Publicación semanal para jóvenes adultos
Tres preguntas que tenía sobre la Iglesia como conversa (y cómo mi identidad divina me ayudó a responderlas)
Liahona de marzo de 2026


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Tres preguntas que tenía sobre la Iglesia como conversa (y cómo mi identidad divina me ayudó a responderlas)

La autora vive en Toronto, Ontario, Canadá.

Tener preguntas no es solo algo que experimentan los nuevos conversos, es parte de cómo edifico mi testimonio a lo largo de mi vida.

una joven mirando hacia un estanque

Obtener mi testimonio fue como armar un rompecabezas.

La primera vez que me fijé en una amiga en la escuela secundaria que no bebía alcohol ni fumaba y aprendí acerca de la Palabra de Sabiduría, encontré una pieza del rompecabezas. Junté más piezas cuando leí el Libro de Mormón, aprendí sobre José Smith y acepté que necesitaba un Salvador.

Pero al mismo tiempo, cuantas más piezas encontraba, más me daba cuenta de cuántas me faltaban. Encontraba respuestas a mis preguntas, pero esas respuestas a menudo conllevaban más preguntas. Algunas de esas preguntas eran sencillas y los misioneros las podían contestar, pero otras requerían mucho tiempo y estudio.

Todavía tengo preguntas. Creo que siempre las tendré. Pero he descubierto un fundamento que me afianza a medida que fortalezco mi testimonio y sigo aprendiendo con una perspectiva de fe:

Mi identidad divina.

Estas son tres preguntas que tenía sobre el Evangelio y que mi identidad divina me ayudó a responder:

1. ¿Cómo puedo dejar atrás mis pecados del pasado?

Cuando estaba aprendiendo acerca de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, me preguntaba cómo dejar atrás mi pasado. A medida que aprendía más acerca de las normas del Evangelio, comencé a entender que la forma en que había estado viviendo antes no estaba en armonía con las enseñanzas de Jesucristo.

Sin embargo, al aprender sobre el amor de Dios por mí, Su hija, sentí que podía dejar de preocuparme por pecados pasados. Aprendemos en Isaías 1:18 que “aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos”.

Me encantó aprender que, gracias a mi Salvador, ya no tenía que aferrarme más a mis pecados. Podía arrepentirme, volverme a Él y dejar esa carga. Y esa era la verdad más tranquilizadora e impresionante que jamás había escuchado.

2. ¿Cuál es mi función en el recogimiento de Israel?

Antes de mudarnos a Canadá, mi familia provenía de Macedonia. Regresé a Macedonia para vivir con mi papá durante un año y medio después de bautizarme. Antes de mudarme, no entendía completamente lo que era el recogimiento de Israel ni lo que significaba que mi bendición patriarcal explicara mi linaje en la casa de Israel.

Pero cuando empecé a asistir a la iglesia en Macedonia y conocí a las personas de allí, recibí repetidamente la impresión de que Dios conocía y amaba a esas personas. Ese pequeño país, donde los miembros de la Iglesia eran pocos y vivían distantes entre sí, era sumamente importante para Él.

Comencé a obtener un testimonio de las palabras del presidente Russell M. Nelson (1924–2025): “La red del Evangelio para recoger al Israel esparcido es amplia. Hay lugar para cada persona que acoja plenamente el Evangelio de Jesucristo”.

Y después de que una amiga mía de Macedonia se bautizó, comprendí el gozo increíblemente dulce que proviene de compartir el Evangelio y recoger a Israel. Sentí que todo encajaba cuando empecé a ver mi linaje en la casa de Israel como una identidad hermosa y maravillosa que me ayudaría a seguir compartiendo el Evangelio.

3. ¿Qué pasa si sigo teniendo preguntas?

He encontrado respuestas a muchas de mis preguntas, pero no a todas.

Hace poco, mientras estaba en el templo pensando en mi vida, no pude evitar que me viniera a la mente un pensamiento doloroso: “De verdad desearía que mi mamá estuviera aquí conmigo”.

Tengo muchas preguntas sobre el hecho de ser la única miembro de la Iglesia en mi familia. Estar sellada a mi familia es uno de los anhelos más profundos de mi corazón, y no sé si sucederá en esta vida, o si encontraré todas las respuestas a mis preguntas.

Pero sí sé que soy una hija del Padre Celestial que tiene una conexión divina con Él. El presidente Nelson enseñó que “todos los que han hecho convenio con Dios tienen acceso a un tipo especial de amor y misericordia”.

A medida que continúo encontrando nuevas piezas del rompecabezas de mi testimonio, me consuela el conocimiento de que, ser una hija de Dios y tener preguntas, no son mutuamente excluyentes. Las preguntas son necesarias para mi crecimiento como discípula de Cristo. Y sé que tener preguntas no es solo algo que experimentan los nuevos conversos sino que es parte de cómo edifico mi testimonio a lo largo de mi vida.

A medida que vamos resolviendo nuestras preguntas difíciles, podemos confiar en un Salvador que conoce las preguntas sinceras de nuestro corazón. Debido a nuestra herencia divina, tenemos acceso a Él y al Padre Celestial y a la fortaleza de Ellos.