmente, del caos espiritual.
Afortunadamente para nosotros, el Padre Celestial y Jesucristo saben cómo manejar el caos.
Buscar Su luz es el primer paso
Durante la Creación, el comienzo de todo lo que conocemos, se describe que el universo estaba en un estado caótico y desorganizado: “La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo” (Génesis 1:2). Ese caos y oscuridad desesperanzadora nos recuerdan cómo puede hacernos sentir el adversario cuando pecamos o tomamos decisiones que van en contra de nuestros valores. A él le gusta hacernos sentir atrapados y a menudo nos anima a escondernos.
No obstante, como la hermana Tamara W. Runia, Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, enseñó: “Jesucristo da luz a los que están en tinieblas. Así que, en esos días en los que sientan esa voz que les dice que se oculten, que deberían esconderse solos en un cuarto oscuro, ¡los invito a ser valientes y a creer[le] a Cristo! Caminen y enciendan la Luz: nuestro Fulgor perfecto de esperanza”.
Bajo la dirección de Dios, lo primero que Jesucristo hizo durante la Creación para disipar las tinieblas del caos fue traer luz (véanse Génesis 1:3; Moisés 2:2–5). A partir de ahí, Él pasó a organizar cada parte caótica de la materia, desde los vastos cielos hasta la semilla más pequeña.
Si Él pudo poner orden en el universo, imagina lo que puede suceder cuando acudas a Su Hijo para recibir poder sanador y redentor cada día. Cuando sientas que estás agobiado por tus dificultades y por la oscuridad del mundo, buscar la luz de Cristo es el primer paso hacia la paz y la organización divina.
Luego, recuerda quién eres
Después de que los cielos y la tierra fueron organizados y embellecidos, el Padre Celestial preparó el camino para que Sus hijos procreados en espíritu vinieran a la tierra y recibieran un cuerpo físico. Sin embargo, durante nuestro tiempo en la tierra, el adversario trabaja arduamente para hacernos olvidar quiénes somos.
Podemos ver sus esfuerzos por desviarnos de nuestra identidad divina en el momento en que Dios habla con el profeta Moisés y comparte conocimiento con él. En Moisés 1, Dios habla a Moisés por su nombre y repetidamente lo llama Su hijo.
Sin embargo, tan pronto como Dios se retira, Satanás aparece y llama a Moisés “hijo de hombre” (Moisés 1:12), tentándolo a olvidar quién es realmente.
Satanás quiere que olvidemos quiénes somos en realidad. Él hace que dudemos de nuestra capacidad para cambiar. Él quiere que creamos que somos hombres y mujeres naturales que no cambian, y que siempre lo seremos.
No obstante, el élder Patrick Kearon, del Cuórum de los Doce Apóstoles, nos recuerda: “Pueden venir a Cristo con confianza en Su amorosa bondad y recibir todos Sus dones de gozo, paz, esperanza, luz, verdad, revelación, conocimiento y sabiduría […]. Son adoradas hijas de Dios, o son preciados hijos de Dios y […] Él les ha concedido el don de Su Santo y Perfecto Hijo para redimirlos, justificarlos y santificarlos”.
La redención es algo que Satanás nunca tendrá, y cuando nos apoyamos en nuestra identidad espiritual, podemos decir, como lo hizo Moisés:
“¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo [o una hija] de Dios, a semejanza de su Unigénito. […]
“Vete de aquí, Satanás; no me engañes; porque Dios me dijo: Eres a semejanza de mi Unigénito” (Moisés 1:13, 16).
Si la vida parece caótica, haz una pausa. Recuerda tu identidad divina. Permite que la verdad de que eres un hijo amado de Dios te dirija hacia el cielo. Acude a Jesucristo para que Él pueda ayudarte a restaurar el orden en tu alma.
Finalmente, permite que Cristo convierta el caos en paz
Cuando Adán y Eva salieron del Jardín de Edén, la sencillez que siempre habían conocido allí fue reemplazada por un mundo solitario y lúgubre. Sin embargo, el Padre Celestial prometió que podrían tener paz porque preparó a un Salvador para redimirlos de sus pecados y dolores (véase Moisés 5:7–10).
Cuando te sientas abrumado por la vida terrenal, recuerda esta verdad: El Padre Celestial sabía que íbamos a enfrentar tentaciones, cometer errores y pecar a lo largo de este viaje de regreso a casa con Él; todo eso formaba parte del plan.
Por medio de Jesucristo, el Padre Celestial siempre puede ayudarnos a repeler los poderes de las tinieblas en la vida y reemplazarlos con luz. No importa cuántas veces cometamos errores, gracias a nuestro Salvador podemos cambiar el caos por la paz en nuestra alma cuando nos arrepentimos.
El presidente Russell M. Nelson testificó:
“[Jesucristo] los fortalecerá y los bendecirá con paz, aun en medio del caos. […]
“Jesucristo tomó sobre Sí los pecados de ustedes, los dolores de ustedes, las angustias de ustedes y las debilidades de ustedes. ¡No tienen que cargar con ellos ustedes solos! Él los perdonará cuando se arrepientan, los bendecirá con lo que necesiten y sanará su alma herida”.
Lo que sea con lo que estés luchando, cuando acudes al Padre Celestial y a Jesucristo en busca de ayuda, Ellos siempre pueden restaurar lo que está en ruinas, liberarte del caos de los pecados y las tentaciones, y embellecer tu vida.
Lo han hecho una y otra vez.