Para la Fortaleza de la Juventud
Tres maneras de rechazar a Satanás y elegir a Jesucristo
Para la Fortaleza de la Juventud Enero de 2026


Tres maneras de rechazar a Satanás y elegir a Jesucristo

Comprender lo que sucedió en la vida preterrenal puede ayudarte a tomar buenas decisiones ahora.

una mujer joven

Ilustración por Dean MacAdam

Cuando el Padre Celestial presentó Su plan para nuestra felicidad y progreso eternos, prometió enviar un Salvador a fin de ayudarnos. En el momento en que preguntó: “¿A quién enviaré?” (Abraham 3:27), Jesucristo, el “Amado y […] Escogido [del Padre] desde el principio” (Moisés 4:2), dijo: “Heme aquí; envíame a mí” (Abraham 3:27). Él no pidió nada, solo quería hacer la voluntad de nuestro Padre (véase Moisés 4:2).

Luego vino Lucifer, que también dijo: “Envíame a mí” (véase Moisés 4:1). Sin embargo, Lucifer era egoísta y no estaba dispuesto a sacrificarse por nosotros. Deseaba la honra, el poder y la gloria de Dios para sí mismo (véase Moisés 4:1). Lucifer deseaba destruir nuestro albedrío. No está claro cómo pensaba hacer esto, pero sí sabemos que, sin el albedrío, nunca podríamos progresar y llegar a ser como nuestro Padre Celestial. Así que, en esencia, Lucifer se rebeló contra el Padre Celestial y rechazó Su plan.

La rebelión de Lucifer provocó una guerra en los cielos, de donde fue “echado abajo”, y “llegó a ser Satanás” (Moisés 4:3–4). La tercera parte de las huestes del cielo lo siguieron (véase Doctrina y Convenios 29:36), pero nosotros ejercimos nuestro albedrío y seguimos a Jesucristo.

La guerra que comenzó en el cielo continúa hoy en día. Satanás y sus seguidores buscan oponerse a nosotros continuamente. Estas son tres maneras de reconocer las tácticas y estrategias de Satanás, evitar sus trampas y elegir a Jesucristo a lo largo de nuestra vida.

1. No dejes que triunfe la amargura

Hace años, en una ocasión traté de persuadir a mis amigos de la escuela para que no hicieran su tarea porque yo no había hecho la mía. Estaba haciendo algo incorrecto, pero pensé que si todos nos metíamos en problemas, de alguna manera me sentiría mejor conmigo mismo. Mi mal comportamiento me recuerda a la actitud de Satanás hacia nosotros. Debido a que es miserable, quiere arruinar nuestro potencial de obtener la vida eterna.

Satanás está tan distorsionado por su amargura que, aun sabiendo que al final fracasará, intenta desesperadamente “esparci[r] las obras de tinieblas” (Helamán 6:28) para dañar a tantos de nosotros como pueda.

La amargura de Satanás no es el plan que elegimos. Podemos utilizar nuestro albedrío para continuar siguiendo a Jesucristo y rechazando las tentaciones amargas, baratas y autolimitantes de Satanás. El Salvador dio Su vida para que podamos convertirnos en lo que Él sabe que podemos llegar a ser y probar la dulzura de la vida eterna.

2. No cedas ante el temor

A veces me pregunto por qué la tercera parte de los hijos espirituales de Dios eligió rechazar Su plan. Satanás sabe que tanto el temor como la duda son maneras eficaces de disminuir la fe. Él podría tentarnos a dudar de nuestro valor o convencernos de que en realidad no podemos llegar a ser limpios mediante la Expiación de Jesucristo. Puede que intente hacernos ceder ante el temor para que no nos arrepintamos ni sigamos el plan de Dios.

Cuando afrontamos pruebas y dificultades, podemos elegir confiar en el plan de Dios y en Jesucristo. Él ha sobrellevado todas las cosas para poder ser nuestra fortaleza cuando enfrentemos el temor y, por medio de Él, podemos finalmente vencerlo.

3. Acepta todo lo que el Salvador te ofrece

Todo lo que el Padre Celestial y Jesucristo desean es ennoblecernos y brindarnos Su poder habilitador. ¿Quién más nos dice que quiere ayudarnos a ser lo mejor que podamos y darnos todo lo que tiene sin ninguna reserva? ¡Todo lo que el Padre tiene puede ser nuestro! Solo por medio de Jesucristo se nos ofrece eso.

Cuando pienso en la abnegación y el poder redentor del Salvador, quiero seguirlo. Jesucristo es el paladín perfecto del plan perfecto. Si lo escogemos, Él nos ayuda a vencer al adversario, seguir el plan del Padre Celestial y alcanzar nuestro destino divino.