Publicación semanal para jóvenes adultos
Cuando sientas que no eres bueno en nada, recuerda tu capacidad para servir
Liahona de marzo de 2026


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Cuando sientas que no eres bueno en nada, recuerda tu capacidad para servir

Saber que puedo servir a los demás me da el tipo de confianza que me faltó durante la mayor parte de mi vida.

una ilustración de un joven con burbujas de pensamiento en diferentes idiomas

Solía sentir que no era bueno en nada.

Antes de servir en la misión, ese pensamiento permanecía constantemente en lo profundo de mi mente. Siempre he sido bajito y nunca particularmente bueno en los deportes o en los estudios. Sentía que todos los demás tenían muchas más capacidades que yo. Incluso cuando las personas eran amables y decían: “Tú también tienes talentos”, yo simplemente descartaba sus palabras como halagos.

Me sentía inferior y no era capaz de gustarme realmente como yo era. Pero esos sentimientos cambiaron un tiempo después.

Aprender que soy capaz

Serví en una misión en Sídney, Australia, e ir allí desde Japón, siendo que no podía hablar inglés, fue muy difícil. No entendía lo que decían los demás y apenas podía expresar lo que quería compartir. Durante mucho tiempo, le pregunté a Dios: “¿Por qué se me llamó a servir en un país tan diferente al mío?”.

Pero gracias a las palabras de aliento de mi presidente de misión y mis compañeros, lentamente empecé a entender el inglés. Poco a poco, pude tener conversaciones con aquellos a quienes enseñaba. ¡Era un milagro! Pero también empecé a tener una sensación de confianza, un sentimiento silencioso, pero poderoso, de satisfacción de que era capaz y de que estaba haciendo algo significativo por otra persona.

No era fácil, pero sentí un profundo gozo al saber que el Señor confiaba en mis habilidades y obraba por medio de mí. Eso me fortaleció más que cualquier otra cosa que hubiera sentido antes.

Confianza en el servicio

Al regresar a casa, estaba preparando una lección para enseñar en el cuórum de élderes y encontré un discurso inspirador que no había sido traducido al japonés. Sentí fuertemente que quería compartir ese mensaje con la clase. Así que lo traduje del inglés y lo compartí durante la lección. Muchos de los hermanos se sintieron conmovidos por el mensaje y agradecidos de que yo hubiera podido traducirlo para ellos.

Esa experiencia me enseñó una vez más que el servicio no tiene por qué ser complicado. Con el tiempo, después de traducir más discursos, comencé a ofrecerme como voluntario para traducir discursos de devocionales que se daban a los jóvenes adultos. Esto me llevó a conseguir un trabajo como traductor oficial. Era autodidacta, pero gracias al servicio había perfeccionado mis habilidades y pude bendecir a otras personas por medio de lo que había aprendido.

El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo una vez:

“A veces, nuestra vida es como el arte neoimpresionista. En ocasiones, los puntos de colores que componen los momentos y acontecimientos de nuestros días pueden parecer desconectados y caóticos; no podemos ver ningún orden en ellos; no podemos imaginar que tengan algún propósito.

“Sin embargo, cuando damos un paso atrás y adquirimos una perspectiva eterna, cuando miramos nuestra vida en el marco del Evangelio de Jesucristo, podemos comenzar a ver cómo los distintos puntos de nuestra vida están interconectados. Puede que aún no podamos ver toda la imagen, pero con paciencia podemos ver lo suficiente como para confiar en que hay un diseño hermoso y grandioso”.

Cuando me llamaron a servir en Australia, sentía que mi vida era un montón de puntos que no entendía. Pero al mirar atrás ahora, veo que todas esas oportunidades de servir y aprender inglés fueron parte del plan del Padre Celestial para bendecirme y mostrarme que soy verdaderamente capaz, que tengo talentos y que puedo tener confianza en quién soy como discípulo de Cristo y como hijo de Dios.

Él confía en mí para servir a los demás, y ese servicio me ha llenado de caridad —el amor puro de Cristo— por quienes me rodean.

Dispuesto a compartir Su amor

Cuando nos sentimos inferiores a los demás, todo lo que tenemos que recordar es nuestra capacidad de compartir bondad con el mundo, de maneras grandes y pequeñas. El servir no siempre es fácil. Las cosas no siempre salen como esperamos, pero todos somos capaces de compartir luz, y nuestro servicio puede ayudarnos a nosotros y a los demás a prepararnos para encontrarnos con el Salvador.

Así como el élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“[Dios] espera que utilicemos nuestros dones, talentos y habilidades para bendecir la vida de los hijos del Padre Celestial […].

“Busquen la guía de Dios para desarrollar sus habilidades únicas y ayudar a los demás, incluso cuando no sea fácil […]. Al hacerlo, ayudan al mundo a prepararse para la Segunda Venida de Jesucristo y serán bendecidos con suficiente esperanza para entrar en el reposo y el gozo del Señor, ahora y en el futuro”.

Creo que servir a los demás y mostrar amor cristiano es cumplir directamente el propósito mismo por el que vinimos a la tierra y, mediante esto, podemos ayudarnos unos a otros a regresar a casa con Él.

Cuando dudo de mí mismo, el servicio es lo que puedo ofrecer. Es la llave que abre la puerta a tantas bendiciones en mi vida, incluso el tener confianza en mi identidad divina y ante el Señor.