Relatos de las Escrituras
La familia Jackson


“La familia Jackson”, Relatos de Doctrina y Convenios, 2024

“La familia Jackson”, Relatos de Doctrina y Convenios

Mayo–noviembre de 1856

4:1

La familia Jackson

Un viaje de fe y un rescate

La familia Jackson abordando un barco en Liverpool, Inglaterra.

Después de que el primer grupo de santos fue al valle del Lago Salado, miles de otros santos también fueron. Viajaron distancias muy largas y el Señor los ayudó. Una familia que hizo el viaje fue la familia Jackson. Dejaron su hogar en Inglaterra y estaban entusiasmados por ir a ayudar a los santos a edificar Sion.

Doctrina y Convenios 136:1–11; Santos, tomo II, págs. 246–247

Los Jackson viajando en barco.

Los Jackson cruzaron el océano en un barco. Luego tomaron un tren durante parte del trayecto en camino al valle del Lago Salado. Tendrían que caminar el resto del camino.

Santos, tomo II, págs. 246–247

Los Jackson cargando su carro de mano.

Hicieron un pequeño carro de mano para llevar su comida, ropa y otras cosas que querían llevar. Muchos santos llegaron sanos y salvos al valle de esa manera.

Santos, tomo II, págs. 246–250

Los Jackson viajando hacia el Oeste con su carro de mano.

Elizabeth y Aaron Jackson tiraban de su pesado carro de mano. Sus hijos, Martha, Mary y Aaron, hijo, caminaban. Era trabajo que requería mucho esfuerzo. Esperaban llegar al valle antes del invierno, pero, cuando llegó el otoño, todavía les quedaba un largo camino por recorrer. Empezaba a hacer frío y se les estaba acabando la comida.

Santos, tomo II, págs. 247–250, 253, 255–256

Brigham Young pide a los santos de Salt Lake que ayuden a los santos que viajan hacia el Oeste.

En Salt Lake City, Brigham Young se enteró de los santos que iban en camino al valle y se preocupó por ellos. Al día siguiente, en la iglesia, les dijo a todos que esos santos estaban en problemas. Les pidió que llenaran carromatos con cosas que los santos necesitarían. “Vayan y traigan a esas personas”, dijo.

Santos, tomo II, págs. 253–254

Los santos en Salt Lake juntando artículos para ayudar a los santos que estaban viajando hacia el Oeste.

Las mujeres que estaban en la reunión se quitaron los calcetines y los pusieron en los carromatos. Otros dieron su comida, mantas, zapatos y ropa. Dos días después, más de cincuenta hombres y veinte carromatos salieron del valle para ir a ayudar.

Santos, tomo II, pág. 254

Aaron Jackson y otros santos cruzando el río North Platte.

A medida que la familia Jackson seguía caminando, comenzó a nevar. Aaron estaba muy enfermo. Le costaba caminar. Los santos tenían que cruzar un río helado y eso debilitó aún más a Aaron. Esa noche, Aaron murió. Tristemente, su familia tendría que seguir adelante sin él.

Santos, tomo II, págs. 256–259

Los Jackson y otros santos tirando de sus carros de mano en la nieve.

A la mañana siguiente, había más nieve en el suelo. Los Jackson y los otros santos empujaban sus carros de mano y tiraban de ellos a través de la nieve. Oraban todos los días para que Dios los ayudara.

Doctrina y Convenios 136:29; Santos, tomo II, págs. 258–260

Elizabeth Jackson soñando con su esposo.

Una noche, Elizabeth estaba preocupada por sus hijos. Estaban cansados y con frío. ¿Lograrían llegar al valle del Lago Salado? Se quedó dormida y soñó que veía a Aaron. Él dijo: “Anímate, Elizabeth”, y le dijo que llegarían personas para ayudarles.

Santos, tomo II, pág. 260

Unas personas llegando para ayudar a los santos.

Aaron tenía razón. Poco después, los hombres de Salt Lake llegaron con sus carromatos. Les dieron comida y ropa a los santos. Los santos vitorearon, rieron y abrazaron a los hombres. Cantaron un himno y agradecieron al Padre Celestial por contestar sus oraciones.

Doctrina y Convenios 136:28; Santos, tomo II, págs. 260–261

Los santos que viajaban llegando por fin al valle del Lago Salado.

Cuando finalmente llegaron al valle, era domingo. Brigham Young dijo a los miembros de la Iglesia en Salt Lake City que, en lugar de ir a la iglesia, debían ir a dar la bienvenida a los santos que habían llegado. Recibieron a los santos que estaban cansados y sufrían de frío y los invitaron a quedarse en sus casas.

Santos, tomo II, págs. 264–265