2025
Del miedo a la fe
Septiembre de 2025


Voces de los miembros

Del miedo a la fe

Hace unas semanas decidí hablar con mi presidente de estaca sobre algo que había guardado dentro de mí durante mucho tiempo. Aunque he tenido una imagen del templo en mi mesita de noche por más de diez años y siempre he tenido una recomendación para el templo, nunca había entrado realmente. Un miedo silencioso me había impedido dar ese paso.

Lo que lo hacía aún más difícil era que había estado profundamente involucrada en el éxito de muchos eventos relacionados con el templo en Haití, incluyendo la colocación de la piedra angular durante la dedicación del Templo de Puerto Príncipe, Haití, como miembro del Consejo de Comunicaciones de Haití, y había ayudado a promover el templo de muchas maneras. Y aun así, yo aún no había entrado.

Le dije a mi presidente de estaca que no era falta de fe, sino un miedo que no podía superar. Al haber crecido en la Iglesia, siempre he tratado de ser una discípula fiel de Cristo. Pero la idea de entrar al templo me abrumaba. Tal vez era la santidad del lugar o el sentimiento de que no estaba lista o digna, aunque deseaba ir.

Él me escuchó con amabilidad y me animó a orar pidiendo ayuda para superar ese miedo. Tomé en serio su consejo. Al comenzar el nuevo año, me arrodillé en oración y sentí que finalmente era el momento de avanzar. Ya no quería perderme las bendiciones del templo por causa de mis dudas. Le dije al presidente de estaca que estaba lista para ir y él respondió con palabras que nunca olvidaré: “Que la Luz de Cristo ilumine tu progreso mientras caminas por la senda de los convenios y te ayude a superar tu miedo”. Esas palabras me dieron fuerza y paz.

Hice planes para ir al templo con mi madre el 3 de enero de 2025, un día que nunca olvidaré. Estaba nerviosa pero emocionada. Justo antes de salir, recibí una llamada sorpresa: una oración largamente esperada por fin había sido contestada. Después de varios rechazos, me informaron que una solicitud por la que ya había perdido la esperanza había sido aprobada. Sentí que era un mensaje directo del cielo, una señal de que Dios había estado escuchando todo el tiempo.

Con el corazón lleno de gozo, entré al templo por primera vez. El presidente del templo y su esposa me dieron una cálida bienvenida, plenamente conscientes del significado de ese momento para mí. Su amabilidad ayudó a calmar los miedos que aún quedaban y sentí una paz profunda.

Durante la sesión del templo, cada palabra tocó mi alma. Sentí una claridad y un gozo que nunca antes había experimentado. Supe que estaba en un lugar sagrado de revelación y bendiciones. Después, el presidente del templo me acompañó hasta la puerta. Ese simple acto me hizo sentir amada y apoyada.

Pero las bendiciones no terminaron allí. Al regresar a casa, recibí una segunda confirmación: otra respuesta a la misma oración, pero a través de una persona diferente. Fue como si el Señor quisiera que estuviera absolutamente segura de que Él me había escuchado. Recibir dos respuestas a la misma oración fue un poderoso testimonio de Su amor y misericordia.

Mientras reflexionaba sobre todo, vinieron a mi mente las palabras del presidente Russell M. Nelson:
“Es significativo que el Salvador decidiera aparecerse a las personas en el templo. Es Su casa y está llena de Su poder. […] Prometo que aumentar el tiempo que pasan en el templo bendecirá su vida como nada más puede hacerlo”.

Ese día me cambió. Superé un miedo que me había pesado por años. Sentí el amor y la guía de Dios más claramente que nunca. Ahora sé que el templo verdaderamente es un refugio, un lugar sagrado al que seguiré regresando por luz, dirección y paz.