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Unutea J.
Quince años, Tahití, Polinesia Francesa
Fotografía por Stephane Sayeb
Era por la tarde y lo recuerdo como si fuera ayer. Mi madre me pidió que me sentara y escuchara, porque tenía algo que preguntarme. Acababa de recibir un correo electrónico en el que se me pedía que diera un discurso en una conferencia de estaca. Cuando me dijo esto, me puse nerviosa: No me gusta hablar enfrente de muchas personas. La miré con los ojos muy abiertos.
Ella me dio tiempo para pensar en ello y preguntar al Señor. También me dijo que era una excelente manera de invitar a mi papá, que no es miembro, a asistir a nuestra conferencia de estaca por primera vez. Así que pensé en ello, y mi mamá y yo oramos juntas.
Acepté hablar en la conferencia. Después de eso, ayunamos y oramos mucho como familia para que el Espíritu pudiera inspirarme, y para que mi discurso pudiera tener un impacto en la vida de las personas, especialmente en la de mi papá.
Sé que mi padre sintió algo ese día. Cuando di mi discurso, lo miré directamente a los ojos para que pudiera ver que mis palabras y mi fe en Dios, por grandes o pequeñas que fueran, son reales.
Sé que el Salvador me ama porque siempre ha estado a mi lado, especialmente durante esta prueba; e incluso cuando tengo dudas, sé que Él siempre estará a mi lado. No importa en qué situación me encuentre; todo lo que tengo que hacer es acudir a Él con un corazón sincero.