Relatos de las Escrituras
La familia Martins


“La familia Martins”, Relatos de Doctrina y Convenios, 2024

“La familia Martins”, Relatos de Doctrina y Convenios

Abril de 1972–noviembre de 1978

4:16

La familia Martins

En espera de las bendiciones del Señor

Helvécio Martins conduciendo a casa después del trabajo.

Helvécio Martins conducía a su casa después del trabajo en Río de Janeiro, Brasil. La carretera estaba tan llena de autos que ninguno de ellos podía moverse. Helvécio pensó en su vida. Tenía un buen trabajo. Amaba a su esposa, Rudá, y a sus dos hijos, Marcus y Marisa, pero todavía sentía que algo faltaba.

Santos, tomo IV, págs. 254–255

Helvécio orando de rodillas.

Helvécio salió del auto y comenzó a orar. “Dios mío”, dijo, “sé que estás en alguna parte, pero no sé dónde”. Le dijo al Padre Celestial que su familia estaba buscando algo y que necesitaban Su ayuda. Después de eso, Helvécio se subió al auto y se fue a su casa.

Santos, tomo IV, pág. 255

Los Martins saludando a misioneros Santos de los Últimos Días.

Más tarde, el Señor envió misioneros desde los Estados Unidos. Visitaron a la familia Martins. Helvécio notó que traían un espíritu de paz a su hogar. Sabía que, en ese momento, las personas de piel oscura a menudo no recibían un buen trato en los Estados Unidos. Él preguntó: “¿Cómo trata su religión a los negros?”.

Santos, tomo I, págs. 255–256

Los misioneros explicando a los Martins las restricciones del templo y del sacerdocio.

Los misioneros explicaron que todos los hijos de Dios podían ser bautizados, pero en ese momento, las personas negras con antepasados de África no podían poseer el sacerdocio ni recibir la mayoría de las bendiciones del templo. Helvécio y Rudá tenían muchas preguntas más. Los misioneros hicieron lo mejor que pudieron para contestarlas.

Santos, tomo IV, pág. 256

El Presidente de la Iglesia, David O. McKay, arrodillado en oración.

Durante muchos años, los profetas habían orado para saber cuándo se podrían dar las bendiciones del sacerdocio y del templo a todas las personas.

Santos, tomo IV, pág. 79

Los Martins saludando a unas personas en una reunión de la Iglesia.

Helvécio y Rudá decidieron intentar ir a la iglesia. Los santos eran muy amorosos y amables. A la familia Martins le gustaba lo que aprendían en la iglesia.

Santos, tomo I, págs. 256–257

La familia Martins tomando la decisión de ser bautizados.

Un día, de camino a casa después de la iglesia, Marcus le dijo a su familia que notó que parecían más felices. “Sé cuál es la causa”, dijo Marcus. “El Evangelio de Jesucristo”. El resto de la familia sabía que Marcus tenía razón. Decidieron ser bautizados y confirmados.

Santos, tomo IV, pág. 257

Helvécio y Rudá visitando el sitio del Templo de São Paulo, Brasil.

Años más tarde, los santos de Brasil estaban ocupados construyendo un templo. La familia Martins estaba emocionada, pero también triste. No podrían entrar en el templo después de que fuera dedicado. “No te preocupes”, le dijo Helvécio a Rudá. “El Señor lo sabe todo”.

Santos, tomo IV, págs. 322–323

Los Martins hablando con un amigo.

No resultó fácil permanecer fieles. La gente se burlaba de la familia Martins; ni siquiera sus amigos podían entender por qué permanecían en la Iglesia, pero Helvécio y su familia sabían que era la Iglesia de Jesucristo.

Santos, tomo IV, págs. 277–278

Rudá hablando con Helvécio sobre el fin de las restricciones del templo y del sacerdocio.

Un día, cuando Helvécio llegó a casa del trabajo, Rudá dijo: “¡Tengo excelentes noticias!”. Después de mucho ayuno y oración, el profeta, el presidente Spencer W. Kimball, había recibido una revelación. Dios le dijo que cualquier persona, sin importar el color de su piel, podía recibir todas las bendiciones del sacerdocio y del templo.

Declaración Oficial 2; Santos, tomo IV, págs. 350–351

La familia Martins adorando en el templo.

La familia Martins y muchos otros habían esperado tanto tiempo. ¡Ahora la espera había terminado! Helvécio y Marcus recibieron el sacerdocio. Helvécio, Rudá y sus hijos fueron sellados como familia en el templo. Ahora podrían recibir todas las bendiciones del Evangelio.

Santos, tomo IV, págs. 351–353