Solo en formato digital: Respuestas de un Apóstol
¿Cómo puedo llegar a ser la mejor versión de mí mismo y vivir mi mejor vida?
Lo que es más importante desde el punto de vista espiritual no cambia: nuestra identidad espiritual, nuestra pertenencia al convenio y la forma en que utilizamos nuestro albedrío.
Tomado de un discurso pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young el 11 de febrero de 2023.
A lo largo de los años, me han intrigado las conexiones que transforman nuestro mundo físico. Para cada uno de nosotros, la conexión y la transformación son también fundamentales para nuestra propia mejor historia. Pertenecer al convenio nos conecta con nuestras relaciones más transformadoras, que incluyen la conexión con Dios, con los demás y con la mejor versión de nosotros mismos.
Las conexiones físicas o digitales pueden transformar nuestro entorno externo.
Sin embargo, sin importar lo mucho que cambie nuestro entorno físico externo, lo que más importa desde el punto de vista espiritual no cambia. De todas las muchas cosas que compiten por nuestra atención, lo que en última instancia más importa no cambia: quiénes somos (nuestra identidad espiritual), de quién somos (nuestra pertenencia al convenio) y cómo utilizamos nuestro albedrío dado por Dios para descubrir y llegar a ser nuestra propia mejor historia.
Quiénes somos
Nuestra transformación personal más profunda se produce cuando nuestro espíritu y nuestro cuerpo se unen, incluso en la resurrección, para convertirse en nuestra alma inmortal. Como enseña Doctrina y Convenios: “Porque el hombre es espíritu. Los elementos son eternos; y espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo”.
La transformación espiritual que más deseamos se produce cuando nacemos espiritualmente de nuevo en Jesucristo: en nuestras acciones, en nuestras actitudes y en nuestro ser.
Se espera de nosotros que conectemos y seamos transformados gracias a nuestras relaciones familiares.
Ninguna generación está mejor preparada que la suya para contribuir y marcar la diferencia en la unión de la familia de Dios, la familia de toda la humanidad.
Siempre, cada persona es importante.
Por supuesto, cada uno de ustedes es único. Tenemos múltiples fuentes —nuestros nombres, tradiciones e incluso comida— que contribuyen a nuestra personalidad. Sin embargo, como enseñó el presidente Russell M. Nelson hermosamente, nuestra identidad espiritual perdurable viene cuando nos vemos a nosotros mismos como “hijos de Dios, hijos del convenio y discípulos de Jesucristo”.
De quién somos
Comprendemos quiénes somos cuando entendemos de quién somos.
Gran parte de la contención y la violencia, la desigualdad, la inequidad y la injusticia de este mundo provienen de que no entendemos y no nos tratamos unos a otros como hermanos y hermanas de nuestro Padre Celestial.
Nuestra propia mejor historia llega cuando elegimos pertenecer al convenio: pertenecer por convenio a Dios y los unos a los otros.
Toda filosofía del tipo “me elijo a mí” creada por el hombre se queda corta en comparación con la promesa infinitamente grandiosa y gloriosa de que podemos aprender a bendecir a quienes nos rodean como lo haría nuestro Salvador y de que podemos recibir todo lo que Dios, nuestro Padre Eterno, tiene.
Nuestra propia mejor historia va mucho más alla del limitado interés por lo propio y la comprensión que está cegada por la mortalidad. Abarca nuestro legado de fe, nuestra confianza en que Dios sabe quiénes somos y en que se preocupa por nosotros en los asuntos grandes y pequeños. Por supuesto, ninguno de nosotros es perfecto. Todos cometemos errores y a veces nos alejamos de Él, pero Su luz siempre está encendida. Por favor, reformulen cualquier sentimiento de superioridad o culpa que los esté separando de Dios o de Su Iglesia restaurada para convertirlo en una invitación a venir y experimentar de nuevo el amor de Jesucristo.
Dios siempre se preocupa por nuestra trayectoria. Humildemente hacemos lo mejor que podemos, sabiendo que la perfección está en Jesucristo. Al confiar en Dios, salimos de la rutina perfeccionista de este mundo y de su canto de sirena de que somos inadecuados y nunca lo suficientemente buenos. Al confiar en Dios, hallamos paz, esperanza y un camino a seguir. Lo que hacemos tiene consecuencias, a Dios sí le importa lo que hacemos.
Dios, nuestro Padre, y nuestro Salvador Jesucristo, saben siempre lo que es mejor para nosotros y lo tienen presente. Al recorrer el sendero de la vida, a menudo encontramos a lo largo del camino cosas que necesitamos, lo cual es evidencia de que Alguien que nos ama sabía que vendríamos.
A veces queremos que Dios nos diga más; a veces queremos que nos diga menos. Sin embargo, por lo general, por medio del Espíritu Santo, Él manifiesta Su amor eterno y omnisciente mediante lo que nos da, y cuándo nos da lo que sabe que nos bendecirá más.
Cómo utilizamos el albedrío que Dios nos ha dado
Se producen conexiones y transformaciones poderosas que cambian nuestra vida cuando ponemos en práctica los requisitos previos fundamentales para el aprendizaje que se encuentran en la Casa del Señor.
Descubran la pureza de corazón, la claridad de propósito, la humildad y la sabia persistencia que se encuentra en el esfuerzo productivo y priorizado. Estas nos enseñan de una manera mejor que la práctica de aislar lo que pensamos y hacemos el domingo de lo que pensamos y hacemos de lunes a sábado.
En todo lo que hacemos, ponemos a Jesucristo en primer lugar. En cuanto a prioridades, ponemos a Jesucristo en primer lugar de entre todas las cosas que hacemos. En cuanto a enfoque, ponemos a Jesucristo en primer lugar en cada cosa que hacemos.
En los días venideros, el Señor contará con ustedes para que hablen de Su verdad con bondad y para que, con fe y humildad, hablen con el poder de Su verdad.
La caridad perdura para siempre
Las cosas externas cambian pero la caridad, el amor puro de Cristo, permanece para siempre.
Que podamos, hermanos y hermanas, “pedi[r] al Padre con toda la energía de [n]uestros corazones, que sea[mos] llenos de este amor [el ‘amor puro de Cristo’] que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo”. Esta caridad llega cuando sabemos quiénes somos y de quién somos y conforme descubrimos y nos convertimos en nuestra propia mejor historia.
Doy testimonio de que las verdades eternas del Libro de Mormón, los convenios exaltadores de la Casa del Señor, los testimonios de los profetas y apóstoles y, especialmente, el don supremo del Espíritu Santo nos transforman y conectan a Jesucristo a medida que ustedes escriben su mejor historia.