Artículo de los líderes del Área Caribe
La Pascua de mi infancia
Una de las épocas favoritas de mi niñez era la época de la Semana Santa, aunque no entendía el significado y lo sagrado de la época.
Me encantaban las tradiciones que mi amada madre había establecido, sobre todo las que tenían que ver con la gastronomía; mi madre, doña Negra, era una ferviente creyente católica. Durante la cuaresma, un período de cuarenta días de preparación espiritual para la Pascua que se celebra en la Iglesia católica y otras iglesias cristianas, seguimos ciertas prácticas.
Durante ese período, los miércoles y los viernes no se comía carne. El menú en mi casa siempre era arroz, gandules, huevos fritos, berenjena fritas (torrejas), ensaladas verdes y bacalao. Y luego mi madre preparaba la habichuela con dulce. Amaba esa comida hecha por mi madre, pero no fue hasta que crecí y fui bautizado en La Iglesia de Jesucristo de Los Santos de los Últimos Días que empecé a entender y a valorar lo importante y sagrado de esta época y por qué celebramos la Pascua.
De uno de los apóstoles, el presidente Jeffrey R. Holland, aprendí: La fiesta de Pascua, instituida en el antiguo Israel, recordaba al pueblo que “Jehová [los] sacó con mano fuerte de Egipto, de la casa de servidumbre” (Éxodo 13:14). Así, esta celebración anual ayudaba a los israelitas a tener presente que el Señor los había liberado de la muerte y del cautiverio.
Con la Expiación y la Resurrección de Jesucristo, el Cordero de Dios, el Señor nos liberó de la muerte física y espiritual al darnos la oportunidad de quedar limpios de nuestros pecados. Por eso, el rito de la Pascua de sacrificar las primicias del rebaño fue sustituido por la ordenanza de la Santa Cena y, al participar de ella, “los hijos de la promesa han estado bajo convenio de recordar el sacrificio de Cristo en esta forma nueva, más perfecta, más santa y personal” y “por ser tan trascendental, esta ordenanza, que conmemora nuestra liberación del ángel de las tinieblas, debe tomarse con más seriedad de la que por lo general se le da. Debe ser un momento importante, reverente, de reflexión; que promueva sentimientos e impresiones espirituales […].
¿La consideramos como nuestra Pascua, la forma de recordar nuestra protección, salvación y redención?”.
Para la mayoría de las personas esta no es más que una fecha festiva, la cual se aprovecha para hacer muchas cosas mundanas que nos alejan del verdadero espíritu de la Pascua. Debemos procurar que en nuestras familias se establezcan prácticas que promuevan la comprensión del sacrificio expiatorio y que nuestros hogares se llenen de gratitud por la dádiva del Padre y del Hijo.
Estas palabras del profeta José Smith añaden un contexto adicional a la importancia de los acontecimientos relacionados con la Pascua: “Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los Apóstoles y de los profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente apéndices de eso”.
En su mensaje titulado “El relato más grandioso de la Pascua de Resurrección que se haya contado”, el élder Gary E. Stevenson nos exhortó: “Quizás todos podríamos considerar la pregunta que nosotros nos hemos planteado: ¿Cómo logramos que la enseñanza y la celebración de la resurrección de Jesucristo —el relato de la Pascua— tenga el mismo equilibrio, plenitud y rica tradición religiosa que el nacimiento de Jesucristo —el relato de la Navidad—?”
Todos lo estamos intentando. Observo un esfuerzo cada vez mayor entre los Santos de los Últimos Días por celebrar la Pascua de un modo más centrado en Cristo, lo cual incluye un reconocimiento mayor y más contemplativo del Domingo de Ramos y del Viernes Santo […]. También podríamos adoptar las tradiciones de Pascua apropiadas y centradas en Cristo que se hallen en las culturas y costumbres de países de todo el mundo.
N. T. Wright, erudito del Nuevo Testamento, sugirió: “Debemos dar pasos en pos de celebrar la Pascua de Resurrección de nuevas maneras creativas: con arte, literatura, juegos para niños, poesía, música, baile, festivales, campanas, conciertos especiales […]. Es nuestra mayor festividad. Si quitáramos la Navidad, en términos bíblicos, perderíamos dos capítulos al comienzo de Mateo y Lucas, y nada más. Si quitáramos la Pascua, desaparecería el Nuevo Testamento; no tendríamos cristianismo”.
El presidente Thomas S. Monson (1927–2018) dijo:
“No hay palabras en la Cristiandad que signifiquen más para mí que las pronunciadas por el ángel a las acongojadas María Magdalena y la otra María cuando, el primer día de la semana, fueron a la tumba para atender el cuerpo de Su Señor. Dijo el ángel: ‘¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado’ (Lucas 24:5–6)”.
Ruego que el Señor nos bendiga para poder entender la magnitud de lo que nuestro Señor Jesucristo hizo por nosotros. Es necesario establecer en nuestros corazones y en el de nuestra posteridad un mayor entendimiento y gratitud por la Expiación y por la celebración de la Pascua.
