Lema para los jóvenes 2026
“Anda conmigo”: Vamos a analizarlo
El lema de este año tiene dos palabras, pero cada una de ellas tiene mucho que enseñarnos.
Al igual que el lema para los jóvenes del año pasado, “Mira hacia Cristo”, el lema de este año, “Anda conmigo”, es una figura retórica. En esta vida, la mayoría de nosotros no tendremos la oportunidad de ver al Salvador ni de andar con Él literalmente. Entonces, ¿qué significa “andar” con alguien que no está físicamente presente? Desglosémoslo.
Anda
Cuando el Señor llamó a Enoc a ser un profeta, le dio una promesa: “Justificaré todas tus palabras; y las montañas huirán de tu presencia, y los ríos se desviarán de su cauce; y tú permanecerás en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo” (Moisés 6:34).
Si se te prometiera que andar con Dios significara que Él apoyaría tus palabras, quitaría los obstáculos de tu camino y estaría siempre contigo, no habría razones para no andar con Él.
Buenas noticias: se te ha prometido esto, tal vez tan recientemente como el domingo pasado. Cuando tomas la Santa Cena, prometes “recordarle siempre, y […] guardar sus mandamientos”; en otras palabras, andar con Él. ¿Por qué lo haces? “Para que siempre pueda[s] tener su Espíritu con[tigo]” (Doctrina y Convenios 20:77; cursiva agregada).
Notarás que el Señor no le dijo a Enoc: “Quédate aquí y mira alrededor conmigo”. No dijo: “Siéntate y descansa conmigo un rato”. Él dijo: “Anda conmigo”. Debemos actuar de acuerdo con las impresiones espirituales que recibamos, hacer y decir lo que creemos que es correcto.
Como dijo el presidente Marion G. Romney (1897–1988), consejero de la Primera Presidencia: “El Señor nos ayud[a] […] solo […] cuando nosotros mismos hacemos un esfuerzo de nuestra parte”.
Sin embargo, observa qué más no dijo el Señor. No dijo: “Corre conmigo”. Tampoco dijo: “Salta conmigo todos tus obstáculos sin esfuerzo”. Él no nos pide que “corra[mos] más aprisa de lo que [nuestra]s fuerzas [nos] permiten” (Mosíah 4:27). No espera que nos movamos constantemente a toda velocidad, ni que no cometamos errores o que no nos desanimemos. Él solo quiere que sigamos adelante.
Con-
Andamos con el Salvador. No delante de Él. ¡Definitivamente no lejos de Él!
Cuando estás literalmente caminando con alguien, caminas a su lado, pero en esta metáfora, nos quedamos un poco atrás del Salvador. Él guía y nosotros lo seguimos de cerca.
El camino correcto no “conduce” a Jesús, ¡Él también forma parte del camino! ¡Recuerda la Santa Cena! El Señor, por medio de Su Espíritu, siempre estará contigo, mientras lo sigas invitando.
Al Padre Celestial y a Jesucristo no les preocupa tanto en qué punto del camino te encuentras, sino en qué dirección miras. Ellos se reunirán contigo dondequiera que estés. Tampoco importa lo lento que camines.
-migo
Debemos actuar (ANDA). Debemos hacerlo de acuerdo con los mandamientos de Dios y las impresiones del Espíritu (CON-). Y debemos hacer todo esto únicamente con Jesucristo (-MIGO).
(Puesto que Jesucristo, Su Padre Celestial y el Espíritu Santo son todos uno en propósito —véanse Juan 10:30; 17:21; Doctrina y Convenios 35:2—, es correcto decir que “andas con Dios”, “andas con el Salvador”, “andas con el Espíritu” o algo por el estilo).
Hay muchas voces que se pueden seguir en este mundo. No faltan influyentes, celebridades y políticos a los que les gustaría que “and[uvieses]” con ellos (o que al menos les dieras dinero). Lo que otros digan puede ser útil, pero solo si se alinea con las enseñanzas del Salvador.
Anda con Él.