2025
Himnos que me acercan al cielo
Liahona, diciembre de 2025


Voces de los miembros

Himnos que me acercan al cielo

Tengo treinta y nueve años y soy miembro de la Iglesia desde que nací. Amo la música, es parte de mi vida.

Hace casi dos años, comencé a escuchar y a usar los nuevos himnos. Cada melodía y cada letra han sido una respuesta para mi corazón. Estos himnos han llenado mi alma y me han fortalecido aún más en el Evangelio.

El pasado 22 de agosto, tuve la bendición de ver a El Coro del Tabernáculo en vivo. Fue una experiencia única, maravillosa y profundamente espiritual. De allí surgieron sentimientos que deseo compartir.

Desde niña, mis padres me enseñaron con amor y dedicación a alabar a Dios.

Maestras como María Luisa Tevez me enseñaron el compás; Lita Jorge, con sus melodías al piano, me enseñó a cantar con el corazón.

A los nueve años, Mesila Aguilar me guio con ternura y, junto a un violín, me ayudó a descubrir que soy hija de Dios. Fue allí donde conocí por primera vez lo que era un coro, y fui feliz.

La música me acompañó en mi crecimiento. Martín Aguilar me orientó en cada presentación. En la adolescencia, Silvina Teves me ayudó a formar mi voz. Con temor, pero guiada por su seguridad, seguí aprendiendo. Más adelante, junto a Mariana Russo —mi presidenta de las Mujeres Jóvenes—, me animé a dirigir. Con la fuerza del Señor, pude cantar y más de una vez sentí que estaba junto a ángeles.

En los himnos encontré fuerza.

Firmeza en la fe (“Firmes creced en la fe”, Himnos, nro. 166).

Poder en la oración (“¿Pensaste orar?”, Himnos, nro. 81).

Testimonio de la Primera Visión (“La oración del Profeta”, Himnos, nro. 14).

Seguridad de que viví con Dios y de que Él es mi Padre (“Oh mi Padre”, Himnos, nro. 187).

La certeza de que Jesucristo vive, que es mi Salvador y que me ama (“Yo sé que vive mi Señor”, Himnos, nro. 73).

Conocí a los profetas del Libro de Mormón en la Primaria (“Los libros del Libro de Mormón”, Canciones para los niños, pág. 63) y sentí que los cielos se abrían y que los ángeles nos acompañaban (“Para siempre Dios esté con Vos”, Himnos, nro. 89).

Dios siempre está con nosotros.

Los años pasaron y, con cada nota, pude acercarme más al Señor y a Su amor.

Hoy, luego de treinta años cantando en el coro, pude sentir el amor de mi Padre Celestial al estar presente en ese evento con El Coro del Tabernáculo. Sentí que los ángeles cantaban allí. No solo por el poder del Espíritu que nos rodeaba, sino por la alegría de saber que el Señor mismo estaba entre nosotros.

100 años de predicación.

100 años de servicio.

100 años de amor.

100 años de testimonios.

100 años de fortaleza.

100 años de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Sudamérica.

Amo el Evangelio. Sé que Dios me ama, me escucha, me fortalece y me ha regalado los himnos para poder escuchar Su voz y Sus enseñanzas.

Sé con certeza que Jesucristo es nuestro Salvador.