El presidente Monson continuó:
“Nuestro Salvador volvió a la vida. El acontecimiento más glorioso, reconfortante y tranquilizador de la historia de la humanidad se había llevado a cabo: la victoria sobre la muerte. El dolor y la agonía de Getsemaní y del Calvario se habían borrado; la salvación de la humanidad se había asegurado; la Caída de Adán se había resuelto.
“La tumba vacía de esa primera mañana de Pascua era la respuesta a la pregunta de Job: ‘Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? ’ (Job 14:14). A todos los que estén al alcance de mi voz, declaro: si un hombre muriere, volverá a vivir. Lo sabemos, pues tenemos la luz de la verdad revelada.
“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos’ (1 Corintios 15:21). …
“… Hace dos semanas recibí una carta conmovedora de un padre de siete hijos que escribió acerca de su familia y, en particular, acerca de su hijo Jason, quien había contraído una enfermedad a los once años de edad. En los años siguientes, la enfermedad de Jason se hizo recurrente varias veces. Este padre comentó la actitud positiva de Jason y su temperamento alegre a pesar de los problemas de salud. Jason recibió el Sacerdocio Aarónico a los doce años y siempre magnificó sus responsabilidades con buena voluntad y de forma excelente, se sintiera bien o no. A los catorce años logró el rango de Águila en el Escultismo.
“Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:22).
“El verano pasado, poco después de que Jason cumpliera quince años, tuvieron que volver a internarlo en el hospital. En una de sus visitas, el padre encontró a Jason con los ojos cerrados. Sin saber si su hijo estaba dormido o despierto, comenzó a hablarle en voz baja. ‘Jason’, le dijo, ‘sé que has pasado por muchas dificultades en tu corta vida y que tu condición actual es difícil. Aunque tienes una gran batalla por delante, quiero que nunca pierdas tu fe en Jesucristo’. El padre dijo que se sobresaltó cuando Jason abrió los ojos de inmediato y dijo: ‘¡Nunca! ’ con voz clara y resuelta. Luego Jason cerró los ojos y no dijo nada más.
“Su padre escribió: ‘Con esa sencilla declaración, Jason expresó uno de los testimonios de Jesucristo más poderosos y puros que yo haya escuchado… Cuando su afirmación ‘¡Nunca!’ se grabó en mi alma ese día, mi corazón se llenó de gozo porque mi Padre Celestial me había bendecido con ser el padre de un joven tan grandioso y noble… [Esa] fue la última vez que lo oí declarar su testimonio de Cristo’.
“Aunque la familia esperaba que esa fuese solo otra hospitalización de rutina, Jason falleció en menos de dos semanas. En ese momento, servían como misioneros un hermano y una hermana mayores de Jason. Otro hermano, Kyle, acababa de recibir su llamamiento misional; de hecho, el llamamiento llegó antes de lo esperado y el 5 de agosto, solo una semana antes de que Jason falleciera, la familia se reunió en el cuarto del hospital para abrir la carta del llamamiento misional de Kyle y compartirlo con toda la familia.
“En la carta que me escribió este padre, también envió una fotografía de Jason en la cama del hospital con su hermano mayor Kyle a su lado con el llamamiento misional en la mano. Al pie de la fotografía habían escrito: ‘Llamados a servir sus misiones juntos, a ambos lados del velo’.
“El hermano y la hermana de Jason que servían en la misión enviaron a casa hermosas cartas de consuelo para que se leyeran en el funeral. Su hermana, que servía en la Misión Argentina Buenos Aires Oeste, escribió en la carta: ‘Sé que Jesucristo vive, y porque Él vive, todos nosotros, incluso nuestro querido Jason, también viviremos otra vez… Podemos recibir consuelo por el conocimiento seguro que tenemos de que hemos sido sellados como familia eterna… Si nos esforzamos al máximo para obedecer y ser mejores en esta vida, lo veremos [otra vez]’. Continuó: ‘[Un] pasaje de las Escrituras que siempre he amado ahora cobra nuevo significado e importancia para mí… Apocalipsis, capítulo 21, versículo 4: ‘Y enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de ser’.
“Mis queridos hermanos y hermanas, en el momento de nuestro más hondo pesar, nos pueden brindar profunda paz las palabras del ángel en esa primera mañana de Pascua de Resurrección: ‘No está aquí, sino que ha resucitado’ (Lucas 24:6)”.
Dios vive, Él es nuestro amado Padre Celestial. Estoy muy agradecido por entender ahora un poco más de lo que mi Salvador hizo de manera voluntaria por mí. Él fue herido, molido, castigado. Él sufrió mis dolores, aflicciones y enfermedades. Él es mi Salvador. Y comparto esto en su dulce nombre. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Para obtener ideas sobre cómo celebrar una Pascua centrada en Cristo, consulte “Hacer de la Pascua de Resurrección una época para recordar al Salvador” en la revista Liahona de abril de 2023.