Voces de los miembros
Él nunca me ha desamparado
Cuando tenía trece años, tuve un sueño muy especial: me asomaba por la ventana de una casa, desde la cual podía ver la ciudad de Colón y, en el horizonte, la línea del mar. De pronto, vi una ola enorme acercándose, como si fuera un maremoto. Como niña inocente, pensé: “Me agacho y pasa por encima”. Al ver que no ocurría nada, volví a asomarme. La ola se acercaba suavemente y en ella venían dos libros abiertos. Yo me preguntaba: “¿Ese libro es la Biblia? ”. Sin embargo, ese sueño no cobró sentido sino hasta mucho tiempo después.
Fui bautizada el 17 de junio de 1979, a la edad de veintiséis años. Recuerdo que, durante mis primeros meses como miembro de la Iglesia, no tenía un testimonio firme de José Smith como profeta. Sabía que él había sido un instrumento en las manos del Señor, pero no le daba mucha importancia.
Un día, mientras me preparaba para dar una clase a los jóvenes, vi sobre la mesa los dos libros abiertos: la Biblia y el Libro de Mormón. En ese momento, el recuerdo de aquel sueño de mi niñez vino a mi mente con fuerza. Fue entonces cuando comprendí que el Libro de Mormón realmente era lo que los misioneros me habían enseñado. Tenía en ese entonces seis meses de haberme bautizado y, gracias a ese sueño, obtuve mi testimonio tanto del Libro de Mormón como de José Smith.
He pasado por muchos desafíos y actualmente padezco varias enfermedades. Sin embargo, sé que Jesucristo vive y me ama. Siempre recuerdo este pasaje de las Escrituras: “Sé paciente en las aflicciones, porque tendrás muchas; pero sopórtalas, pues he aquí, estoy contigo hasta el fin de tus días”.
Y así ha sido. Él nunca me ha desamparado. Incluso después de la muerte de mi esposo, cuando me quedé sola viviendo en un apartamento, siempre he sentido Su cuidado. A veces llega un nieto o una hermana de la Iglesia a visitarme y, cuando eso sucede, digo con gratitud: “Gracias, Señor, porque siempre me envías ángeles en el momento que más los necesito”.
Con la colaboración de Jessenia Contreras de Paredes.