“El servicio a la manera de Cristo ablandó corazones y abrió puertas en Córcega”, Liahona, enero de 2026.
El servicio a la manera de Cristo ablandó corazones y abrió puertas en Córcega
Al ofrecerse a ayudar a los residentes en todo lo que pudieran, los misioneros de esta isla mediterránea estaban decididos a invitar a las personas a venir a Cristo.
El alcalde de Bastia sabía muy bien que los misioneros que tenía delante suyo eran extranjeros. ¿Por qué, se preguntaba, vendrían jóvenes de otros países y se ofrecerían a ayudar a su pueblo en la isla de Córcega?
Después de una pausa, aceptó su oferta y los desafió a presentarse temprano a la mañana siguiente para pintar su pequeño hotel.
Fieles a su promesa, los jóvenes llegaron a las siete de la mañana, emocionados y listos para renovar el hotel del alcalde en esta pintoresca isla frente a la costa de Francia, en el mar Mediterráneo.
Cuando el alcalde llegó al hotel más tarde ese día y encontró a los misioneros todavía trabajando bajo el sol de la costa, “se sorprendió de vernos allí”, dijo Jake Lowry, uno de los misioneros que prestaba servicio en ese momento.
Asombrado por su disposición a sudar hasta la última gota para ayudar a personas que no conocían, el alcalde suavizó su renuencia y “nos pidió que nos sentáramos y le dijéramos lo que necesitábamos”, dijo el hermano Lowry.
Los misioneros compartieron el Evangelio y contaron que su propósito era bendecir a las personas de la isla de Córcega. Relataron sus dificultades para encontrar un apartamento debido a que los residentes desconfiaban de los forasteros. Unos meses antes, se había sacado a todos los misioneros de la isla por razones de seguridad, pero estos élderes habían vuelto a abrirla para la obra misional.
El alcalde escuchó a los élderes. “A la mañana siguiente”, dijo el hermano Lowry, “nos había conseguido un apartamento bien situado y nos había escrito una nota amable”.
Esa noche, después de instalarse en su nuevo alojamiento, “dos representantes de la alcaldía bien vestidos pasaron a saludarnos y asegurarnos que éramos bienvenidos y que estábamos seguros en la ciudad”, dijo el hermano Lowry.
En poco tiempo, el alcalde y su esposa comenzaron a asistir a las reuniones dominicales de la rama, donde les encantaba cantar los himnos. Al poco tiempo, la esposa del alcalde fue bautizada.
Tierra fértil
A partir de esos sencillos comienzos a principios de la década de 1990, la Iglesia echó raíces en esta isla conocida por ser el lugar de nacimiento de Napoleón Bonaparte. La obra misional pronto floreció. Después de tres meses, más de cuarenta personas asistían a los servicios dominicales en un maravilloso lugar de reuniones, para el cual el alcalde había hecho los arreglos.
“Al mirar atrás, podemos ver que la mano del Señor fue evidente en lo oportuno del momento y en los medios para establecer la Iglesia en la isla de Córcega”, dijo Richard W. Thatcher, entonces presidente de la Misión Francia Marsella, ahora la Misión Francia Lyon.
Sin embargo, que la Iglesia se afianzara en la isla no fue fácil. Los esfuerzos anteriores de tener misioneros allí se recibieron con resistencia y amenazas de peligro. “A principios de la década de 1990, el sentimiento antifrancés latente entre los corsos iba en aumento”, dijo el hermano Thatcher.
Los corsos nativos mostraron su descontento con los forasteros fabricando bombas caseras para destruir negocios y propiedades extranjeras. “No era raro”, dijo el entonces élder Darin Dewsnup, “escuchar múltiples explosiones todos los días en la ciudad. No éramos franceses, pero tampoco corsos”.
A los misioneros se les advirtió de los peligros y, cuando una bomba explotó en su vecindario, los cuatro misioneros de la isla fueron trasladados a otra parte de la misión en la Francia continental.
“Nuestros misioneros ya no estaban en la isla”, dijo el hermano Thatcher, diciendo que ese contratiempo fue una oportunidad para aprender y crecer.
