Desde el campo misional
Esta es tu misión; ¡puedes hacerlo!
Cuando recibí mi llamamiento misional, me llené de dudas y temores. ¿Podría realmente hallar gozo al servir al Señor?
En septiembre de 2023, recibí mi llamamiento misional. Desde el momento en que supe que recibiría uno, había orado para ir a un lugar nuevo. Para mi sorpresa, fui llamado a servir en la Misión Costa de Marfil Yamoussoukro.
Pensé: “¡Eso no es Argentina!”.
Mi hermana gritó: “¡Es África, es África!”.
Una asignación inesperada
Pensé: “Deben estar bromeando; debe haber un error”.
Al saber que serviría en una misión de habla francesa en África, me sentí inseguro y lleno de dudas, sentimientos que reconocí que provenían del adversario.
¡También descubrí que nadie de mi país había servido antes en Costa de Marfil! En el Centro de Capacitación Misional de Ghana, me di cuenta de que allí nadie hablaba español. Era abrumador no poder comunicarme en mi lengua materna.
Quería darme por vencido e irme a casa, pero entonces recordé que Nefi tuvo una experiencia similar. Cuando llegó a la ciudad buscando la casa de Labán, él dijo: “E iba guiado por el Espíritu, sin saber de antemano lo que tendría que hacer” (1 Nefi 4:6).
Me sentí como Nefi y, después de orar fervientemente, sentí paz. Cuando surgían dudas, me venía a la mente la frase: “Esta es tu misión; ¡puedes hacerlo!”; y sabía que, con la ayuda del Señor, podría hacerlo.
Un cambio en mi perspectiva
Cuando llegué a Costa de Marfil, me impresionaron las casas humildes y la intensa humedad. Los primeros meses fueron difíciles; apenas teníamos agua y electricidad. Oré para pedir fortaleza, y la misma frase vino a mi mente: “Esta es tu misión; ¡puedes hacerlo!”.
Un día leí por casualidad 3 Nefi 5:13: “He aquí, soy discípulo de Jesucristo, el Hijo de Dios. He sido llamado por él para declarar su palabra entre los de su pueblo, a fin de que alcancen la vida sempiterna”.
Eso cambió mi perspectiva. Aprendí a tomarme las malas experiencias como experiencias divertidas y a reconocer las bendiciones que tenía.
Empecé a preocuparme menos por lo que no tenía y más por lo que los demás necesitaban. Gracias a que el Señor me bendijo con el don de lenguas, aprendí francés en pocos meses y dominé el inglés, de modo que podía hablar tres idiomas. Mis dudas y temores fueron reemplazados por el gozo de servir al Señor.
Las bendiciones llegarán
Con el tiempo, descubrí por qué fui llamado a servir.
El élder David F. Evans, de los Setenta, enseñó: “¿Quieren ser felices? […]. Sirvan a su prójimo como misioneros del Señor […]. El hacerlo cambiará todo […]. La obra será difícil, pero también habrá grandes satisfacciones y gozo. Si son fieles durante la misión y después de ella, mirarán hacia atrás y dirán, al igual que el presidente [Gordon B.] Hinckley: ‘Todo lo que me ha sucedido desde entonces y que ha sido bueno se debe a la decisión de servir en una misión y ofrecer mi vida al Señor’”.
Si les preocupa lo que le sucederá a su familia, amigos, estudios, trabajo o intereses románticos, recuerden que el Señor promete: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18).
Olvídense de sí mismos, como dijo el presidente Hinckley, y piérdanse en esta gran causa. El Señor bendecirá sus esfuerzos, a su familia y su vida a medida que le den todo a Él.
Si quieren ser felices, sigan el sendero del Evangelio y, si tienen la oportunidad, vayan a la misión. Las bendiciones que reciben aquellos que han servido al Señor también se ven después de su misión.
El Señor nos invita
También invito a todo aquel que pueda hacerlo a prepararse y servir en una misión. El Señor nos invita a encontrar a Sus hijos que lo están buscando. Las pruebas vendrán, pero con fe en Cristo y un cambio positivo en su perspectiva, verán las bendiciones de Dios a medida que lo sirven.
Al tener mi mente y corazón centrados en el Señor, mi mentalidad cambió. Comencé a ser más positivo; mis temores y dudas desaparecieron y pude experimentar el gozo duradero de vivir el Evangelio de Jesucristo.
Sé que Dios nos ama y nos conoce personalmente, y es por eso que envió a Su Hijo Unigénito, “para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Él sabe dónde necesitamos servir. Pronto tendré la oportunidad de volver a ver a mi familia y de testificar que Jesús es el Cristo; que no importa a dónde se nos llame, el Señor nos necesita; que Su Evangelio es el mismo en todos los idiomas y que, ciertamente, esta era mi misión, y pude hacerla.
¡Tú también puedes hacerlo!