2025
La empatía puede ayudarte a responder tus preguntas difíciles
Liahona de octubre de 2025


Aplicar Doctrina y Convenios a tu vida

La empatía puede ayudarte a responder tus preguntas difíciles

Ver a los demás como Cristo los ve puede ayudarnos a sentir paz cuando tenemos preguntas difíciles sobre la historia o la doctrina de la Iglesia.

Una mujer sentada en una silla leyendo las Escrituras

Si alguna vez has tratado de armar el motor de un cohete mientras aún se escribía el manual de instrucciones, tal vez entiendas cómo se sintieron los primeros miembros de la Iglesia al procurar edificar el Reino de Dios en la tierra.

Si, al igual que yo, a veces tienes preguntas sinceras sobre los acontecimientos de la historia de la Iglesia, te animo a que las abordes como lo harías con un buen amigo: con el deseo de entender verdaderamente quiénes eran esas personas y por qué hicieron lo que hicieron. En otras palabras, comienza con empatía.

El contexto puede fomentar el entendimiento

Thomas B. Marsh fue uno de los primeros miembros de la Iglesia restaurada, pero no habían pasado ni cinco años desde su bautismo y ya era Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles. Estaba aprendiendo a seguir los mandamientos de Dios y Él aún no le había revelado todos los detalles de sus responsabilidades.

Es comprensible que, como presidente, haya supuesto que decidiría lo que se debía asignar a los otros apóstoles. Entonces, cuando José Smith llamó a dos de los apóstoles a predicar el Evangelio en Inglaterra, el presidente Marsh se molestó porque no se le había consultado sobre la decisión.

Cuando me enteré de esto, me sorprendí. ¿Un Apóstol, llamado por Dios, enojado con el profeta?

Mi contacto con los profetas y apóstoles hoy en día es principalmente en forma de transmisiones oficiales, por lo que es más difícil para mí recordar que son personas reales, personas llamadas por Dios para dirigir y servir, pero que siguen siendo personas.

Jonás huyó de su llamamiento (véase Jonás 1). Nefi lamentó sus imperfecciones, se llamó a sí mismo “miserable” y dijo que había tentaciones y pecados que “fácilmente [lo] asedia[ban]” (2 Nefi 4:17–18).

Y estos son solo ejemplos de la historia antigua. Más recientemente, sabemos que José Smith permitió que Martin se llevara las 116 páginas que luego se perdieron (véase Doctrina y Convenios 3).

Entonces, ¿cómo podemos usar estas historias para estar mejor informados sobre cómo percibimos las acciones llevadas a cabo entonces y ahora?

Creo que podemos comenzar de la misma manera que lo hace el Señor cuando le habla a Su siervo Thomas B. Marsh en respuesta a su enojo: “He oído tus oraciones” (Doctrina y Convenios 112:1, cursiva agregada).

En otras palabras, podemos empezar por escuchar.

La empatía comienza con escuchar

Nadie entiende la empatía mejor que el Salvador. Él experimentó el sufrimiento de todos (véase Alma 7:11–12). Si hay alguien que podría enseñarnos cómo comprender mejor a los demás y a escuchar con empatía, sería Él.

El Señor continúa hablando por medio de José Smith a Thomas, diciendo: “Conozco tu corazón y he oído tus oraciones concernientes a tus hermanos” (Doctrina y Convenios 112:11). Aunque el Señor continúa disciplinándolo, creo que es importante que le hiciera saber que había escuchado sus oraciones.

En el mismo versículo, el Señor amonesta: “No seas parcial para con ellos, amándolos más que a muchos otros, antes sea tu amor por ellos como por ti mismo; y abunde tu amor por todos los hombres y por todos los que aman mi nombre”.

Una de las razones por las que el Salvador nos comprende perfectamente es porque nos ama de manera perfecta. Si queremos comprender verdaderamente lo que sucedió en la historia de la Iglesia, ejercer nuestro amor por las demás personas nos ayudará a escuchar con verdadera intención.

El orgullo destruye las relaciones

Cuando miramos hacia atrás en la historia tenemos una enorme ventaja porque podemos ver la historia de principio a fin, ver consecuencias que pueden haber tardado meses, años o incluso décadas en desarrollarse.

Eso hace que sea fácil juzgar las acciones de alguien y decir: “Yo no lo habría hecho de esa manera”.

Debido a que nos faltan algunos de los detalles de la historia, hay un contexto que tal vez nunca comprendamos por completo, por lo que no podemos juzgar plenamente lo que sucedió.

No digo que debamos excusar o justificar todo lo que no entendemos. Las preguntas son importantes porque nos ayudan a aumentar nuestra comprensión. Sin embargo, al buscar respuestas por medio del estudio y la oración, es importante tener en cuenta el mandato del Señor a Thomas: “No seáis soberbios” (Doctrina y Convenios 112:15). Creo que una declaración similar podría ser: “No supongas que eres mejor que las demás personas”.

Este es un gran consejo para muchas situaciones (como las relaciones interpersonales) y para examinar eventos históricos. No puedo suponer que, si me hubiera encontrado en la situación de Thomas B. Marsh, de José Smith o de cualquier otra persona, lo habría hecho mejor. Tal vez no lo hubiera hecho de la manera en que lo hicieron ellos, pero es muy probable que hubiera cometido errores similares o diferentes.

Confiar en el Señor

Independientemente de las preocupaciones que puedas tener, encontrar respuestas que brinden paz comienza con un deseo verdadero de seguir la voluntad de Dios y confiar en Su perspectiva eterna. “Sé humilde”, le reveló el Señor a Thomas, “y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones” (Doctrina y Convenios 112:10).

Thomas B. Marsh apostató de la Iglesia por un tiempo, pero más tarde regresó y fue aceptado. Tal como el Señor le había dicho años antes: “Ya que te has humillado, serás ensalzado; por tanto, te son perdonados todos tus pecados” (Doctrina y Convenios 112:3).

Que podamos brindarnos unos a otros un poco de la misma comprensión que Cristo nos brinda.