2025
¿Cómo puedo recibir la ayuda de Dios en mi vida?
Para la Fortaleza de la Juventud, octubre de 2025


Solo para la versión digital: Respuestas de un Apóstol

¿Cómo puedo recibir la ayuda de Dios en mi vida?

¿Por qué necesitamos la ayuda de Dios? ¿Ayuda Él aún a Sus hijos? ¿Cómo pueden ustedes recibir Su ayuda?

Tomado de un discurso pronunciado en un devocional para jóvenes adultos de las Áreas Pacífico y Asia el 9 de enero de 2022.

un hombre orando

Permítanme hacerles tres preguntas relacionadas:

  1. ¿Por qué necesitamos la ayuda de Dios?

  2. ¿Ayuda Dios aún a Sus hijos?

  3. ¿Cómo podemos tener acceso a la fuente del poder divino de Dios?

1. ¿Por qué necesitamos la ayuda de Dios?

Todos nos hemos sentido perdidos o desamparados en algún momento. Experimentamos pérdida, temor, soledad y dolor; buscamos respuestas a preguntas importantes; reflexionamos sobre el significado de nuestra existencia y nos debatimos sobre cómo llevar una vida significativa y valiosa.

Para estas cosas, necesitamos la ayuda de Dios.

También hay momentos en los que sentimos que las cargas sobre nosotros son demasiado pesadas para llevarlas solos, momentos en los que afrontamos obstáculos que parecen tan grandes que no vemos la manera de superarlos.

Para estas cosas, necesitamos la ayuda de Dios.

Hoy les ofrezco un mensaje de seguridad y esperanza.

¡Dios vive! ¡Él es real! ¡Él es nuestro Padre! ¡Él está allí! Él responde las oraciones de Sus hijos. Dios responde las de ustedes y las mías.

El Padre Celestial ha enviado a Su Hijo, nuestro Salvador y Redentor, para prepararnos el camino. Él tiene las respuestas y está disponible para nosotros.

2. ¿Ayuda Dios aún a Sus hijos?

¡La respuesta corta es un sí rotundo!

¿Cómo lo sé? ¡Lo he visto! Dios ayuda a los que se acercan a Él con fe e intención pura.

Crean, y lo sabrán. Esto puede parecer simplista, pero es cierto.

Si dicen: “Quiero creer, pero no tengo fe”, entonces tengan esperanza: la esperanza de que Dios los conoce, de que los ama, de que los guiará e inspirará.

¿Cuánto nos ama Él?

Su misión, declarada por Él mismo —Su razón y propósito de ser, “[Su] obra y [Su] gloria” (Moisés 1:39)— se centra en hacer posible que vivamos con Él por las eternidades y lleguemos a ser herederos de Su grandeza y gloria.

Las bendiciones del cielo no dependen de su lugar en el mundo. Dios no se fija en su estatura, su peso, su salud ni sus riquezas. A Él no le importa ni un ápice dónde vivan, si su ropa es de última moda ni el número de seguidores que tengan en Instagram.

A Dios no le importa nada de eso.

Él mira su corazón y está al tanto de los deseos de su corazón.

Dios los ama. ¡Sí, a ustedes!

Él escucha sus oraciones fervientes y conoce su fe, valor y bondad. Él conoce sus esperanzas, preguntas y deseos.

Se ha regocijado con ustedes por las muchas ocasiones en las que se han resistido al mal. Se ha sentido complacido con sus muchos esfuerzos por hacer el bien.

Él desea que regresen a Él. Los ha sostenido y refinado y continuará haciéndolo. Él guiará sus pasos y llenará su alma de luz.

3. ¿Cómo pueden recibir la ayuda de Dios?

Nuestro Padre Celestial valora tanto nuestra capacidad de tomar nuestras propias decisiones que Él no impondrá Su voluntad sobre nosotros.

El Padre Celestial concede a Sus hijos la libertad de escoger, aun cuando eso pueda significar que lo rechacen. El principio de elegir el rumbo de nuestra propia vida es fundamental en el Plan de Salvación.

Cuando tomamos decisiones que quebrantan el consejo de Dios, nos distanciamos de la influencia refinadora del Espíritu Santo. Quienes endurecen su corazón a Dios cierran la puerta a la luz que proviene del cielo.

Entonces, ¿qué podemos hacer para recibir la ayuda de Dios?

Primero: Ánclense firmemente a la roca de Jesucristo.

Permanezcan firmes como discípulos de Cristo.

Amen a Dios y demuéstrenlo al guardar Sus mandamientos.

Amen al prójimo y demuéstrenlo sirviendo y trabajando junto a otros miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Inviten a todos a venir y ver en qué consisten Su Iglesia y Su Evangelio. Invítenlos a venir y ayudar a hacer de este mundo un lugar mejor. Ámense y fortalézcanse unos a otros. Invítenlos a venir y pertenecer a esta gran obra con apóstoles y profetas vivientes y guiados por Jesucristo.

Emulen Su ejemplo, anden en Sus sendas y tomen Su nombre sobre ustedes.

Abracen el aprendizaje y la enseñanza del Evangelio.

Hagan que los valores del Evangelio sean parte de su vida diaria.

¡Esfuércense por llegar a estar y permanecer firmemente anclados en la roca de Jesucristo!

Segundo: Sepan que se los necesita.

No se sientan abrumados porque son solo una persona y el número de sus compañeros miembros pueda ser pequeño. Recuerden, José Smith fue solo una persona. La Iglesia restaurada comenzó al principio con un pequeño número de santos valientes.

Estén unidos en esta gran obra; apóyense unos a otros. Amen, compartan e inviten a quienes los rodean. Invítenlos a venir y ver, venir y ayudar, y venir y pertenecer. Si siguen este modelo, crecerán en fortaleza espiritual, en salud emocional y aumentarán en número.

Tercero: Confíen en que Dios los guiará.

Abran su corazón a los susurros del Espíritu.

Procuren refinar su corazón y su mente al caminar por el sendero del discipulado, honrando sus convenios sagrados.

Conéctense con el cielo mediante el poder del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la fuente del testimonio y la revelación personales. Él los guiará en sus decisiones y los protegerá del peligro físico y espiritual.

Su trayecto valiente y deliberado como discípulos de Jesucristo traerá grandes cosas a su vida y bendecirá a sus familias, comunidades y pueblos.

Al clamar: “Padre Celestial, ¡necesito ayuda!”, Dios los escuchará y los bendecirá, porque Él siempre está dispuesto a extenderles Su ayuda a ustedes, Sus hijos.