Liahona
Participantes de la naturaleza divina
Liahona, enero de 2026


“Participantes de la naturaleza divina”, Liahona, enero de 2026.

Participantes de la naturaleza divina

(2 Pedro 1:4)

El conocimiento del Plan de Salvación proporciona una valiosa perspectiva, enriquece nuestro gozo y nos fortalece para superar los desafíos y las adversidades que tenemos.

Ilustración de Cristo llamando a dos discípulos.

Christ Calls Two Disciples [Cristo llama a dos discípulos], por Gary E. Smith

El apóstol Pedro nos recuerda que a los discípulos de Jesucristo “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por medio de su gloria y virtud,

“por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:3–4; cursiva agregada).

El plan del Padre Celestial describe las preciosas y grandísimas verdades y promesas que definen nuestra identidad y propósito eternos.

Como se explica en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”:

“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. […]

“En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por medio del cual Sus hijos podrían obtener un cuerpo físico y ganar experiencia terrenal para progresar hacia la perfección y finalmente lograr su destino divino como herederos de la vida eterna”.

El Padre Celestial promete a Sus hijos que, si siguen los preceptos de Su plan y el ejemplo de Su Hijo Amado, guardan los mandamientos y perseveran con fe hasta el fin, “tendrá[n] la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios” (Doctrina y Convenios 14:7).

La obra de Dios se centra en el progreso y la exaltación de Sus hijos. Cada faceta de Su plan está diseñada para bendecir a Sus hijos e hijas porque “el valor de las almas es grande a [Su] vista” (Doctrina y Convenios 18:10).

El plan del Padre

En el concilio preterrenal, el Padre Celestial presentó a Sus hijos procreados en espíritu Su plan para su progreso y felicidad eternos.

“Haremos una tierra sobre la cual estos puedan morar;

“y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;

“y a los que guarden su primer estado les será añadido; y aquellos que no guarden su primer estado no tendrán gloria en el mismo reino con los que guarden su primer estado; y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás.

“Y el Señor dijo: ¿A quién enviaré? Y respondió uno semejante al Hijo del Hombre: Heme aquí; envíame. Y otro contestó, y dijo: Heme aquí; envíame a mí. Y el Señor dijo: Enviaré al primero.

“Y el segundo se llenó de ira, y no guardó su primer estado; y muchos lo siguieron ese día” (Abraham 3:24–28).

Nótese que en el concilio preterrenal solo se presentó un plan: el plan del Padre. Nuestro Padre Celestial no planteó la pregunta: “¿Qué haremos?”. No pidió comentarios, ni solicitó recomendaciones ni propuestas. Más bien, presentó los elementos básicos de Su plan y preguntó: “¿A quién enviaré?”. La esencia de Su pregunta se centraba en quién debía ser enviado para ejecutar los términos y condiciones de Su plan.

Las consecuencias de la insurrección del adversario también se describen en las Escrituras.

“Pues, por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, y pretendió destruir el albedrío del hombre que yo […] le había dado, y que también le diera mi propio poder, hice que fuese echado abajo […];

“y llegó a ser Satanás […], el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz” (Moisés 4:3–4; cursiva agregada).

Lucifer no presentó un plan que fue rechazado por la mayoría de los participantes en el concilio preterrenal. No es una figura agradable que perdió unas elecciones. ¡Se rebeló! El orgullo, la arrogancia y el egoísmo motivaron su rebelión contra el plan del Padre.

El plan del Padre y el Evangelio del Salvador

El plan describe las obras del Padre y del Hijo que ponen al alcance de toda la humanidad las bendiciones de la vida eterna.

El Evangelio de Jesucristo constituye el medio por el cual podemos recibir las bendiciones prometidas en el plan de Dios, a saber, la doctrina, los principios, las ordenanzas y los convenios que los hombres y las mujeres deben creer y seguir. “Como el Señor Dios vive, no hay otro nombre dado debajo del cielo sino el de este Jesucristo […], mediante el cual el hombre pueda ser salvo” (2 Nefi 25:20). Él es “el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por [Él]” (Juan 14:6; cursiva agregada).

