2025
El templo, mi hogar
Marzo de 2025


Voces de los miembros

El templo, mi hogar

“Y para que todas las personas que pasen por el umbral de la casa del Señor sientan tu poder y se sientan constreñidas a reconocer que tú la has santificado y que es tu casa, lugar de tu santidad” (D. y C. 109:13).

Desde el año pasado me alejé de la Iglesia. Sentía que el Padre Celestial no escuchaba mis oraciones, sentía que no me respondía. Me encerré en un problema que no quería afrontar. Poco a poco fui formando a mi alrededor una coraza para evitar todo lo que podría venir. Así también fui esquivando el Evangelio y el ir a la capilla los domingos, que era todo lo que me hacía bien.

El Evangelio siempre me hizo feliz y me hacía sentir que era diferente. Pero al estar mal, buscaba alejarme de todo y de todos.

Un día, mi prima Diana, junto con su esposo, Brian, me invitaron al templo para que cuidara a mi sobrinito, Santiago, mientras ellos entraban al templo. Y me dije: “Bueno, solo voy a ir para cuidarlo, nada más”.

El día anterior a la salida estaba muy nerviosa y asustada. Sentía una presión en el pecho que traté de calmar convenciéndome de que iba solo para cuidar a mi sobrinito. Además, personalmente no creía ser digna para ir a la casa del Padre Celestial. Entonces hice una oración en mi interior y me dije: “Vamos a ver qué pasa mañana”.

Llegó el viernes, me levanté temprano y fui a la casa de ellos. El viaje se me hizo eterno ya que nos equivocamos de colectivo y terminamos tomando siete colectivos para poder llegar, sumado a que cada vez hacía más calor. Comencé a sentirme frustrada por el largo viaje y me asustaba el hecho de no saber si nos alcanzaría el dinero para todos los pasajes. A pesar del agotamiento físico traté de mantenerme fuerte.

Finalmente cuando llegamos, algo me decía que yo no tenía que entrar. La presión que sentía en el pecho era como un montón de emociones corriendo por todos lados. Pero cuando atravesé la entrada todo eso desapareció. Percibí que me encontraba en otro lugar, no en el templo. Me encontraba en casa, junto a mis familiares. Las voces en mi cabeza enmudecieron y todo lo negativo se había ido. Le pedí a mi prima y a su esposo que me dieran un tiempo para poder caminar por los jardines. Mientras caminaba volqué todos mis pensamientos, ideas y emociones. Fui hasta la fuente que está al costado del templo, en donde si uno levanta la vista puede ver la estatua del ángel Moroni.

En ese momento la coraza que me había armado se rompió. Supe que mi Padre Celestial me estaba escuchando, por más que yo hubiera sentido que no.

El Señor me despojó de todos los sentimientos negativos para que pudiera volver a sentir el deseo de entrar al templo, que pudiera recorrer los jardines sintiendo Su Espíritu.

Tal como enseñó el presidente Russell M. Nelson en la última conferencia: “En el templo recibimos protección contra los embates del mundo. ¡Experimentamos el amor puro de Jesucristo y de nuestro Padre Celestial en gran abundancia! Sentimos paz y seguridad espiritual, en contraste con la turbulencia del mundo”.

Esta fue para mí una experiencia única, un antes y un después en mi vida. Estoy agradecida por haber ido aun con toda la ansiedad y negatividad que sentía, dejando que el Padre Celestial me ayude, dejando todo en Sus manos.

Yo sé realmente que el templo es la casa de nuestro Padre Celestial, que realmente ahí está el Espíritu Santo, Su presencia está en ese lugar. Sé que no hay lugar más puro y digno que el templo. Sé que el templo es una de mis casas, que puedo estar segura allí.

Sé que todas las ordenanzas que allí se hacen son sagradas. Amo el templo y sé que el Padre Celestial quiere que yo esté ahí.

Nota

  1. Presidente Russell M. Nelson, “El Señor Jesucristo vendrá de nuevo”, Conferencia General de octubre de 2024.