“Una oración en mi corazón”, Liahona, enero de 2026.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Una oración en mi corazón
El consejo diario de mi madre sobre la oración ha marcado una gran diferencia en mi vida.
Ilustración por Allen Garns
Cuando asistía a la escuela primaria, mi madre siempre me daba el almuerzo, me besaba en la frente y me decía: “Haz tu mejor esfuerzo hoy y recuerda mantener una oración en tu corazón”. Ella decía lo mismo todas las mañanas, incluso durante todo el tiempo que cursé la escuela secundaria.
De hecho, “mantén una oración en tu corazón” fue lo último que me dijo cuando yo estaba por abordar el avión para partir hacia mi misión de dos años en Florida. Me acostumbré tanto a escuchar ese dicho que no pensé mucho en él mientras crecía. Pensé que era algo que su generación siempre decía, como: “Que tengas un buen día”.
Como misionero de tiempo completo, aprendí a hablar algo de español mientras servía en Miami, Florida, EE. UU. Descubrí que nuestros nuevos amigos, muchos de Cuba y Puerto Rico, eran como mi mamá. Cada familia que visitábamos nos enviaba con un deseo entrañable similar: “Vaya con Dios”.
Cuando finalmente comencé a entender lo que mi madre quería decir, comencé a buscar maneras de realmente mantener una oración en mi corazón. Al hacerlo, mi gratitud por el Padre Celestial y Su Hijo, Jesucristo, aumentó. Experimenté una perseverancia más profunda en tiempos de pruebas y dificultades. Sentí un mayor amor por mis padres y aprecio por los sacrificios que habían hecho por mí.
Un día leí acerca de la visita del Salvador a los nefitas después de Su Resurrección. El segundo día de Su visita, “mandó a sus discípulos que orasen”. Mientras oraban, el Salvador también oró, hablando palabras “grandes y maravillosas”. Cuando hubo terminado, mandó a la multitud “que no cesaran de orar en sus corazones” (3 Nefi 19:17, 34; 20:1).
Una manera de hacerlo es pensar en la oración como un marco, el cual rodea nuestras actividades diarias. Ese marco de oración, junto con el amor y la gratitud, nos ayuda a centrarnos en el Salvador y a guardar nuestros convenios.
Estoy agradecido por el consejo diario de mi madre de “no cesa[r] de orar” en mi corazón. Ha marcado una gran diferencia en mi vida.