Mensaje de la Presidencia de Área
Compartir el Evangelio
A mediados de 1982, los misioneros llegaron a nuestro hogar. Los recibimos con curiosidad, sin saber exactamente cuál era su función ni el impacto que su mensaje tendría en nuestras vidas. Al recordar ese maravilloso tiempo, mi corazón se llena de gratitud por esa gloriosa bendición. Sin duda, estos discípulos del Salvador cambiaron el rumbo de nuestra familia y en particular el mío. Conocer el Evangelio restaurado de Jesucristo hizo toda la diferencia, dándonos visión para enfrentar los desafíos de esta vida y perspectiva para prepararnos para la eternidad.
Hace mucho tiempo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo dio un mandamiento divino a Sus amados discípulos: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19–20).
Este mandamiento no ha sido revocado, con el inicio de la dispensación del cumplimiento de los tiempos, y la dirección profética de recoger a Israel, ha cobrado mayor relevancia. Por tal razón, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una iglesia misionera que acepta la responsabilidad de invitar a todos, y en todas partes del mundo, a conocer y hacer convenios con nuestro Salvador.
En Doctrina y Convenios, se nos exhorta a prepararnos y asumir la tarea de predicar el Evangelio, indicando que “el campo blanco está ya para la siega” (D. y C. 4:4), que “todo hombre oirá la plenitud del evangelio en su propia lengua y en su propio idioma” (D. y C. 90:11), y que es nuestro el deber porque “todavía hay muchos en la tierra [...] y no llegan a la verdad solo porque no saben dónde hallarla” (D. y C. 123:12).
El élder Gary E. Stevenson, en la Conferencia General de abril de 2022, destacó tres principios fundamentales para cumplir con la gran comisión del Salvador en nuestra vida diaria:
Amar: Amar a los demás es la manifestación del segundo gran mandamiento de amar a nuestro prójimo. Al mostrar amor cristiano por nuestro prójimo, predicamos el Evangelio, incluso sin palabras.
Compartir: Compartimos regularmente cosas que nos gustan con otras personas. De manera similar, podemos compartir lo que amamos del Evangelio de Jesucristo en nuestras interacciones cotidianas.
Invitar: Podemos extender diversas invitaciones a los demás, como asistir a un servicio sacramental, participar en una actividad de barrio o leer el Libro de Mormón. Estas invitaciones permiten a otros experimentar las bendiciones del Evangelio.
Existen maneras muy simples y naturales de aplicar estos principios en nuestra vida diaria y participar en la obra misional:
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Orar cada día por oportunidades misionales.
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Vivir el Evangelio con alegría, esta puede ser la mejor manera de enseñar.
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Servir a los demás, el servicio desinteresado abre corazones.
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Testificar con amor y sencillez, compartir con humildad lo que sabes.
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Invitar a tus amigos a las actividades de la Iglesia.
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Compartir mensajes inspiradores en las redes sociales.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Tenemos la sagrada responsabilidad de compartir el poder y la paz de Jesucristo con todos los que escuchen”.
La obra misional bendijo mi vida para siempre. No solo recibí el Evangelio, sino que he visto sus frutos en mi familia y amigos.
Es mi testimonio que la paz y felicidad duradera vienen a través del Evangelio restaurado de Jesucristo y que tenemos el privilegio de llevar ese gozo a todos los que nos rodean y ser instrumentos en las manos del Señor.