2025
Hacer lugar para las debilidades personales en el matrimonio
Liahona de octubre de 2025


Especialmente para los recién casados

Hacer lugar para las debilidades personales en el matrimonio

Las debilidades y los desafíos pueden ayudarte a ti y a tu cónyuge a acercarse más a Dios.

Una pareja joven sonriendo

Cuatro años de estar casada con mi cónyuge ciertamente no me convierten en una experta en el matrimonio, pero durante ese tiempo hemos tenido nuestros desafíos, cada uno de los cuales nos ha exigido de maneras que han fortalecido nuestra relación y profundizado nuestro amor mutuo.

Sin embargo, cada lección también nos ha recordado que somos personas imperfectas, ambas con debilidades propias, y que el matrimonio eterno requiere esfuerzo, sacrificio, crecimiento y confianza continuos en el Salvador.

A fin de ayudarte a ti y a tu cónyuge a evitar conflictos innecesarios, a continuación encontrarás algunas lecciones clave que he aprendido sobre cómo hacer lugar para las debilidades personales en el matrimonio.

Decir “te perdono” con intención

Al principio de nuestro matrimonio, mi esposo y yo a menudo analizábamos aspectos en los que podíamos mejorar. Durante una conversación seria, me disculpé por haber herido sus sentimientos y prometí mejorar, pero cuando respondió con un “te perdono”, me tomó por sorpresa.

Me había acostumbrado a siempre escuchar “está bien” después de disculparme, pero esas palabras no aliviaban mi conciencia culpable. “Te perdono” se sentía diferente; no me libraba de la responsabilidad. Yo había cometido un error, y no se trataba solamente de un “está bien”. Eso me obligaba a confrontar mis acciones.

Desde entonces, el decir “te perdono” se ha convertido en una parte poderosa de nuestro matrimonio. Lo usamos con intención, siguiendo adelante con los cambios que necesitamos hacer. Ahora reservamos esta frase para los momentos en que realmente deseamos decirlo, para recordarnos el uno al otro el impacto de nuestras acciones y la importancia del perdón.

Permitir que tu cónyuge rinda cuentas

Cuando vemos defectos en nuestro cónyuge, es fácil caer en un hábito de controlarlo, de vigilarlo, de recordárselo o de molestarlo incesantemente para asegurarnos de que haga lo correcto. Esto podría resultar tentador en aspectos como las finanzas, la asistencia a la iglesia o las dificultades personales.

No me di cuenta de lo mucho que estaba haciendo esto hasta que una amiga señaló que vigilar constantemente a mi esposo no generaba confianza. Lo estaba obligando a rendir cuentas ante mí en lugar de permitirle demostrar su integridad y su responsabilidad ante Dios. ¡Ese control constante era una de mis debilidades!

Con el tiempo, hemos aprendido a confiar el uno en el otro, dándonos espacio para tomar decisiones por nuestra cuenta y acudir al otro cuando hemos cometido un error o necesitamos ayuda. Del mismo modo, demostramos que se puede confiar en nosotros cuando tomamos decisiones que están en armonía con nuestras creencias compartidas y elegimos rendir cuentas el uno al otro y al Padre Celestial. Este enfoque ha fortalecido nuestra confianza mutua. Como enseñó el élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Nuestro albedrío y nuestra libertad tienen sentido porque somos responsables ante Dios y ante nosotros mismos por quienes somos, por lo que sabemos y lo que hacemos”.

Comprometernos a trabajar en nuestras debilidades

Algunas debilidades afectan la intimidad emocional y la confianza, por lo que es importante crear un espacio para ellas mientras se trabaja para superarlas. Esta puede ser una conversación difícil, especialmente si ciertos comportamientos no tienen cabida en tu matrimonio. Mi esposo y yo aceptamos algunas debilidades solo si nos comprometíamos con la mejora continua y la honestidad.

En el libro de Alma, el capitán Moroni fortifica las ciudades nefitas para protegerlas de los ataques, levantando murallas de vigas y tierra hasta que se convierten en fortalezas (véase Alma 53:4–5). Del mismo modo, puede ser difícil aceptar las imperfecciones en nosotros mismos o en nuestro cónyuge, pero ver cómo nos esforzamos por mejorar fortalece la intimidad emocional. El esfuerzo por fortalecer las debilidades del otro finalmente nos une más y construye una fortaleza eterna de amor y apoyo.

Los convenios que hicieron con Dios brindan poder

Cuando se sellaron en el templo, hicieron promesas no solo el uno con el otro, sino también con Dios. Con respecto a esta relación por convenio, el presidente Russell M. Nelson nos recordó: “La recompensa por guardar los convenios con Dios es poder celestial, un poder que nos fortalece para soportar mejor nuestras pruebas, tentaciones y pesares”.

En momentos de debilidad, recuerda que, al guardar los convenios del templo, tienes derecho a recibir ayuda divina en tu matrimonio. Con Su poder, Dios puede ayudarte a perdonar, a confiar, a rendir cuentas, a hacer lugar para las debilidades de los demás y a “ha[cer] que las cosas débiles sean fuertes” (Éter 12:27).