De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Cómo desarrollar la hermandad y cultivar conexiones significativas en el cuórum de élderes
Ser proactivo en el cuórum de élderes puede ayudarte a tener las experiencias edificantes que buscas.
¿Alguna vez te has sentado en el cuórum de élderes y te has sentido… desconectado?
Tal vez no sea lo mismo para todos, pero si tienes dificultades para encontrar conexión en tu cuórum, eso puede hacer que te sientas solo al ir a la iglesia.
¿Qué puedes hacer cuando la experiencia no es lo que esperabas? Los siguientes son tres consejos que te ayudarán a fomentar un sentimiento de hermandad en el cuórum de élderes.
1. Cultiva relaciones más allá de los domingos
Si te encuentras navegando en tu teléfono y evitando el contacto visual en el cuórum de élderes, intenta algo diferente. ¿Qué pasaría si, en cambio, utilizaras el tiempo antes y después de las lecciones para llegar a conocer a quienes te rodean? Incluso podrías ir un paso más allá e invitar a las personas a reunirse contigo fuera de la Iglesia.
Si creas oportunidades únicas de reunirte con otros hermanos fuera de la iglesia, ¡comenzarás a hacer más amigos y otras personas seguirán tu ejemplo!
“Debemos dejar de buscar motivos para la división y en su lugar buscar oportunidades de ‘se[r] uno’ [Doctrina y Convenios 38:27]”, enseñó el élder David L. Buckner, de los Setenta. “Dividir y conquistar es el plan del adversario para destruir amistades, familias y la fe. Es el Salvador quien une”.
Llega a conocer a los demás y pasa tiempo con personas fuera de la iglesia al participar en pasatiempos compartidos, realizar una noche de juegos en grupo una vez al mes o asistir juntos al templo. Esas cosas ayudarán a que tu cuórum llegue a ser uno.
2. Ministra a todos, especialmente a quienes se te asignó
Si no sabes por dónde empezar, considera ministrar. Ministrar nos da la oportunidad perfecta para tender una mano y cultivar relaciones en el cuórum de élderes. Y no tenemos que limitarnos pensando que debemos ministrar de cierta manera, en un período específico o solo a ciertas personas.
El élder Juan Pablo Villar, de los Setenta, enseñó: “Tenemos hermanos y hermanas que han quedado heridos a un lado del camino de la vida. Puede ser cualquier persona: amigos, familiares, vecinos, miembros de la comunidad e incluso aquellos que están sentados en la capilla con nosotros el domingo […]. La mayoría de los que veamos no tendrán heridas visibles. Muchos sufren en silencio y no piden ayuda. La única manera de estar seguros de nuestra forma de atender el asunto es tratar a los demás con el amor y la compasión que mostró el samaritano. Ministrar a la manera de Cristo significa tener compasión por todos”.
La ministración es un método divinamente señalado para apoyarnos unos a otros espiritual y temporalmente. Todos necesitan ser ministrados y tanto el amor como la compasión son la manera de comenzar.
3. Haz que el tiempo que pasen juntos los domingos sea significativo
Reunirse es poderoso. Como ha dicho el Señor: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Ya seas introvertido o extrovertido, a fin de que las interacciones con tu cuórum sean significativas, cuenta experiencias, apoya a los demás y participa en conversaciones para edificar la fe en Jesucristo.
Una idea es comenzar las reuniones del cuórum de élderes apartando tiempo y permitiendo que los miembros hablen sobre su semana y por lo que están pasando. Interactuar de esta manera puede ayudar a tu cuórum a encontrar apoyo fraternal en sus desafíos con cosas como el consumo de pornografía y los problemas de salud mental, los cuales mejoran con la franqueza, la conexión y la honestidad. También podrían sentirse inspirados por la fe de los demás cuando hablen de cómo han visto la mano del Salvador en su vida desde la última vez que se reunieron.
De igual modo, puedes hacer el esfuerzo consciente de participar en la lección y hacer comentarios. Cuenta acerca de tus experiencias, escucha a los demás cuando cuenten las suyas. Invita a alguien que no conozcas muy bien a sentarse contigo. Tal vez podrías animar a tu maestro a dividir el cuórum en grupos más pequeños para tener análisis más profundos. Ofrécete como voluntario para ayudar a planificar actividades especiales con el cuórum de élderes fuera de las reuniones dominicales que les permitan crear un sentido de unidad.
Recuerda que siempre puedes deliberar en consejo con la presidencia del cuórum de élderes sobre cómo cultivar experiencias espirituales significativas juntos durante la clase; pero sobre todo, sigue el ejemplo del Salvador. Él se hizo amigo de zelotes y pescadores, ministró a centuriones y leprosos y unificó a todos Sus discípulos a pesar de sus diferencias.
Con deseos rectos y con la ayuda del Padre Celestial, puedes ayudar a tu cuórum de élderes a llegar a ser lo que el Salvador espera que sea.