El servicio a la manera de Cristo fue la respuesta
Para comprender mejor los propósitos del cielo, los misioneros se comprometieron a estudiar la vida y el ministerio del Salvador para aprender mejor Sus caminos. Estudiaron Sus actos de servicio y compasión, que incluían alimentar, sanar y amar. Llegaron a la conclusión de que el servicio era importante para ganarse la confianza de las personas y servir a la manera del Señor.
Con un renovado enfoque en servir, en marzo de 1992 se envió a tres misioneros a reabrir la obra en Córcega. Esta vez, fueron enviados a la segunda ciudad más grande de la isla: Bastia. Allí decidieron conocer a la gente de una manera natural en lugar de tocar puertas, lo que a veces había causado temor entre los residentes.
“Nuestras oraciones fueron contestadas. Nos dimos cuenta de que el servicio podía demostrar nuestra sinceridad a la comunidad y ablandar el corazón de las personas que se resistían a los forasteros”, dijo el hermano Thatcher.
Los nuevos misioneros se presentaron a los residentes ofreciendo ayuda en todo lo que podían hacer. Quitaron las malas hierbas de los huertos familiares, arreglaron autos y, en el caso del alcalde, pintaron su desgastado hotel. A menudo hacían amigos y se apreciaban sus esfuerzos. Casi siempre se les pedía que se sentaran a tomar un vaso de “limonata” (limonada) y a que hablaran a las personas sobre la Iglesia, dijo el hermano Thatcher. Pronto, “nuestra suerte cambió drásticamente”.
Una de las primeras referencias condujo al bautismo de la familia Lota, que a su vez condujo a otra referencia. Cuando los misioneros entraron en la casa de la referencia, la madre de la familia, que había estado orando para saber la verdad, “cayó de rodillas y lloró de gratitud al Señor por haber contestado sus oraciones”.
Salvar la brecha
Al principio de su servicio en Bastia, los misioneros se habían ofrecido como voluntarios en el principal hospital católico, pero el monseñor a cargo del hospital rechazó su servicio cuando se enteró de su religión. Él era reacio a que se involucrara a otras religiones cristianas en el hospital.
Un par de meses después, en mayo de 1992, una enorme sección de un estadio de fútbol se derrumbó durante un partido de campeonato, matando a diecinueve personas y enviando a miles de espectadores gravemente heridos al hospital.
Cuando un estadio de fútbol se derrumbó en Córcega, matando a diecinueve personas e hiriendo a miles, los misioneros pasaron largas horas ayudando con la atención supervisada de emergencia en el hospital local.
Fotografía por Craig Peterson
La cantidad de víctimas sobrepasó la capacidad del hospital. Los aficionados heridos llenaron las habitaciones y se hallaban en los pasillos. Algunos fueron trasladados en avión a Francia continental para recibir atención. El monseñor, desesperado por encontrar voluntarios capaces, recordó una tarjeta que los misioneros habían dejado y los llamó para pedirles ayuda.
Durante treinta y seis horas, los misioneros corrieron de una tarea a otra, ayudando con varios tipos de atención supervisada de emergencia, tales como colgar vías intravenosas, aplicar torniquetes, limpiar las habitaciones y mover a los heridos. Dieron bendiciones del sacerdocio a los miembros de la rama heridos en el derrumbe.
Cuando el monseñor observó los incansables esfuerzos de los misioneros, les pidió que se congregaran y los guio por todo el hospital, diciéndoles a los pacientes que los misioneros eran hombres de Dios y que les permitieran bendecir a los heridos.
El hermano Thatcher recuerda: “Gracias a nuestro servicio, nos ganamos el respeto y la admiración de un alto funcionario municipal y de una importante autoridad eclesiástica”. Eso ablandó corazones y ayudó a eliminar la resistencia en la comunidad, dijo él. “Esto fue crucial para el éxito de nuestra labor de proselitismo”.
Jason Soulier, presidente de la Misión Francia Lyon en 2024, dijo: “Hoy en día, los milagros de crecimiento continúan en Córcega, a pesar de las diversas interrupciones. En 2024, catorce miembros de la Rama Bastia viajaron al Templo de París, Francia, para realizar la obra en el templo durante varios días, siendo el grupo más grande que ha viajado desde esta remota isla mediterránea a un templo. Con la ayuda de matrimonios mayores y de cinco hermanas y élderes de tiempo completo llenos de energía, el Señor continúa bendiciendo esta isla paradisíaca con nuevos conversos”.