“Elijah Able”, Relatos de Doctrina y Convenios, 2024
“Elijah Able”, Relatos de Doctrina y Convenios
1838
Elijah Able
Una misión de fe y valor
El Señor llamó a un hombre llamado Elijah Able para ser misionero. Elijah enseñó a Eunice y a Charles Franklin acerca del Evangelio de Jesucristo. Les habló del Libro de Mormón y del profeta José Smith. Eunice y Charles creyeron lo que él enseñó y quisieron unirse a la Iglesia. Elijah los bautizó.
Santos, tomo I, pág. 320–21
Elijah se fue a compartir el Evangelio a otra ciudad. Una noche, unos meses después, soñó con su amiga Eunice. En el sueño, Eunice ya no estaba segura de que el Libro de Mormón fuera verdadero o de que José Smith fuera un profeta. Cuando Elijah se despertó, regresó de inmediato para ver cómo estaba Eunice.
Doctrina y Convenios 75:27; Santos, tomo I, pág. 321
¡Eunice se sorprendió al ver a Elijah en su puerta! El sueño de Elijah era correcto: Eunice ya no creía en el Libro de Mormón ni en José Smith.
Santos, tomo I, pág. 321
Elijah le pidió a Eunice que fuera a escucharlo predicar en una escuela. Al oír las palabras de Elijah, sintió de nuevo el Espíritu Santo. ¡Ella sabía que el Evangelio era verdadero!.
Santos, tomo I, pág. 321
Elijah le prometió a Eunice que regresaría en dos semanas para predicar de nuevo. Pero algunas personas del pueblo no querían que regresara. Después de que Elijah se fue, comenzaron a decirles a todos que él había matado a algunas personas. Ofrecían una recompensa para cualquiera que lo encontrara.
Santos, tomo I, pág. 322
Eunice sabía que la gente estaba mintiendo acerca de Elijah. No había matado a nadie. Era un buen hombre y un siervo de Dios. Sabía que las mentiras de ellos no impedirían que Elijah fuera a predicar a su pueblo. Eunice le dijo al pueblo que Elijah regresaría. “Dios lo protegerá”, dijo ella.
Santos, tomo I, pág. 322
Elijah regresó. Llegó a la misma escuela donde había predicado antes. Estaba llena de gente que quería que lo arrestaran. Elijah se puso de pie ante la congregación. Dijo que si querían arrestarlo, debían hacerlo ahora, antes de que comenzara a enseñar. Si no, deberían dejarlo enseñar.
Santos, tomo I, pág. 322
Nadie se movió. Elijah esperó, pero la congregación permaneció sentada en silencio. Elijah cantó un himno, ofreció una oración y enseñó el Evangelio de Jesucristo. El poder de Dios estaba con él. Cuando terminó de enseñar, habló con sus amigos Eunice y Charles, y continuó su misión en paz.
Santos, tomo I, págs. 322–323