Poner en práctica las lecciones del Antiguo Testamento en tu vida
Dos relatos de Éxodo que muestran cómo Dios puede ayudarte a superar obstáculos imposibles
Nunca lo olvides: estás en manos de un Dios de milagros.
Cuando recibí la impresión de servir en una misión, no creía que pudiera hacerlo. Siempre había sido muy tímida y no sabía cómo podía pasar 18 meses entablando conversaciones con desconocidos.
Esa ansiedad solo aumentó cuando se me llamó a servir en un idioma diferente.
Pero sí serví y, al mirar atrás, veo que nunca estuve sola. Había sido llamada por el Padre Celestial y Él estuvo conmigo en cada paso del camino.
El presidente Thomas S. Monson (1927–2018) enseñó repetidas veces: “Cuando estamos al servicio del Señor, tenemos derecho de recibir Su ayuda. Recuerden que a quien el Señor llama, el Señor prepara y capacita”. Dios ha demostrado la veracidad de ese principio una y otra vez.
A medida que enfrentas desafíos e incluso oportunidades buenas, pero aterradoras, Él también puede prepararte y capacitarte, pero si aún dudas de ti mismo o de tus habilidades (como todos lo hacemos a veces), dos relatos del libro de Éxodo muestran cómo Él puede ayudarte a superar obstáculos imposibles.
Dios cuida de Su pueblo
En Éxodo 1 leemos acerca de dos parteras hebreas, Sifra y Fúa, que se encuentran en una situación peligrosa. Su deber era mantener a las mujeres hebreas y a sus bebés sanos y salvos. La orden de Faraón de matar a todos los bebés hebreos varones contradecía directamente sus valores y su fe, pero desobedecer la orden podía costarles la vida.
Sin embargo, Sifra y Fúa “temieron a Dios” (Éxodo 1:17) más que a Faraón y decidieron no seguir la orden. ¿Y sabes qué? “Dios hizo bien a las parteras” (Éxodo 1:20) y las preservó a ellas y a sus familias (véase también el versículo 21).
Este es solo un ejemplo donde Dios cumple la promesa que Él hace en Isaías: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te fortalezco; siempre te ayudaré; siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).
Cuando eliges hacer lo correcto, Dios promete bendecirte y Él nunca rompe una promesa. Es posible que esas bendiciones no lleguen justo cuando las queramos, pero llegarán.
Dios es un Dios de milagros
Cuando Moisés fue llamado a liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto, las probabilidades de lograrlo estaban en su contra. Después de todo, Egipto era una de las naciones más poderosas del mundo en ese momento, y la última vez que Moisés había estado allí, ¡había salido huyendo como fugitivo para salvar su vida!
Él preguntó: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón y saque de Egipto a los hijos de Israel?” (Éxodo 3:11).
Y si solo hubiera sido Moisés quien emprendiera esa misión, entonces sí, probablemente habría fracasado. Pero él no estaba solo. Su llamamiento provino de “un Dios de milagros” (Mormón 9:11) con el poder de convertir una vara en serpiente, transformar ríos en sangre y dividir el Mar Rojo.
La historia de Moisés es solo un ejemplo de cómo “[el Señor] nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7).
La victoria ya está ganada
Si sientes que te enfrentas a tus propios obstáculos imposibles y te preguntas si podrás superarlos, el élder Patrick Kearon, del Cuórum de los Doce Apóstoles, te dice: “La respuesta es sí. Pueden sobrevivir. De hecho, ya han sido rescatados; ya han sido salvados por Aquel que ha sufrido el mismo tormento que ustedes sufren y ha soportado la misma agonía que ustedes soportan. Jesús ha vencido los abusos y maltratos de este mundo para darles el poder, no solo de sobrevivir, sino de que un día, por medio de Él, puedan vencer e incluso conquistar”.
Gracias a Jesucristo, el bien ya ha vencido al mal. Nada puede cambiar el hecho de que Él sufrió y murió por ti, y no hay nada que puedas experimentar que Él no entienda y no sepa cómo sanar (véase Alma 7:11–13).
El recordar las veces que el Padre Celestial ha ayudado a Sus hijos —incluyéndome a mí— fortalece mi fe en que Él me ayudará de nuevo. Eso no significa que desaparecerán todos los desafíos, pero saber que estoy en las manos de un Dios de milagros me da la confianza que necesito para continuar siguiéndolo.
Tú puedes vencer. Puedes tener éxito. Puedes lograr lo que el Padre Celestial te pida. Porque al elegir seguirlo, tienes Su poder —y amor— de tu parte.