Voces de los santos
Un llamado al servicio: Mi misión en las islas Canarias
Desde el primer momento en que sentí el Espíritu impulsándome a servir, supe que debía embarcarme en una misión de tiempo completo. Sin expectativas ni destinos preferidos, me aventuré a las islas Canarias entre 1992 y 1993, un periodo que transformó mi vida para siempre.
Servir en el campo misional fue una experiencia enriquecedora que me permitió desarrollar habilidades que no sabía que tenía. Aprendí a seguir las impresiones del Espíritu, el cual me guiaba a las personas que necesitaban ayuda y estaban listas para escuchar el Evangelio. Este proceso no solo me hizo más empática y sociable, sino que también me ayudó a desarrollar mi talento para enseñar.
Durante mi tiempo en la misión, aprendí inglés, lo cual me abrió las puertas a un trabajo que amo: soy profesora de inglés y, además, brindo soporte secretarial tanto en la escuela como a los profesores. Tengo un don para conectar con las personas, algo que se fortaleció gracias a mi servicio misional.
Recomiendo a todos los jóvenes, sin dudarlo, que vayan a la misión. Es una oportunidad para crecer como persona, desarrollar habilidades inesperadas, aprender nuevos idiomas y culturas y, sobre todo, fortalecer y aumentar tu testimonio de Jesucristo. Todo lo que dejas atrás mientras estás en la misión será poco comparado con las bendiciones que recibirás.
En definitiva, la misión vale la pena en todos los sentidos.