El presidente Russell M. Nelson explicó:

“El plan requería la Creación, lo que, a su vez, requirió la Caída y la Expiación. Estos son los tres componentes fundamentales del plan. La creación de un planeta paradisíaco provino de Dios; la mortalidad y la muerte llegaron al mundo como consecuencia de la caída de Adán [véanse 2 Nefi 2:25; Moisés 6:48], y la inmortalidad y la posibilidad de la vida eterna las suministró el sacrificio expiatorio de Jesucristo [véase 2 Nefi 2:21–28]. […]

“Hemos venido a la tierra por un breve período, para sufrir con paciencia nuestras pruebas y dificultades, y para prepararnos a fin de seguir adelante y en forma ascendente hacia el reencuentro final [véanse Salmo 116:15; Alma 42:8]. Nuestros pensamientos y hechos tendrán sin duda un mayor propósito mientras estemos [en la vida terrenal] si comprendemos el plan de Dios y agradecemos y obedecemos Sus mandamientos” [véase Doctrina y Convenios 59:20–21]”.

Títulos del plan en el Libro de Mormón

Aprendemos verdades importantes al reconocer y estudiar los diferentes títulos del plan del Padre en el Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo. Por ejemplo, considérese la siguiente muestra seleccionada de títulos:

“El misericordioso designio del gran Creador” (2 Nefi 9:6).

“El plan de nuestro Dios” (2 Nefi 9:13).

“El plan de salvación” (Jarom 1:2; Alma 24:14).

“El plan de redención” (Alma 12:25, 26, 30, 32, 33; 42:11, 13).

“El plan de la restauración” (Alma 41:2).

“El plan de felicidad” (Alma 42:16).

“El gran plan de misericordia” (Alma 42:31).

Cada uno de estos títulos nos ayuda a entender más claramente las preciosas promesas del plan del Padre y enriquece nuestra perspectiva sobre los propósitos y el significado de nuestra vida terrenal.

Es significativo que el título que se utiliza con más frecuencia para el plan de Dios en el Libro de Mormón se centra en la redención hecha posible mediante la Expiación de Jesucristo.

Alma declaró: “Ahora bien, si no hubiese sido por el plan de redención, que fue establecido desde la fundación del mundo, no habría habido resurrección de los muertos; mas se instituyó un plan de redención que llevará a efecto la resurrección de los muertos” (Alma 12:25).

También exhortó: “Empezad a creer en el Hijo de Dios, que vendrá para redimir a los de su pueblo, y que padecerá y morirá para expiar los pecados de ellos; y que se levantará de entre los muertos, lo cual efectuará la resurrección, a fin de que todos los hombres comparezcan ante él, para ser juzgados en el día postrero, sí, el día del juicio, según sus obras” (Alma 33:22).

La vía está preparada

Nuestra alma debería henchirse de gratitud al considerar el gran plan de salvación, redención, restauración, misericordia y felicidad de Dios. El conocimiento de Su plan proporciona una valiosa perspectiva, enriquece nuestro gozo y nos fortalece para superar los desafíos y las adversidades que tenemos.

El Padre Celestial anhela que regresemos a casa con Él. Él invita y promete bendiciones, pero nunca obligará, coaccionará ni limitará el ejercicio del albedrío moral que Él nos dio. Debemos actuar y elegir regresar a Él siguiendo el ejemplo de Su Hijo Amado.

Ilustración de la mano de un niño extendiendo la mano hacia Jesucristo.

His Hand Is Stretched Out Still [Aún está extendida Su mano], por Elizabeth Thayer

La vía está preparada, y si queremos mirar, podremos vivir para siempre” (Alma 37:46).

Testifico con gozo que el Padre Celestial es el autor del plan divino para Sus hijos. Jesucristo es nuestro Redentor y Salvador. Y como uno de los apóstoles del Señor en los últimos días, testifico que Él ciertamente es “el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6; cursiva agregada).

Notas

  1. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  2. Véase Russell M. Nelson, “La Creación”, Liahona, julio de 2000, págs. 102, 104.

  3. Para un análisis exhaustivo de los muchos títulos del plan de Dios que se encuentran en el Libro de Mormón, véase Noel B. Reynolds, “The Plan of Salvation and the Book of Mormon”, Religious Educator, tomo XXI, nro. 1, 2020, págs. 31–53.