2025
Voces de los jóvenes
Para la Fortaleza de la Juventud, octubre de 2025


Solo para la versión digital: Voces de los jóvenes

Dios me ayudó a arreglar mi amistad

un joven

Cuando era niño, no tuve muchas interacciones buenas con las chicas. Siempre pensé que representaban lo “opuesto”. Cuando me mudé, tuve dificultades para adaptarme porque en mi nuevo barrio había más mujeres jóvenes que en el anterior. No sabía cómo hablar con ellas.

Aun así, una chica del barrio fue una de las primeras personas en darme la bienvenida y terminamos haciéndonos buenos amigos. Un día, le hice un regalo, pero no sabía si le gustaría. Ella malinterpretó el regalo y pensó que yo tenía un interés romántico en ella. Como resultado, no nos hablamos durante seis meses.

Fue difícil porque realmente quería ser su amigo; tenía miedo de disculparme de forma incorrecta y posiblemente empeorar las cosas, pero echaba de menos su amistad y me sentía muy mal por haberla hecho sentir mal. Antes de eso, orar siempre me había parecido un poco tedioso, pero comencé a orar constantemente al Señor para pedir ayuda.

Un día, mientras leía las Escrituras, me encontré con Mosíah 18:9, que dice que debemos “consolar a los que necesitan de consuelo”. Me di cuenta de que no solo tenía que disculparme, sino también tratar de consolarla y mostrar más interés en nuestra amistad. Hacer las cosas a mi manera no estaba funcionando; necesitaba más compasión y humildad.

El Señor proporcionó el momento adecuado para que me disculpara. Un día, fui con mi madre a llevar a mis hermanos a una actividad de la Primaria de estaca y encontré a mi amiga allí con su familia. Le pedí al Señor que me ayudara e inspirara para poder hablar con ella y me disculpé.

Hoy somos grandes amigos. Bromeamos mucho, establecemos metas juntos y nos consideramos como hermanos. Que alguien te agrade no siempre significa estar enamorado de esa persona; a veces, simplemente aprecias sus buenas cualidades y disfrutas de su compañía.

Sé que el Señor me ayudó, porque si hubiera dependido de mí, no habría tenido éxito. Podría haber hablado de otra manera o exagerado mis disculpas, y no habría funcionado. No podía hacerlo bien por mí mismo.

Por eso debía pedirle ayuda a Dios. Muchas veces, no pido ayuda y trato de hacer todo por mi cuenta, pero no estamos solos, ¿verdad? Siempre tenemos a Dios a nuestro lado.

Dios me bendice, no siempre con lo que quiero, pero siempre con lo que necesito. Durante los seis meses que mi amiga y yo estuvimos sin hablarnos, tuve que aprender a recibir revelación personal y a escuchar al Espíritu Santo. Ahora me resulta fácil orar, porque disfruto conversar con mi Padre Celestial.

João N., 14 años, Paraná, Brasil

Le gusta cocinar, dibujar y jugar al fútbol.