2025
Tesoros escondidos
Para la Fortaleza de la Juventud, octubre de 2025


Ven, sígueme

Doctrina y Convenios 111; 117; 124

Tesoros escondidos

El Salvador puede aceptar incluso nuestros esfuerzos imperfectos.

Bautizando en un río

Dios nos honra cuando hacemos todo lo posible por seguirlo

Doctrina y Convenios 111

En 1836, a fin de ayudar a la Iglesia a pagar sus deudas, el profeta José Smith y algunos compañeros fueron a Massachusetts a buscar lo que se decía que era un dinero escondido que nadie había reclamado.

Sin embargo, resultó que ese dinero no existía. Es posible que esos fieles hermanos se sintieran un poco avergonzados, pero el Salvador los tranquilizó: “Yo, el Señor vuestro Dios, no estoy disgustado con vuestro viaje hasta acá, no obstante vuestras imprudencias” (Doctrina y Convenios 111:1).

Dio la casualidad de que sí había un “tesoro” en la zona: unos posibles conversos que estaban listos para escuchar el Evangelio restaurado (véase Doctrina y Convenios 111:2–3). José y sus compañeros enseñaron y bautizaron a varios conversos, así que resultó que no fue un viaje en vano. De hecho, lo que terminaron logrando fue probablemente más importante que encontrar dinero.

Doctrina y Convenios 117

Oliver Granger era un fiel miembro de la Iglesia que recibió la difícil asignación de quedarse en Kirtland, Ohio, para poner en orden las finanzas de la Iglesia después de que la mayoría de los santos se hubieran marchado a Misuri.

Esto significaba negociar con algunas de las mismas personas que habían expulsado a los santos. Como era de esperar, el hermano Granger no pudo cobrar mucho de lo que se les debía a los santos.

Sin embargo, el Señor había ayudado al hermano Granger a prepararse para la decepción cuando le dio la asignación. Le dijo a José Smith: “Cuando [Oliver Granger] caiga, se levantará nuevamente, porque su sacrificio será más sagrado para mí que su ganancia” (Doctrina y Convenios 117:13; cursiva agregada).

Piensa en las cosas que el Señor nos pide. Él quiere que seamos pacificadores, que ayudemos al pobre y al necesitado, y que difundamos el bien. Hacemos todo lo que podemos, pero en la mente también sabemos que no siempre tendremos el éxito completo. La guerra, la pobreza y el pecado pueden continuar hasta la Segunda Venida.

Pero podemos hacer todo lo posible para librar al mundo (y especialmente a nuestra propia vida) de estas cosas.

José Smith señalando la futura ubicación del Templo de Nauvoo

Aunque los santos no pudieron edificar un templo en Misuri, con el tiempo sí construyeron uno en Nauvoo, Illinois.

Doctrina y Convenios 124

A pesar de sus mejores esfuerzos, los santos no habían podido construir un templo en el condado de Jackson, Misuri. La persecución y la violencia a las que se enfrentaban eran demasiado implacables.

Imagina su alivio cuando el Salvador le dijo al profeta José Smith:

“Cuando doy un mandamiento a cualquiera de los hijos de los hombres de hacer una obra en mi nombre, y estos, con todas sus fuerzas y con todo lo que tienen, procuran hacer dicha obra, sin que cese su diligencia, y sus enemigos vienen sobre ellos y les impiden la ejecución de ella, he aquí, me conviene no exigirla más a esos hijos de los hombres, sino aceptar sus ofrendas” (Doctrina y Convenios 124:49).

Si haces todo lo posible por cumplir con una asignación, pero tus “enemigos” te lo impiden —y eso puede incluir enemigos como enfermedades, depresión, pandemias mundiales y otras circunstancias fuera de tu control— está bien. Sea lo que sea que hayas podido hacer, el Señor lo aceptará.