Mensaje de la Presidencia de Área
Compartir el Evangelio
Pensar en compartir el Evangelio es traer a mi corazón un sentimiento de inmensa gratitud al Señor, quien me dio la oportunidad de conocer y aceptar Su palabra. También viene a mí un sentimiento de agradecimiento a quienes tuvieron el amor y la dedicación para compartir conmigo y mi familia el Evangelio restaurado.
Si lo pensamos bien, todos estamos recibiendo las bendiciones del Evangelio porque alguien lo compartió con nosotros. La obra misional es impulsada por el amor de Dios y el de Sus hijos. Participar en la predicación del Evangelio es amar al Salvador y ayudarlo en Su obra para que todos tengan la oportunidad de conocerlo y ser bautizados y confirmados en Su Iglesia, tal como se menciona en Juan 3:5, cuando Jesús le indica a Nicodemo que el bautismo es una condición para entrar en el reino de los cielos.
Además, el Señor mandó a Sus seguidores a que compartieran el Evangelio por todo el mundo cuando dijo: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Este mandato del Señor se une a los sentimientos de amor por nuestros semejantes al querer que otros también gocen de la salvación y las bendiciones que trae el Evangelio. Sentimiento que se muestra en las palabras de Lehi: “Y al comer de su fruto, mi alma se llenó de un gozo inmenso; por lo que deseé que participara también de él mi familia, pues sabía que su fruto era preferible a todos los demás” (1 Nefi 8:12).
Compartir el Evangelio trae consecuencias eternas
Tal vez nunca dimensionaremos el impacto generado en la vida de las personas al compartir el Evangelio. Probablemente muchos misioneros de proselitismo enseñaron a diversas familias de padres jóvenes con hijos pequeños, quienes crecieron en el Evangelio cambiando sus vidas para siempre. Algunos de esos niños pequeños, llegado el momento, sirvieron como misioneros, formaron familias eternas y hoy continúan sirviendo en la obra del Señor.
Los misioneros de aquella época, ¿se darán cuenta de cómo el Evangelio ha impactado la vida de las personas a las que enseñaron? ¿Habrán imaginado que años más tarde muchas de esas personas seguirían en la senda de los convenios? ¿Visualizan que muchos de esos niños se sellaron con sus familias por la eternidad y que su progenie continua heredando las bendiciones de los cielos? Quizás sea incalculable los maravillosos cambios que trae el Evangelio en la vida de las personas, en mi propia experiencia fue así.
Todos podemos ser instrumentos en las manos del Señor para compartir el Evangelio y cambiar eternamente la vida de otras personas con nuestro ejemplo en la vida cotidiana, testificando del amor del Salvador e invitando a todos a venir a Él.
Sé que compartir el Evangelio de Jesucristo bendice la vida de quienes lo aceptan y de quienes se esfuerzan por predicarlo. Sé que la obra misional es la puerta de entrada para alcanzar la vida eterna. Sé que testificar de Cristo, mi amado Salvador y Redentor, es fundamental en el recogimiento de Israel.